Crítica | Bad Boys Para Siempre (2020)

Suficiente simpleza, demasiada ambición

Decir que la franquicia de Bad Boys estaba muerta sería justo. Con su primera secuela estrenada en 2003 y con más de una década de rumores sobre una tercera parte, la serie protagonizada por Will Smith y Martin Lawrense sonaba más adecuada para un reinicio que para una continuación real. La rumoreada Bad Boys Para Siempre parecía la clase de proyecto imposible en Hollywood, aquel dónde cada año de producción se traduce a un año más cerca de la tumba. Por lo tanto, debía haber una buena razón o material decente para terminar encontrando una tercera Bad Boys en salas. Eso, o nos preparábamos para ver otro estreno catastrófico en el siempre desechado mes de enero. Podríamos decir que todas las posibilidades resultaron correctas, ya que la milagrosa continuación propone lo bueno y malo en un paquete particularmente sencillo para su tiempo de producción. En efecto, la secuela tiene material competente, así como otros momentos fallidos, pero lo más importante es que la primera Bad Boys en más de una década tiene una misión especifica, una intención que, lamentablemente, sabotea un cine de acción perfectamente simple.

Dejando a Michael Bay atrás, Bad Boys Para Siempre introduce la dirección de Bilall Fallah y Adil El Arabi, un duo que olvida las parafernalias y caprichos de Bay sin perder el hambre por lo ridículo. Ya no contamos con cámaras ancladas al cuerpo de las mujeres o explosiones eternas y masivas, hay un aire más controlado que sabe cuando tontear. Si, de cierta manera se extraña el gratuito y exagerado estilo alcanzado por Bad Boys II, pero el autocontrol aquí favorece a la nueva historia. Sin obviar los años pasados, este capítulo ve a los detectives Mike (Will Smith) y Marcus (Martin Lawrence) lidiando con su edad y diferencias. Afrontando edades poco compatibles con los tiroteos, ambos chocan acerca de sus posibles retiros, lo que empuja a Marcus a salir del juego y a Mike a continuar por su cuenta. Pero claro, siendo Bad Boys, el duo vuelve a unirse para otra aventura en poco tiempo, una más personal que de costumbre. Con ese obvio norte, que invoca más acción de la mano de Will Smith y Martin Lawrence, puede que la trama del retiro no tuviera sentido, pero la misma carga con emotivos golpes y correctas actuaciones de los dos protagonistas para que nos llevemos un poco más de contenido luego de las decentes escenas de acción.

El adiós a las formas de Michael Bay tampoco sepultan todo lo que Bad Boys supone. Claro, hay ansias por llevar a la franquicia en una dirección más controlada y llegaré a ellas en breve, pero lo más memorable se asocia con lo que el film repite. Hay algo satisfactorio en ver como un regreso de franquicia opta por la película sencilla en vez de la épica, y dicha facilidad, acompañada de un libreto bastante cómico, es la gran salvadora. Cuando juega seguro, Bad Boys Para Siempre entretiene como debe y asombra en cuanto a la calidad de su material. No esperen secuencias clásicas como aquellas excesivas en la segunda parte, pero el humor y emoción despiertan un interés poco imaginable de cara a una producción tan atrasada.

Si un regreso tiene tantas vueltas y apenas llega a la sencillez es porque hay probabilidades de que algo saliera mal, no obstante aquí hay un plan claro. La nueva entrega luce control al demostrar intenciones narrativamente sencillas y deseos ambiciosos. Debajo del buen material y la química entre Smith y Lawrence, que sigue más que viva, Bad Boys Para Siempre ejerce un claro interés por ir más allá de este retrasado estreno. No, el tercer capítulo no pretende ser el último a medida que la secuela siembra semillas para convertirse en algo más que Bad Boys. El plan podría ser algo bueno, pero la película parece usarlo para cumplir su sueño de formar una suerte de Rápido y Furioso viendo como introduce novedades similares a las de esa franquicia, ya sea por la llegada de nuevos personajes, los momentos melodramáticos o una pésima temática emocional. Una que Rápido y Furioso conoce bien y que tuvo que ganarse. Hablar más al respecto sería arruinar el tercer acto, el cual destapa varias intenciones y prosigue a hacer movimientos que esta película no necesita. Aquella simpleza que eleva su material pierde gran parte de su brillo al analizar todo lo que se asocia con los villanos. Decir que éstos son mediocres no es suficiente, ya que llevan por caminos innecesarios y hambrientos de más continuaciones. Adicionalmente, también presentan uno de los peores despliegues de dialogo en español para una película de Hollywood.

La simpleza de Bad Boys Para Siempre es bienvenida, por lo que su ambición debería retirarse. Una mitad se siente autentica mientras el resto se desespera y toca extremos que no le hacen falta, porque no necesita convertirse en algo que no es. No requiere una desmedida emoción con lagrimas incluidas para luego hacer un par chistes y disparar armas. En sí, esta tercera parte se convierte en todo lo molesto de un cine pensando en el futuro y no en el presente, y por ello debe pagar. El costo es menor gracias al material que funciona, porque los protagonistas mantienen la química y porque quizá se extrañaban este cintas de acción sin pretensiones. Ahora, cuando Bad Boys quiere morder más de lo que tiene, cuando luce pretensiones que van en contra de sí misma, bueno, digamos que no vende esa continuación que tanto desea.

Crítica Audiovisual

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