Crítica | It: Capítulo 2 (2019)

La estructura problemática y la duración excesiva son los verdaderos monstruos 

En 2017, It hizo mucho para el terror convirtiendo parte de un clásico literario en una gran superproducción. Me atrevería a decir que aquella primera entrega coqueteaba con la posibilidad de ser el modelo de un blockbuster de horror, una película de escala dividida entre los sustos y un relato memorable; terror popular con la capacidad de servir a los adeptos y atrapar al espectador casual. Más aventura juvenil que historia espeluznante, It encontró sus fuertes en la elaboración de un clima, en la preparación de trabajadas escenas, temas y personajes entrañables. Tratándose de logros aclamados, era lógico pensar en un despliegue similar para la anhelada continuación de este relato, solo que en 2019, esas mencionadas victorias se transforman en cuentas pendientes. Respondiendo al masivo éxito, la inevitable It: Capítulo 2 se presenta como un conjunto de obligaciones dispuestas a duplicar los aciertos de su predecesora sin comprender obvios cambios y sin abrazar nuevas posibilidades. Encerrada en una duración absolutamente excesiva, esta segunda superproducción propone un desorden injustificable, incapaz de escapar a una monotonía más tétrica que cualquier susto.

Es sencillo definir It: Capítulo 2 bajo uno de sus múltiples desbalances, como por ejemplo aquel referido a la confianza. Apostando por retomar la historia 27 años luego de los eventos presenciados en la primera It, esta secuela nos lanza junto a nuestros protagonistas, el “Club de los Perdedores”, tras un periodo de crecimiento. Presenciando el éxito de cada uno, existe un voto de fe aquí, uno que permite nuevas conexiones con los personajes. ¿Quien es quien? ¿Dónde están sus vidas? A gran escala, esa es la clave de este nuevo argumento, el cual ve al Club de los Perdedores volviendo a la comunidad de Derry para derrotar a la extraña entidad en forma de payaso, Pennywise. La confianza para abrir nuevas puertas a través de los mismos personajes es clara, sin embargo, esa confianza se evapora al notar que no estamos aquí para descubrir o poner piezas en su sitio, realmente volvemos a Derry para reiterar, para que el film nos deje bien claro quien es quien y como, finalmente, ninguno ha cambiado demasiado. Eso sonaría interesante si no fuera porque estamos obligados a revivirlo todo con dos versiones de los personajes, la joven y  la envejecida.

Desde fuera, existe cierta valentía detrás de esta producción, porque no es común ver una épica de terror rozando las tres horas, pero el interior cuenta otra historia al dirigir los 170 minutos en direcciones erradas. El libreto de It 2 se confunde entre la presentación de un relato nuevo y las demandas de sus espectadores, a los que prefiere servirle más de lo mismo. Esa confusión se apodera de todo el proyecto, resultando en un libreto sin una estructura confiable y con material para suprimir. Incluso si su mayor problema se encuentra en un monótono y eterno desvió, la secuela también sabotea su inicio al pasar una hora completa con un argumento alejado de un verdadero despegue. En teoría, gran parte de esta historia pretende pararse en los hombros de su predecesora, hombros que deberían prestar su conflicto, pero It 2 también se contradice ahí, gastando gran parte de su tiempo en regresar al pasado o desconfiar de sus protagonistas maduros. Podrán ser varias horas, pero eso no asegura material nuevo que narrar, más cuando lidiamos con los obligados jumpscares y flashbacks.

Está claro que It apoyaba su peso sobre el elenco juvenil y sus carismáticas personalidades. Era un elemento único en un mar de terror protagonizado por adultos, aunque también un factor propio de dicha historia. It 2 es incapaz de dejarlo ir, y es así como el reparto adolescente pasa a recibir un regreso importante, uno que obliga a los niños a recorrer caminos intrascendentes. La mencionada duración no es extraña aquí, dado que It también pecaba de extensa, aun así, ver como una película más larga continua narrando fragmentos pasados es irritante. Todavía más inaceptable es ver como ese pasado se aferra tanto al escenario, porque hasta los sustos provienen de ahí. Nos ubicamos en una historia que pretende enseñar maduración, el paso de 27 años, por lo que orquestar climas de terror en un periodo que ya presenciamos carece de consecuencias. Esa clase de decisión muestra la cara de este segundo episodio, una llena de adiciones por necesidad, no por un norte. El deseo de construir sustos a pesar de su incoherencia conceptual, la catastrófica obligación de extenderse para incluirlo todo, la necesidad de introducir esbozos de una mitología intrascendente, It: Capítulo 2 es incapaz de contrarrestar el veneno en sus venas y casi parece dispuesta a perder el tiempo con tal de no prestarle verdadera atención a sus novedades.

A pesar de tener un reparto adulto bien escogido, es irónico que la primera It resulte la película de mayor madurez. La reiteración no hace ningún favor aquí, pero impone una molestia especial en el desarrollo de los crecidos protagonistas. Con un elenco excelente liderado por Jessica Chastain, James McAvoy, Bill Hader, James Ransone, y otros, está claro que la apuesta debería estar sobre los adultos, pero no es así. Cada personaje está preocupado por revivir su encarnación infantil y eso impide cualquier maduración. Solo Hader y Ransone saltan de la página, siendo dos esfuerzos individuales bien unidos y desarrollados. Aunque Hader merece la mención especial al seguir reforzando su talento dramático. Por supuesto, tampoco puedo desacreditar el regreso de Bill Skarsgård como Pennywise. Entre tanto tiempo desperdiciado, el payaso pierde protagonismo, sin embargo, su presencia sigue abrazada al tono correcto y eso incita a pedir más, especialmente al pasar la mitad del tiempo con criaturas envueltas en efectos digitales. El maquillaje en el rostro de Skarsgård siempre es bienvenido y eso deja a su icónico némesis en un lugar digno.

Entre tantas intenciones, un tiempo desmedido y la repetición, It: Capítulo 2 despedaza su bienvenida y aterriza en una agotamiento insostenible. Incluso con una primera parte de gran balance, la continuación, también dirigida por el talentoso Andy Muschietti, es un producto estático que sugiere valentía por duración pero que despide un aura de desconcierto. Bajo sustos insípidos, esta secuela se arrastra hasta un tercer acto incapaz de justificar los 120 minutos que lo preceden, porque bajo una disposición para repetir y acumular viñetas tétricas, las secuencias logradas, que las hay, nunca flotan. Es interesante ver que la secuela narre el regreso de un pasado dispuesto a atormentar, dado que It 2 encapsula eso en su núcleo. Este segundo capítulo prosigue a revivir el éxito de su pasado y se divide entre aumentar y repetir. Pero no acierta, solo agobia mediante una experiencia incapaz de ofrecer un susto más poderoso que su monotonía.

Crítica Audiovisual

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