Crítica | Battle Angel: La Última Guerrera (2019)

Un salto para la tecnología y un paso atrás para la narración

Puedo admirar los proyectos de pasión en Hollywood, tomando tiempo, dinero y apuestas que no suelen formar parte de la superproducción habitual. Por lo tanto, también admiro a sus respectivos autores, por llevar a esas ideas adelante, convencidos de que cuentan con productos que atraparan al espectador; productos que los harán luchar contra viento y marea de camino a la pantalla gigante. Éste es el caso de Battle Angel: La Última Guerrera (o Alita: Battle Angel), película con un extenso proceso de producción, bendición del mismísimo James Cameron (Avatar, Titanic) y la adaptación de un manga original de Yukito Kishiro, que propone una aventura de ciencia ficción sin escatimar en gastos. Ahora, por más admirable que resulte la visión de cada autor, no es extraño que esos proyectos de pasión dejen al espectador sin elementos apasionantes. Ese, también es el caso de Battle Angel.

No se trata de señalar en una dirección especifica, pero con toda la pasión que se refleja en la producción de Alita, hay algo frío en la actitud de su líder, viendo a Cameron luchando por la creación y guion de este proyecto, pero no su dirección. Sin su mano detrás de la cámara, hay algo que inmediatamente llama la atención de Alita, y son sus carencias narrativas que, incluso respondiendo a un libreto de Cameron, nunca tocan una constancia que solidifique su mundo o encuentre la clase de disfrute que esta cinta necesita. La narrativa en sí presenta un futuro lejano post-guerra interplanetaria en dónde la sociedad se divide entre Iron City, hogar de la chatarra y los trabajadores, y Zalem, una ciudad en el cielo protegiendo a los ricos y poderosos. En Iron City, el relato comienza con el Dr. Ido (Christoph Waltz), quien descubre el cuerpo de un androide avanzado y descartado. Experto en prótesis mecánicas, Ido prosigue a reanimar a este androide y llamarlo Alita (Rosa Salazar), dándole la posibilidad de una nueva vida. Sin recuerdos y deslumbrada por descubrir de nuevo, Alita se adentra en la ciudad dispuesta a formar una identidad, pero eso significa superar las amenazas en las calles y tachar su pasado, algo que no resultará tan sencillo para un androide con demasiados secretos entre sus partes. Secretos que no paran de caer sobre el espectador.

Esa base es solo la punta del iceberg para Cameron (si, eso fue un chiste…), quien, junto a Laeta Kalogridis y Robert Rodriguez, forma un libreto demasiado cargado con exposición. Esta es la clase de obra cuyo inicio parece eterno, dándole al espectador una dosis desmedida de información innecesaria que perjudica todo lo que si funciona en este concepto. Realmente no es una exageración, cada uno de los protagonistas en Alita tiene un secreto (o más) para exponer que le quita energía a la trama. Sí, hay una idea fascinante en una ciudad dónde las prótesis mecánicas son cotidianas y dónde un androide no encuentra su espacio, pero todo queda eclipsado por lineas secundarias que cortan el ritmo una y otra vez. Hay una trama de acción, hay una trama de deporte, hay un conflicto del pasado, hay un romance; hay toneladas de adiciones sobre una bella base que no necesita tantas piezas. Esa base es la protagonista.

Alita y su presentación visual es la clase de efecto que podría significar la última palabra en la creación de personajes completamente digitales. Incluso con una notoria y entrañable interpretación por parte de Rosa Salazar, la presencia digital de Alita es creíble y más humana que cualquiera de los personajes a su alrededor. No sé si eso habla mal del reparto presente, pero definitivamente significa otra victoria para los efectos digitales, que lógicamente son la estrella del espectáculo. Además de Alita, su mundo y sus contrincantes, el ojo del film consigue orquestar escenas de acción bastante inspiradas, que mueven a sus personajes con una fluidez creíble. No es el mejor despliegue de acción digital, pero es uno que continua el avance y propone posibilidades infinitas, unas que podrían haber superado varios limites junto a una visión más clara o excedida de esta misma idea.

Dirigida por un controlado Robert Rodríguez, Battle Angel despliega un componente visual magnifico, pero falla en la búsqueda de un espíritu que lo acompañe, uno que se comprometa con la excelente presentación de su protagonista. Lamentablemente, el personaje de Alita termina emparejado con un pasado de decepcionante explicación, demasiadas tramas y ningún camino sólido que transitar. Es así que la valentía del film queda de lado, enfrentada a demasiados componentes narrativos que le quitan merito a todo lo que si funciona, siendo un proyecto dónde abundan las pasiones visuales y se sacrifican las posibilidades argumentales. Un fragmento del guion es claro y lo dice, refiriéndose a Alita, explica: “Eres la persona más humana que he conocido”. Esa resulta la frase más adecuada para el film, reflejando el diamante en bruto que resulta su convincente y carismática protagonista, y asegurando que todo a su alrededor vive en una falso desarrollo que pudo ser mucho más. Especialmente al conseguir lo más difícil.

Crítica Audiovisual

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