Crítica | Luca (2021)

Pixar en pequeño

Analizando el cine de Pixar durante una década, me he acostumbrado a anticipar sus formulas. Saber como funciona este prestigioso estudio de animación no lo hace menos creativo o genial, en realidad ayuda para evaluar sus películas, al poder señalar los lugares donde sus herramientas funcionan mejor. Pero si soy sincero, la genuina sorpresa de Pixar fue desapareciendo entre diversas secuelas y una constante calidad. Porque, incluso entre aciertos, las estructuras y trucos pueden verse, y apilados entre sí, dejan a sus mecanismos en evidencia. Por lo tanto, aprecié mucho de Soul, la apuesta del estudio en 2020, que se abría a nuevos horizontes, jugando con una trama familiar pero con otro tono y sensibilidad. Había momentos maduros y una animación especialmente detallada, casi realista; era la prueba de un estudio dispuesto a jugarse algo más en la mesa, a no tener miedo, incluso si el compromiso no era absoluto. Podría decir que Soul trajo a un Pixar diferente, pero quedé más asombrado por su siguiente propuesta: LucaLa misma no es una pieza de infinita creatividad o mundos increíblemente detallados, aquí no hay una madurez novedosa ni otra sorpresa similar, y aun así propone algo muy distinto para Pixar: una película pequeña.

Decir que Luca es una película pequeña suena apresurado, considerando que sigue tratándose de otra producción de Pixar y Disney, probablemente los nombres más grandes en términos de cine animado. Dicho eso, resulta una narración sencilla, de inicio ágil, más parecido a un corto extendido que un largometraje. Se trata de una historia con bellos valores y lecciones, pero dentro de una obra con objetivos simples. Sin ánimos de ofender, creo que Luca podría considerarse una película secundaria para Pixar, no en calidad, ya que el estudio ha ofrecido propuestas infinitamente peores, pero si en ambición o presentación. Si algo es notorio en la filmografía de su estudio es que su animación demuestra una evolución con cada propuesta. Comparada con SoulLuca no parece otro salto hacia adelante, incluso jugando con unos hermosos paisajes italianos. Seguimos hablando de la mejor animación en el género, solo que sin demasiados momentos para deslumbrar o detallar, lo cual resulta extraño. Su condición la condena a un lugar menor comparado con las mejores historias de Pixar, sin embargo, el relato en juego se beneficia de la reducida escala de algunos elementos. Luca puede tener pocos escenarios, puede caminar en línea recta, porque quiere narrar algo tierno y fácil, sin demasiadas distracciones. Sí, aclaré que sus objetivos eran simples, y a la vez debo decir que los mismos se cumplen, consiguen dejar otro mensaje emotivo en el corazón de aquellos que no esperan otra obra maestra por parte de este estudio.

Incluso si la historia es emotiva, el factor más acogedor de Luca es su locación, que nos transporta a la costa italiana. Ahí conocemos a Luca, una joven criatura marina que descubre que tiene forma humana cuando pisa la superficie por primera vez. Su nueva apariencia lo conduce a un viaje de descubrimiento y amistad, en donde las metáforas son claras, interesadas en integración y el sentirse diferente. Hay buenos valores en juego, pero la búsqueda de los mismos se hace más especial a raíz de que Luca descubre lo que es ser humano a través de la cultura de Italia y los incomparables paisajes que dicho país ofrece. Eso atrapa por sí solo y nos hace olvidar al menos desarrollado mundo marino del que proviene Luca. Este resulta otro ejemplo de la escala en juego, considerando lo vividos que suelen sentirse los mundos fabricados por Pixar. Mientras bajo el agua no hay gran cosa, en tierra se vive un homenaje a la cultura italiana que no es tan profundo como la oda a la cultura francesa en Ratatouille o la mexicana en Coco, pero sigue siendo clave en el encanto de la película. Su parte italiana le da calidez al relato, algo esencial para que su historia de verano sea creíble y nos emocione. ¿Hay lagrimas de por medio? No, pero eso no le quita su verdad.

Luca es una propuesta pequeña y eso es notorio colocándola junto a otras obras de Pixar. Pero por sí sola, la respetable aventura considera lo que tiene para narrar y no pierde el tiempo, aprovechando su locación, su puñado de personajes y el entrañable interés en las amistades. Es difícil considerar que algo falta cuando lo que hay entiende como alinearse, pudiendo dibujar dos o tres momentos en que se vive la confiable magia de Pixar. No importa el tamaño de la aventura o el deseo por algo más complejo, el sello de calidad es palpable y con él se llenan los huecos, se traza un camino fácil de transitar con recompensas genuinas. Podría pedirle más a Luca debido a la casa de animación a la que pertenece, porque algo parece faltar, pero mentiría si dijera que no sabe ocultarlo. Luca sale del mar y se esconde a plena vista y, bueno, consigue encajar.

Luca está disponible en Disney+

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