Crítica | Rocketman (2019)

Un biopic musical de relación recíproca con su artista

Hay una lista de inconvenientes en la construcción de un biopic de música, estando obligado a balancear realidad, fidelidad y contenido para crear una película que realmente cuente la historia de su banda o interprete protagonista. Ahora, si miramos a Rocketman, un musical biográfico sobre la vida del legendario Elton John, hay una particularidad más para tener en cuenta; que no se trata de una canción póstuma. Efectivamente, ésta es una obra amparada por su protagonista, una seguridad deseada que también puede traer condiciones. La clase de condiciones que podemos tildar de catastróficas en un producto como la vacía Bohemian Rhapsody, pero que afortunadamente se visten de bendición aquí. Permitiendo altos y bajos, Rocketman es una biografía de relación reciproca con su artista, que recibe el permiso para ser justa y responde con una celebración acorde a su protagonista, una con toda la excentricidad y energía que siempre lo han representado.

Elton John es la única llave de Rocketman, abriéndose camino por un pasillo que inicia el film y presenta su formula. La misma consiste en ver al artista en rehabilitación confrontando un desfile de problemas provocados por la fama y las adicciones, lo que comienza por su infancia y nos conduce al lado musical de todo este asunto. Un lado al que deberemos acostumbrarnos para los siguientes 120 minutos, prosiguiendo a detallar altos y bajos con una canción para cada ocasión. Este biopic reconoce sus debilidades y las esconde a base de elementos que tapan agujeros. Narrativamente, nada en esta versión de Elton John supone nudos específicos. Más o menos reales, los baches para el artista no se alejan de los muchos clichés que ya han formado parte de varias cintas acerca del éxito musical. Pero eso no significa que este proyecto no se esfuerce por trabajar esos clichés. Cómo dije, reconoce los vacíos, y frente a ellos, Rocketman opta por un estilo que acompañe la reconocida sustancia. Dicho estilo es la garantía en el escenario, orquestando una suerte de fantasía y lenguaje a las ordenes del musical. No, este no es un drama con los mejores éxitos de un cantante, es un musical completo con bailes, secuencias irreales y excentricidades que poco a poco van funcionando al comprender lo que estamos viendo.

Puede que la idea de un musical le quite espacio al drama, pero la figura de Elton John sigue estando primero, incluso por encima de su música. La forma en que se asegura un homenaje justo es mediante la verdadera estrella, Taron Egerton, quien deja la piel y los pulmones en el rol protagónico. Es posible que Egerton merezca crédito solo por prestar su voz para remplazar la de Elton John (pocos se atreverían…), pero él va más allá, creando un personaje creíble que acompaña las extravagancias desplegadas y que nunca se convierte en una caricatura. Hay verdadero sufrimiento durante sus caídas más duras, al igual que se nota su dicha durante los picos, no obstante, la verdadera magia de Egerton salta en esos breves momentos dónde el dolor y la dicha son uno. Dónde una sonrisa de cara al público dice algo por detrás. El actor alcanza esos detalles que, unidos al maquillaje y vestimenta, lo confirman como la elección ideal.

Como cualquier biografía que se aprecie, a Rocketman no le faltan páginas negras, y es ingenioso ver como la parte fantástica de este viaje continua cuando éstas empeoran. Es una lastima que dichos problemas no lleguen a un final contundente o verdaderamente satisfactorio. Pero bueno, hasta los guiones más hábiles se quedan sin ideas cuando su historia real no puede prestar más momentos icónicos. Porque la vida, algunas veces, no está a la altura de la ficción. Defendiéndose, en vez de torcer el libreto para crear una película más conveniente, este musical escoge crear un viaje psicodelico que acompañe a su homenajeado. Con eso fabrica sus propios momentos grandiosos, que comprenden la música en escena y no evitan las desagradables recaídas o las partes fundamentales en la identidad del protagonista. No evitan a Elton John, incluso con toda la parafernalia, él parece estar ahí.

Crítica Audiovisual

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