Crítica | Las Dos Reinas (2018)

Todo menos realeza

Habitualmente no suelo interponer los recursos de marketing en la evaluación de una película. Podré mencionarlos, pero nunca transforman mi opinión sobre el producto final, y hoy no será el día que cambie esa costumbre. Aún así, la nueva épica de reinados de la directora Josie Rourke, Las Dos Reinas, debe ser uno de los peores casos de marketing engañoso que he visto en bastante tiempo, porque su campaña termina siendo la mejor forma de presentar a la película. Verán, ya he expuesto mi interés y hasta fascinación sobre una campaña publicitaria engañosa (más de eso acá), así que resumiré lo básico: puede ser una herramienta fantástica para atrapar a espectadores desprevenidos. Utilizar ciertas mentiras para vender un producto es intrigante, sin embargo, el único requisito para lograrlo es tener un producto con potencial para enseñar. De lo contrario, ese engaño será exactamente eso, una mentira para esconder una decepcionante realidad.

Las Dos Reinas demuestra esa decepcionante realidad de inmediato, no solo al notar que su marketing es especialmente engañoso al exagerar el choque entre dos reinas (tengo en cuenta que la película originalmente se titula Mary Queen of Scots), sino por notar que la reina de los escoses, María Estuardo (Saoirse Ronan), la única protagonista aquí, no tiene el peso suficiente para cargar una película completa. Eso no supone menospreciar la importancia de dicho personaje histórico, pero si marca la sentencia de este film, que parece reconocer sus propios problemas al construir un resultado poco centrado, a la caza de cualquier elemento que mejore sus chances. La reina Isabel I (Margot Robbie) es uno de esos recursos, utilizándola para darle al espectador algún interés por encima de la protagonista, porque quizá, solo quizá, ella, como está presentada aquí, no es suficiente para encabezar este relato.

Esta narración toma el pasajero y turbulento reinado escoses de María Estuardo en el 1500 y prosigue a coordinar un relato que se parece más a una colección de greatest hits, no una épica de intrigas monárquicas, una de sus múltiples metas. La película expone un deseo por ser varias cosas a la vez y en el camino encuentra la peor ejecución para cada una. Sí, la idea de drama de época está en la lista, pero a ésta le siguen un deseo por traducir todo a mensaje de poder femenino y el subrayar un supuesto conflicto entre dos reinas. No hay nada erróneo en esos deseos, sin embargo, ninguno proviene de la película en sí, sino que la estructura parece complicarse para incluir cada intención. Sin pausas o un conflicto único que nos atrape, el film prosigue a soltar momentos, no escenas. Cada instante parece mover la historia a la siguiente casilla, pero al trasladarse a esa velocidad bajo un ritmo tan pasivo, todo pasa y no deja un hilo al que aferrarse. Lo que más ilustra esta situación es la complicada interrupción de Isabel I en el film. Sí, al igual que supone un hueco en su campaña publicitaria, el interés a medias por la reina Isabel es un claro ejemplo de la falta de enfoque en esta propuesta, que por momentos olvida a Isabel y por otros le da un trato de protagonista, cuando nunca lo es. La naturaleza del personaje es tan irregular que la duda queda en el aire. ¿La película pone énfasis en Isabel porque no encuentra interés en María?

Más allá de que las historias de estas dos reinas se crucen (yo solo me opongo al trato que se le da a Isabel, no su importancia en el relato) y de hecho inspiren uno de los pocos instantes que podríamos llamar “escena”, Las Dos Reinas no encuentra la forma de acercarse a su protagonista, al querer mostrarla sin puntos vulnerables, dentro de un espiral de hechos que se desencadenan sobre ella pero que no permiten acercarnos a la figura histórica. Con la colección de películas similares que nos han cautivado en el pasado, está claro que el tratamiento es el problema, tomando decisiones que se balancean entre lo extraño y lo caótico. Por momentos, esta es la clase de pieza que casi luce sus heridas y recortes, deambulando en una historia que nunca fluye y que se detiene cada media hora en un punto que perfectamente podría ser el de partida. No hay razón para repasar cada uno de los hechos, al terminar dudando tanto de su valor histórico (que ya ha dado que hablar) como de la naturaleza y empuje de su mensaje de poder femenino. Afrontando lo obvio, haré la inevitable pregunta. ¿Hay una agenda interesada en convertir a Maria Estuardo en un icono femenino? La respuesta es sí, lo cual es correcto, pero esa intención choca con dos problemas. No se siente orgánica y la imagen que queda no es precisamente ideal. Es cierto, los personajes masculinos aquí se resumen en un conjunto de desagradables actitudes, pero María Estuardo tampoco queda particularmente bien parada en el film.

Sintiéndolo mucho, debo afrontar el hecho de que gran parte de los deslices en Las Dos Reinas recaen en el libreto de Beau Willimon, a quien personalmente creo un experto de la intriga política, tanto por su manejo inicial de House of Cards en Netflix, así como por su fantástico libreto en Ides of MarchSu desempeño en este drama de reinados no solo es decepcionante, sino que demuestra una estructura especialmente dispareja, sin poder exprimir la historia por encima de un simple melodrama con muchos hechos y ninguna profundidad. Ahora, la decepción final termina anclada a lo positivo, viendo como la película desperdicia a Saoirse Ronan y a Margot Robbie en los roles principales, así como una producción pronunciada. Podré decir lo que sea de su guion, pero su recreación si es esmerada, deslumbrando con vestimentas detalladas a medida que recorremos escenarios bellos. Pero volviendo a la realidad, lo cierto es que esos escenarios nunca encuentran la pasión adecuada en ninguna escena, expuestos a aperturas y cierres fugaces de distintos argumentos que avanzan pero no cautivan. Finalmente, examinando el inconsistente trato de Isabel I, debo recordar que ya existe una fantástica película sobre ella, y lo cierto es que estarán en mejores manos si optan por dicha obra.

Crítica Audiovisual

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