Crítica | Spider-Man: Un Nuevo Universo (2018)

La animación abre una nueva dimensión en el cine de superhéroes

Saturando el mercado con intentos de franquicia, el cambio o la muerte del superhéroe en el cine tenía que arribar en algún momento. Sin embargo, a diferencia de la muerte de otras modas, Hollywood supo reconocer la amenaza en esta oportunidad, imponiendo una frescura constante por parte de Marvel Studios o el intento de grosería encontrada en las dos primeras Deadpool. Las diferencias pasaron a ser la moneda de las historietas audiovisuales, y la demanda quedó clara en 2018, con títulos como Pantera Negra o Avengers: Infinity War. Pero lo sorprendente es que Sony termina liderando el cambio, concluyendo su año con un proyecto que no solo eclipsa a su anticuada Venom, sino que también dibuja una de las mejores adaptaciones de comics y una nueva faceta de los ya asentados superhéroes: la animación.

Comprendiendo que Lego Batman construyó parte del camino y que los dibujos animados han formado parte de DC Comics y Marvel durante décadas, Spider-Man: Un Nuevo Universo sigue siendo un capítulo completamente distante de todo lo que vino antes. Olvidando las conexiones entre películas y poniendo su mirada en el legado de un único personaje, este experimento podría traducirse a la apertura de nuevas puertas, tanto para los comics como para los horizontes de la animación, cuyo poder siempre ha estado detenido por el cine tradicional. Imponiendo sus formas de narrar y exprimiendo el jugo de su imposible naturaleza animada, Un Nuevo Universo es el equivalente de una perfecta superproducción, cumpliendo en relato, creatividad y emoción para servir un cóctel ideal que ninguna persona de carne y hueso podría mejorar.

La película salta de las viñetas con una historia muy particular de Spider-Man. Reconociendo que el personaje ha tenido una trayectoria extensa, tanto en el cine como fuera de él, esta oportunidad nos suelta en una dimensión con más de un héroe arácnido. ¿El primero? El ya conocido Peter Parker, ¿el segundo? Miles Morales, un joven en plena pubertad sin tiempo para descubrir que su poder conlleva gran responsabilidad. No es que la adolescencia lo detenga de entender sus poderes, el problema es que Miles descubre rápidamente que dos Spider-Man no es tan raro. Especialmente cuando varias dimensiones chocan con su mundo. Cada una con su propio Hombre Araña. O Mujer Araña, o Robot Araña, o Cerdo Araña. Sí, exactamente como suena, Cerdo Araña. Unidos, los héroes deberán detener el extraño acontecimiento dimensional, en el que el inexperto Miles será clave. Claro, siempre y cuando sobreviva a las lecciones para convertirse en un Spider-Man.

Puede que Spider-Man: Un Nuevo Universo sea la mejor versión que su protagonista haya visto en el cine. No por tener más de una interpretación del héroe, sino por poder humanizarlo a través de varios personajes. Algo que ya garantiza una aventura mucho más entrañable que cualquiera de sus primeras tres versiones en la pantalla grande. Sí, lo hemos visto demasiado en este milenio, sin embargo, esa es una virtud en esta obra, que conscientemente recuerda la fiebre de los comics y literalmente trata sobre universos, guiños y versiones de personajes. En el proceso tampoco olvida pertenecer a su género, y termina recordando al efecto de Los Increíbles, por ejemplo, cuya dinámica permitía contar una historia de superhéroes sobresaliente con o sin las animaciones. Dicha pieza de Pixar fue otra prueba de que la animación podía imitar al cine de superproducción e incluso superarlo, y la nueva aventura de Spider-Man alcanza un poder similar.

Volviendo a Los Increíbles, por más que la animación le entregará ventajas que el resto de su género no tenía, fue una película que pudo haber sido filmada de forma real. Ahora, Spider-Man: Un Nuevo Universo es una obra que nunca podría traducirse a la realidad, coqueteando con una animación inventiva e inquieta; dispuesta a construir cuadros que cambien de asombrosos a cómicos en un instante. Vibrando con colores y una curiosa cantidad de fotogramas por segundo, la película crea sus propias reglas para animar y narrar, perdiéndose en un universo caótico y a la vez controlado, dónde se calca el espíritu de una historieta llena de estilo. Es la viva interpretación de un comic, un formato audiovisual que supera la interpretación de la página y del cine. Decide hablar su idioma y no hay nada que pronuncie mal.

Encaminada con visión, Spider-Man: Un Nuevo Universo abre otra dimensión para su género y demuestra los múltiples poderes de la animación. Descubriendo un relato a la par con su fantástico aspecto, esta es una superproducción que vive en su realidad y derrama una frescura contagiosa por la pantalla grande, siendo inventiva hasta un extremo bizarro, lugar al que nunca había llegado el héroe arácnido. Es arriesgado reconocer que Spider-Man se ha columpiado a través de suficientes películas cuando se quiere presentar una nueva encarnación del personaje, pero estamos a salvo. El mismo Peter Parker nos advierte que ya lo conocemos, y dicha sensación se repite, pero Un Nuevo Universo no para de discrepar, y lo hace con estilo, con humor y con la más bella creatividad.

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