Crítica | Shazam! (2019)

Una mezcla de sabor extraño pero buenos ingredientes

Con cinco superproducciones de comics al año, toca empezar a determinar fríamente la frescura proveniente de cada una, frescura cada vez más necesaria con una cartelera sobrepoblada. Esa originalidad especialmente se exige sobre la cancha de DC Comics, que luego de varios fracasos ha deicidio limpiar la pizarra y simplemente hacer películas dejando que la conexión entre ellas se de, bueno, solo si la película en cuestión funciona. Aquaman fue testigo de dicha estrategia y Shazam! es la encargada de seguirla, intentando alcanzar la frescura mediante ideas cómicas y sensibilidades noventeras que no deberían funcionar. Precisamente, esta adaptación es una colección de elementos destinados a desentonar, por lo tanto, verlos en pantalla inmediatamente encuentra novedad, una que combina tonos y misticismos en un paquete equivalente en fallos y disfrute.

Shazam! invoca las responsabilidades de un superhéroe desde los más básico al introducir a Billy Batson (Asher Angel/Zachary Levi), un huérfano rotando entre familias adoptivas debido a su comportamiento. Sin embargo, su revelida adolescente encuentra un freno cuando Shazam (Djimon Hounson), un hechicero en otra dimensión, lo invoca para convertirlo en su discípulo. ¿Discípulo para qué exactamente? La protección del universo. Un nuevo Shazam, un ser infinitamente poderoso con toda habilidad imaginable. Pero por supuesto, tanto poder sería demasiado para un simple niño, ¿no? Pues no. Aceptando el poder, Billy se ve obligado a lidiar con las responsabilidades de un héroe y decidir si está preparado para salvar el día o si prefiere usar sus nuevas habilidades para, bueno, cosas menos importantes como saltearse clases o comprar cerveza.

Darle tanto poder a un niño es el cómico cimiento de Shazam!, que llega con sus condiciones bajo el brazo al entrar en una parte caótica del universo DC. Esas condiciones se resumen a un balanceo de tonos bastante diferenciados que no deberían tener conexión y que la encuentran con una simple excusa: éste es un cine influenciado en la superproducción de los 80, dónde hasta el cine más infantil tenía su parte adulta. Shazam! no pretende ser nada maduro o serio como otras piezas recientes de DC Comics, pero para tratarse de una aventura de niños jugando con superpoderes, digamos que se toma libertades para no ser una comedia segura o un calco de todo lo que ha hecho Marvel Studios. Al igual que en 1980, la decisión de romper el aire seguro le regala credibilidad y personalidad al film, que de un momento a otro puede unir un chiste tonto con algo grotesco. Si suena desalineado es porque lo es, y esa falla es lo que termina salvando e hiriendo a Shazam!. Durante un momento notamos su incomoda combinación, y por otro, nos recuerda a películas como Gremlins, o Big, lo que lógicamente se disfruta.

La comparación con Big, película dónde un niño se transformaba en un Tom Hanks adulto, es obvia. Lo interesante de la premisa aquí es que cada vez que Billy dice “Shazam”, él recibe todos sus fantásticos poderes, pero también adquiere la apariencia de un adulto. La forma adulta es la que roba las escenas aquí gracias a la participación de Zachary Levi, quien interpreta a un Billy crecido con alma de niño, disfrutando y temiendo sus superpoderes. De hecho, Levi vende tan bien el personaje que el peso pasa Asher Angel, el Billy real, quien no consigue igualar el carisma de Levi. Aunque siendo justos con él, la película casi siempre le entrega drama al joven actor mientras el adulto se lleva las risas. Además, ese drama, para tratarse de una comedia de superheroes, está bien tratado.

Dónde Shazam! encuentra su mayor conflicto es en su concentración, rotando los tonos y perdiendo el control de su estructura. La película resulta ingeniosa en varias ocasiones, pero en el proceso crea una narración casi dividida entre dos actos, no tres. Por lo tanto, todo se vive como un constante inicio de camino a un tercio final extremadamente largo. Esa es la única rareza que molesta, porque el resto se dedica a disfrazar el cine de comics habitual, y termina haciendo un buen trabajo. Incluye aventura infantil, elementos de terror, comedia y hasta un drama que no encaja con todas esas piezas. Ahora, esa caótica combinación se hace cargo de lo que tiene, y como resultado termina sabiendo divertirse un poco con su poder.

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