Crítica | Frozen II (2019)

Más fría que el hielo

En 2013 era claro, pero seis años después, uno puede preguntarse que fue lo que transformó a Frozen, el mayor éxito animado de la década, en una suerte de clásico moderno para Disney. Podemos señalar en diferentes direcciones, y varias obvias, como el hecho de contener la canción más celebrada en su año de estreno, volver a presentar una aventura de princesas o ser el cine ideal para su momento. Pero no hacen falta tantas razones, porque realmente ocurrió lo de siempre. Una idea bien realizada, una historia apasionada y una magia sincera fue lo necesario para transformar a esta aventura animada de turno en un musical de corazón. Lo esencial es que Frozen no fue una anomalía, y lo aclaro debido a su esperada secuela que, producida seis años más tarde, se estrena bajo expectativa y un pasado capaz de convertir a cualquier continuación vaga en decepción. Ahora, incluso con esa excelente predecesora, Frozen II no escapará tan fácil, no podrá decir que era difícil repetir el pasado porque el mismo no responde a suerte, sino a inspiración. Completamente alejada de dicha inspiración, este nuevo musical carece de ideas o cimientos para coquetear con la magia original. Todo lo contrario, bajo sus propios méritos se las ingenia para presentar una travesía de animación bella pero argumentos inexistentes, dónde sus melodías son olvidadas y sus temas resultan débiles a falta de valentía o una trama mejor enfocada. Frozen II es una fría obligación, una que no alcanza el estandar de Disney.

Es sencillo ver las alertas cuando Frozen II opta por comenzar a base de un flashback dentro de otro flashback. La exposición es lanzada sobre el espectador desde el inicio y en el proceso es testigo de detalles muy artificiales y convenientes, unos que ponen a Elsa, Anna, Christoph y Olaf en otra aventura. Una más oscura que la anterior y una que pretende descubrir el origen de los poderes de Elsa, pero también una base que solo piensa en aparentar complejidad. En verdad, es el desorden lo que complica, el entrar en una travesía sin conflicto o villano dónde toda novedad cuelga de un hilo y solo fascina superficialmente. Apuntando a nuevas lecciones para sus dos hermanas protagonistas, Anna y Elsa se preparan para ofrecerle un nuevo aprendizaje al espectador, y eso ocurriría, y salvaría mucho, si la lección no estuviera impuesta sobre personajes que parecen haber retrocedido a necesidad de esta continuación.

Es posible que Frozen 2 tuviera un temática poderosa entre manos, por segundos se escucha, solo necesitaría valentía o claridad para que la misma golpeara como debe. ¿Todo cine animado debe demostrar un poder supremo sobre el espectador? No, pero estos antecedentes exigen que haya canciones, lecciones e impacto. Superficialmente empezaría por la música, pero gran parte de las melodías en la secuela están ligadas a una obligación clara por continuar una película exitosa. No entraré en las necesidades de una continuación, pero incluso obligados, los nuevos capítulos deben ponerle una disfraz a los elementos vistos y los trucos repetidos. Luego de prometer una supuesta seriedad u oscuridad, Frozen II se asegura de que cada movimiento dado sea repetido de alguna manera, llegando a hacer demasiadas referencias a su predecesora. Hay temas de pasado aquí, hay fragmentos que permiten repetir, y tampoco es sorprendente que se intente más de los mismo hablando de un éxito, sin embargo, el poder no proviene de seguir las huellas en la nieve, se trata de encontrar nuevos caminos a base de las estrategias en ese rastro. Regresando a esas referencias a la primera Frozen, podrían decir que es algo necesario en una secuela, ahora, es la única manera en que el film conecta, ya que no avanza temáticamente, no puede controlar su ritmo pausado y hasta se queda sin material entre actos. Bueno, si es que existen actos aquí.

Volviendo adecuadamente al 2013, debo admitir el efecto de ciertas canciones gracias a momentos bien orquestados y el regreso de las confiables voces de Kristen Bell, Jonathan Groff y, por supuesto, Idina Menzel, quien nunca consigue otra “Let It Go” pero sí deja los pulmones en dos melodías que intentan imitar su momento más iconico. Las voces mantienen la solidez, mientras que la animación salta a otro terreno. Con seis años de diferencia, el avance tecnológico queda demostrado a base de varios detalles adicionales para cada personaje y ambiente. Además, no todo es nieve aquí, con nuevos escenarios y diferentes climas, la calidad de la animación puede brillar, aunque es necesario agregar que la misma pierde vida a medida que responde al argumento. Protagonizada por un bosque encantado, la trama termina ofreciendo una serie de ambientes diferentes y al mismo tiempo grises, tan acordes como monótonos al sentir el agotamiento de todo lo que los completa. El lado positivo es que sigue habiendo instantes vivos dónde la animación se luce. No hay más que apreciar una fantástica secuencia que toma lugar en un océano lleno de olas y vientos. Probablemente recuerde más ese mar que la canción que lo sigue.

Aquí es fácil rememorar aquel cine de menor categoría que Disney guardaba para sus continuaciones animadas en VHS y DVD. Porque Frozen II se siente como el equivalente de una secuela en esa categoría, luciendo un material que en algún momento solo hubiera sido digno del mercado en casa. Afrontemoslo, las secuelas en casa eran el hogar de los argumentos problemáticos y la repetición de lo más exitoso, por lo que la secuela encajaría a la perfección en dicho mercado si no fuera por su aspecto y su caro talento. Aunque centrada en hielo, la primera Frozen demostraba una calidez autentica que ya no existe. Su secuela intenta dejar el mismo sentimiento pero hay un vacío, porque el argumento es incoherente, porque el conflicto parece perdido o porque las canciones no atraen la magia que Disney siempre tiene bajo la manga. No importa la razón que elijan, el resultado siempre dejará un film que consigue separarse de su predecesor por todo lo que no tiene y por todos los errores básicos que comete y que forman su agobio. Utilizar palabras relacionadas con hielo podrá agotar o resultar irónico, pero son las correctas, Frozen II es una secuela gélida que no puede esconder sus errores, incapaz de encantar o siquiera ser valiente para aprovechar el mínimo efecto que sugiere

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