Crítica | El Caso de Richard Jewell (2019)

Clint Eastwood repite su estrategia patriótica

Terminando la década, se podría decir que Clint Eastwood fue capaz de trazar una costumbre al presentar ocho películas durante los últimos diez años. Su constancia, implacable para un cineasta a punto de cumplir 90, se volvió indudable, y bajo la misma, sin exigirle demasiado, el legendario director materializó una candidata al Oscar, regresó a la actuación y hasta consiguió estrenar dos películas en doce meses, algo que curiosamente resultó en la peor cinta de su carrera y su mejor logro en esta década. Calidades aparte, Eastwood fabricó una perseverancia fascinante que obviamente se relacionó con la cantidad, aunque realmente se solidificó a través de la reiteración. Quizá la clave de casi todos su trabajos recientes, el director de obras como Million Dollar Baby o Unforgiven pasó a refugiarse en el mismo temario, lo que dio lugar a una colección de films tan prometedores como frustrantes, productos que seguían asegurando talento a medida que tocaban las mismas melodías una y otra vez. Aunque lejos de ser condenable en base a su constancia, Eastwood aprovechó la década para dejar una propuesta admirable pero problemática y transparente, el resultado de una misión en diferentes formas con la capacidad de ser fiel hasta el final. El final en cuestión es El Caso de Richard Jewell, el molde perfecto a raíz de otra demostración de talento mezclado junto a todos los deseos, artísticos y temáticos, en la nueva agenda de su director. Lo dije, Eastwood decidió perseguir la constancia en esta década y Richard Jewell se asegura de lucirla con orgullo, quizá preparándola para otros diez años.

Tan empecinado en englobar parte de los trabajos recientes de Eastwood, debería subrayar su temática para que la misma resulte evidente en manos de Richard Jewell. El objetivo de Eastwood reside en celebrar héroes norteamericanos, dispuesto a narrar a favor de hombres comunes de gran valor y su complicada travesía provocada por la naturaleza de sus hazañas. De esa base se desprenden elementos específicos que obviamente destapan los intereses de su cineasta y abren paso a una diferencia entre propuestas. El héroe puede ser un piloto de avión cuestionado tras una milagrosa proeza como en Sully, o un tirador tildado de leyenda por su puntería como en American Sniper, o un grupo de marines salvando vidas en un ataque terrorista como en El Tren de las 15:17 a París, o claro, un guardia de seguridad confiando en sus instintos y siendo el héroe de un atentado para luego convertirse en victima de la prensa en El Caso de Richard Jewell. En efecto, la nueva propuesta de Eastwood retoma la clase de película comentada y decide aspirar fragmentos de cada título para seguir explorando la comprendida posición de su cineasta. El relato de este hombre común, también basado en una historia real, prosigue a visitar la manipulación de la prensa que ya había pasado por Sully y, aunque no llega a usar a los involucrados reales como en El Tren de las 15:17 a París, también apuesta por un desconocido en la piel del protagonista. Hay antecedentes en intención y en tema, por lo que caminamos hacia lugares ya visitados. Lugares de los que no soy el mayor partidario, al menos en la forma en que Eastwood nos conduce.

Más allá de las mismas estrategias, si hay interés en Richard Jewell y éste proviene de la verdadera tensión provocada por la naturaleza del caso y su personaje central. Al menos en primera instancia, Richard Jewell (Paul Walter Hauser), un obsesionado con las fuerzas del orden, es una persona que adquiere aires sospechosos de la mano del argumento incluso después de verlo como héroe del tenso atentado del cual se descuelga todo el film. La secuencia mencionada, que retrata la explosión de una bomba en el Centennial Park de Atlanta en 1996, prosigue a enmarcar a Richard como una figura curiosa capaz de colocar los explosivos de los que él mismo advierte, y en ese hecho se abre la posibilidad de una gran narrativa, una compuesta por los comportamientos de una prensa agresiva y un sistema de justicia desesperado por encontrar culpables, así como el acercamiento a un hombre al que no parecemos conocer por completo. A mitad de camino, esa construcción consigue que éste sea el mejor ejemplo de Eastwood en su colección de héroes estadounidenses, sin embargo, la realidad es que sus intenciones terminan suplantando las dudas a favor de un patriotismo casi barato. A diferencia de los ejemplos en años pasados, existe una narración prometedora aquí, pero la misma acaba saboteada por un orgullo extraño, una ataque cómico a las “fake news” y un mensaje que parece contradecirse.

El patriotismo y el melodramático enfoque sobre la justicia no es algo errado pero se vuelve una molestia como motor de todo el proyecto. Aunque prometedora y entretenida por momentos, El Caso de Richard Jewell luce una transparencia que pronto elimina sus promesas. Hablo de una obra que se reduce a discursos y la instantánea necesidad por aclarar cualquiera de sus dudas con tal de asegurar la división entre malos y buenos. Como dije, no creo que eso sea un error, solo es una obvia forma de operar que elimina cada pieza interesante en juego. Además, según avanzamos, la transparencia se vuelve mayor y el melodrama pasa a coquetear con la clase de escenas que destruyen películas. Aunque la forma de operar evoluciona peor, sembrando pequeñas demostraciones de humor ancladas al héroe que no lo humanizan, sino que apelan a ciertos estereotipos norteamericanos que preocupan mucho más de lo que divierten.

Con media cinta problemática, el elenco es la clave para disfrutar de toda la experiencia. El novato Paul Walter Hauser está obligado a cargar con todo y hace un buena trabajo, pero está claro que el reparto a su alrededor le da una necesaria asistencia. Mirar a Richard Jewell agotaría si la película no tuviera a un Sam Rockwell suelto como su abogado o a una Kathy Bates sobresaliente como su madre. Utilizar a las personas reales en El Tren de las 15:17 a París fue una catastrófica decisión en dicho proyecto, una de muchas, pero Eastwood encuentra un buen balance aquí entre un desconocido correcto y un reparto sólido. Esa clase de resultado demuestra que el director soluciona problemas pasados, por lo que solo termina a merced de aquellos caprichos que no es capaz de superar. Parte del perfil en juego atrapa mientras el resto queda a merced de un Eastwood de intereses claros y un guión de Billy Ray muy transparente. Los dos parecen estar en sintonía por lo que El Caso de Richard Jewell luce con orgullo su agenda, pero no cabe duda que la misma puede ser molesta, por no decir parcialmente cómica y de un patriotismo anclado a un extremo.

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