Crítica | Free Guy (2021)

Un videojuego para todos

Existe una suerte de maldición anclada a las películas de videojuegos, una que terminó de confirmarse con los pasados 20 años, donde la evidencia abunda. Bajo enorme crecimiento en el siglo XXI, los videojuegos se convirtieron en objetivos habituales del cine estadounidense, que probó suerte con adaptaciones de juegos exitosos. No tomó demasiado para probar que la popularidad detrás de un joystick no se traduce a la pantalla grande. Sí, hubo éxitos, pero salvo una o dos excepciones, lo que obtuvimos fueron películas mediocres, incapaces de captar la magia del videojuego. ¿Será que Hollywood no entiende el atractivo o funcionamiento de los videojuegos? Me atrevería a decir que no lo comprende a la hora de adaptar títulos específicos, pero si nos referimos al videojuego como medio, parecería que tiene un futuro prometedor en el cine. De la mano de películas como Tron, Wreck it Ralph o la más reciente Ready Player One, el videojuego ha logrado ser una espacio de imaginación narrativa y visual para el cine, hecho que se vuelve a comprobar de la mano de Free Guy, película de premisa inteligente que sabe manejar su contacto con los videojuegos, pudiendo balancear el medio para entendidos y para desconocidos.

Free Guy nos coloca dentro de un videojuego desde el punto de vista de un NPC (non playable character o, traducido, personaje no jugable), Guy (Ryan Reynolds), un banquero cuya vida consiste en repetir la misma rutina cada día. Levantarse, ir a trabajar y presenciar como su banco es robado, siempre es lo mismo para Guy, al menos hasta que descubre que hay algo más en este mundo fabricado. A través del protagonista, la película nos propone algo similar a Truman Show, solo que alrededor del funcionamiento de un videojuego, que obviamente representa nuestro mundo. Con o sin videojuego, el interés de Free Guy es transmitir que hay horizontes por descubrir más allá de nuestras rutinas, que debemos aprovechar y agradecer nuestra libertad, una suerte de mensaje que ya hemos visto en películas de loops de tiempo por ejemplo. Aunque su base sea conocida, es imposible ignorar su atractivo al empacar el mensaje mencionado dentro de un videojuego. Sea por lo que ocurre dentro de él o por afuera, las posibilidades parecen infinitas, lo que pone cierta presión sobre la película. Sí, su premisa podría volverse más profunda, pero esta comedia de acción es la mejor en relación al objetivo, pudiendo dejar un mensaje sólido al ritmo de varios chistes memorables, acción frenética y un mundo bastante creíble.

Si hablamos de lógica, Free Guy carece de ella. El funcionamiento de su mundo real y digital olvidan la coherencia para poder presentar su premisa de forma amigable. El mundo donde vive Guy pretende imitar a otros juegos reales, pero el funcionamiento de los mismos se pasa por alto. Si Free Guy siguiera las reglas de un juego online real su argumento terminaría mucho más rápido. La película sacrifica sentido para que la comedia tenga vía libre, y ese es un trato razonable, pudiendo deleitarnos con un mundo basado en clichés de videojuego que resultaran humorísticos para cualquiera. El hecho de que el videojuego haya tenido tanta mala fama en el cine lo coloca como un elemento poco explorado en la pantalla grande, y Free Guy lo aprovecha, divirtiéndose con la naturaleza de los juegos y la de un NPC. Si bien incluye guiños y tiene un medio del que reírse, el film encuentra su propio camino. Para explicarse, el libreto de Matt Liberman y Zak Penn abren un espacio para el mundo real, donde se burlan de las tácticas rastreras de algunos desarrolladores de juegos y se justifica el extraño comportamiento de Guy. Eso último y la perfecta interpretación de Ryan Reynolds, a quien le sienta bien este protagonista crédulo y con corazón de oro, hace que la aventura sea más que una buena idea rodeada de ingeniosas referencias. Es cierto que mientras se discutía el argumento, yo mantenía la mirada en los extras corriendo contra las paredes o saltando sin razón alguna, porque esos detalles mantienen la energía de la propuesta, pero de cara a su tercer acto, sabiendo dividirse entre el mundo real y el digital, la trama demuestra ser más que solo una buena idea. Reynolds le dará brillo al mundo digital, pero por fuera, el resto del elenco hace que prestemos atención, gracias a las interacciones entre Jodie Comer y Joe Keery, y por supuesto, el villano de la pieza, un liberado Taika Waititi como el creador del videojuego en el que vive Guy.

Mientras Ready Player One de Steven Spielberg colocaba a las referencias y el pop culture como parte fundamental de su argumento, Free Guy es más básica en ese aspecto. Los guiños a juegos reales y otras propiedades son un hecho, pero salvo un momento especifico, no se interponen con la historia. La película está liberada de algunas practicas del blockbuster actual. Su naturaleza es perfecta para llenar cada plano con guiños, cameos y más recuerdos de otros productos, y si bien eso está aquí, porque tiene sentido que forme parte de la trama, Free Guy es su propia película y funciona en base a sus propios méritos. Hay un aire de seguridad o de balance que evita las posibilidades más extremas de lo que vemos, sin embargo, desde que entramos en su mundo digital, el humor y descubrimiento se mantienen hasta el final. A través de los ojos optimistas de Guy, quedamos frente a una superproducción enérgica, que juega de cerca con un medio que se hace accesible a cualquiera en base a buen humor y mucho corazón.

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