Crítica | Green Book: Una Amistad Sin Fronteras (2018)

Feel-good luchando contra su propio mensaje

No estaría dando nueva información si digo que el racismo sigue aferrado a nuestra sociedad, siendo un hecho de todos los días. Particularmente en la nación estadounidense, constantemente embarcada en una discriminación de distintos disfraces pero persistentes problemas. No por casualidad, Estados Unidos también es el hogar de una industria cinematográfica muy unida a sus respectivos tiempos, que supo ser racista en el pasado (una película de 2018 se aseguró de recordarlo y todo) al igual que impuso importantes mensajes de inclusión con el paso del tiempo. A las puertas de una nueva década en el siglo XXI, este cine actúa de formas desafiantes y profundas, marcando nuevos golpes en contra de un racismo vivo, y es de ese periodo que recibimos Green Book: Una Amistad Sin Fronteras, una comedia feel-good tacleando el panorama racial de los 60 con carisma y química entre sus protagonistas. Pero, comparando épocas, también se trata de un preocupante y anticuado film que se pierde entre sus mensajes y que casi lucha contra sí mismo. Casi frena ese avance de inclusión cinematográfica.

Inspirada en una historia real, Green Book plantea la amistad inusual entre un charlatán blanco, Tony Vallelonga (Viggo Mortensen), y un refinado músico negro, Don Shirley (Mahershala Ali). En tiempos de un racismo latente, Don contrata a Tony para ser su chófer y guardaespaldas durante una gira por el sur estadounidense, quizá el peor lugar para un hombre de color durante 1960, y eso se traduce a una road movie sobre el choque de dos personalidades y realidades diferentes, siempre bajo la sombra del tema racial, con el que la película pretende hablar en serio.

Cuando Green Book pasa la seriedad por alto es cuando mejor funciona. Planteando una amistad entre dos actores bien escogidos, el film adquiere una facilidad difícil de ignorar, quedando a merced de sus carismáticas escenas y las lecciones intercambiadas entre los protagonistas. Sí, esta es otra comedia suave, interesada en las enseñanzas a través dos polos opuestos, pero incluso siendo material conocido, el libreto consigue llevarnos de la mano con mucha soltura, simplemente porque quiere a sus personajes centrales. El trabajo de esos dos y sus respectivos actores son lo que cementan a Green Book, hallando interacciones memorables entre la apresurada actitud de Viggo Mortensen como Vallelonga y la excesiva formalidad de Mahershala Ali como Shirley. Ambos interpretes empiezan desde lo físico, Ali con un cuidado por cada una de sus delicadas posturas y Mortensen con una extensa serie de movimientos burdos. Ahora, esas simplezas dibujan figuras creíbles que conquistan al espectador. Podré decir lo que sea sobre sus aportes más serios, pero la química entre sus actores en sincera, y esa cualidad termina pasando a sus personajes. Especialmente Don Shirley, quien presenta un conflicto personal fascinante que incluso merece más exposición.

Mientras sus personajes conducen por la carretera dentro de una burbuja que sabe como describir su relación, el mundo de Green Book requiere otro enfoque. Dividido entre ser suave y directo, el guion esquiva la profundidad para mantener una narración que se alinee con todos los aspectos feel-good en juego. Esa conveniencia alcanza niveles preocupantes cuando se intenta hablar en serio, básicamente por terminar sonriendo con sabor a inocencia, no honestidad. Quizá sea el imposible escape a la realidad actual o el vacío en sus mensajes, pero llegando a su escena final, Green Book comete el error de preferir un espejismo de inclusión; las palabras que uno quiere oír, no las que debe.

Es imposible pasar por alto los elementos de discriminación en Green Book, dado que deben estar en su agenda, pero afortunadamente, no son lo único que permanece en esta producción. Amparada con dos actuaciones excepcionales y un buen control de su road movie, la película luce una entrañable primera mitad que nos mantiene balanceados cuando la carretera se vuelve inestable. Confiar en los personajes vale la pena y su choque de personalidades finalmente otorga resultados. Su carisma asegura nuestra mirada, solo es una pena que, por su parte, Green Book no quiera abrir los ojos como debe.

Crítica Audiovisual

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