Crítica | El Rey León (2019)

Bella pero sin rugido

Por más que haya sido subestimada, la animación es dueña de un poder particular, muchas veces imposible de recrear con escenarios o técnicas realistas. No es necesario presentar a la nueva versión de El Rey León para reforzar esa noción, contemplando a un Disney determinado a recrear cada uno de sus clásicos animados. Habiendo visto varios de estos remakes (tres en 2019), es fácil señalar las debilidades desplegadas alrededor de esta hazaña cinematográfica. Ahora, incluso un calco cuadro por cuadro puede fascinar momentáneamente, al estar dándole vida a un dibujo animado. Es impresionante, y por ello, hasta la copia más insípida debe ser responsable, debe tener la decencia de no olvidar los fuertes de su fuente. En lo que concierne a El Rey León, quizá el remake más cuestionado e innecesario de Disney, podemos sentir esa magia realista en el aire, al menos hasta que los dos intereses de este proyecto chocan entre sí. Lamentablemente, es un choque que no espera ni cinco minutos para convertirse en un problema.

No perderé tiempo explicando la trama de El Rey León, porque este remake asegura estar destinado al público que conoce el clásico original. Aquí no existe un trato que realmente busque narrar una gran historia para nuevos espectadores. No, absolutamente asustada de la versión original, esta recreación propone copiarla parte por parte, intentando serle fiel en todo momento. Excepto uno. Impulsando una técnica de animación a favor del realismo, la nueva Rey León pretende encontrar el factor real en cada una de sus escenas, incluso las más frenéticas. Entonces, creyendo que mantiene la lealtad adecuada, este remake defrauda, al no comprender que apoyarse por completo en un aspecto realista supone faltarle el respeto a las virtudes de su modelo.

Comenzando con una de las introducciones más icónicas, desde que la música vuelve a sonar y la animación calca cada fotograma, El Rey León parece hacer las cosas bien, al trabajar con una secuencia de gran lenguaje que se adapta a la seriedad de este trato realista. Sin embargo, pasada esa cuidada escena inicial, la película se ve obligada a contrarrestar la energía y color de la original con un sobrio y monótono acercamiento, uno que indirectamente secuestra la fuerza necesaria para imitar. Tan concentrada en que cada león parezca escapado de un documental, la película olvida que su fuente no solo es memorable por ciertos momentos, sino que es recordada por la ejecución. La ejecución de grandes diálogos, la vida de ciertos números musicales y el vibrante color de cada escenario. Desde su acercamiento, el remake no puede lidiar con esas necesidades, por lo que parece no entenderlas.

Quitando gran parte de su magia, El Rey León deja en evidencia a su primera versión, al tener que apoyarse en el desarrollo de personajes, escenas dialogadas y estructuras propias de una animación. No es material mediocre, este cine solo se deja llevar por una película que no estaba destinada para este realismo, al menos en estas condiciones. Lo que más ilustra los tropiezos del film son las secuencias musicales, cuya monótona actitud le quitan peso al desarrollo y mensaje. Ya sean agotadoras o memorables, las canciones en el cine animado (más en el de Disney), son una pieza fundamental, una que ayuda a enriquecer y desarrollar la narración. Por lo tanto, verlas al desnudo, enterradas entre planos sin atractivo, hace que el remake parezca desinteresado, hace que la cinta original quede en entredicho. La nueva Rey León demuestra los problemas de Simba como personaje, luce un desarrollo superfluo y queda a la deriva alrededor de sus dos últimos tercios. Lo que alguna vez fue profundo o memorable en este clásico de Disney se convierte en un despliegue de animación tan realista como vacía.

Siendo el encargado del memorable remake de El Libro de la Selva, es curioso que el director Jon Favreau no pueda aplicar las mismas virtudes aquí. Aquel calco se permitía cambios y estilos, pero lo que es más importante, encontraba un punto medio entre el realismo y la excentricidad de sus animales parlantes. Muy a merced de los leones realistas, El Rey León luce personajes que no convencen del todo al hablar y que son problemáticos al cantar. Afortunadamente, la película aun cuenta con los confiables Pumba y Timón, personajes que se adaptan y revitalizan todo el realismo desplegado. Ayuda encontrar a Seth Rogen y Billy Eichner en esos roles, siendo las voces más acertadas de todo este remake. Bueno, el regreso de James Earl Jones como Mufasa tampoco es menor, aunque hubiera sido necesario encontrarlo junto a Jeremy Irons en el rol de Scar.

Asustada del clásico al que enfrenta, El Rey León solo puede lucir su detallada animación realista, dado que no se atreve a reimaginar o imitar adecuadamente. Lo que traduce correctamente parece casual, al no entender que su supuesto respeto por la película original también supone quitar gran parte de la magia. Mantener su realismo y homenaje es imposible, por lo que el resultado se convierte en un paquete inferior, cargado con una belleza tan realista como superficial. Logrando iniciar de forma simbólica e impactante, el legado marca su presencia en este remake, solo que, por alguna razón, nunca ruge.

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