Crítica | Bird Box: A Ciegas (2018)

Pónganse una venda…

¿Quién está detrás de la barra hoy? ¿Netflix? Bueno, si piden una mitad de The Happening, otra de Un Lugar en Silencio y unos toques de sabor apocalíptico, se les servirá dos horas de Bird Box por el módico precio de una suscripción mensual. ¿El valor de una entrada de cine por una cinta de terror con gran elenco y dirección de Susanne Bier? Perfecto, ideal. Al menos hasta los primeros cinco minutos, momento en que este agotador thriller sobrenatural decide empeorar una de las malas ideas de M. Night Shyamalan y literalmente empieza a caminar sin saber dónde pisa, proponiendo una estructura inútil, una idea de ambigüedad monótona y un intento de tensión demasiado débil.

Empiezo a creer que Netflix no lee los guiones que caen sobre su escritorio, y casi lo entiendo. Porque no hay tiempo, hay que filmar y lanzar algo que pueda venderse sea como sea. En serio, lo comparto, necesitan contenido para cumplir con su cuota de casi 100 películas por año. Así que vayamos a lo básico. ¿Bird Box tiene lo necesario? Seguro, protagonizada por una Sandra Bullock en un relato de suspenso tétrico dónde el mundo es azotado por presencias maquiavélicas, aparentes seres con los que no es posible conectar miradas. Porque el contacto visual supone el suicidio. ¿La única forma de sobrevivir? Andar a ciegas. Eso es más que vendible. Terror con concepto, la idea perfecta para pescar espectadores. El problema es que no hablamos de cortos. Aquí, lamentablemente para los que se queden en el sillón, hay más que 10 minutos.

Utilizando dos líneas temporales divididas por cinco años, Bird Box comete el primer error al separarse, empezando por una mitad volcada sobre introducciones y exposición innecesaria, en dónde somos testigos de la llegada de la epidemia invisible; lo que crea y a la vez mata cualquier expectativa de este concepto. Nos encerramos junto a Bullock y a otra colección de grandes interpretes (aplausos al exagerado John Malkovich por mantenernos interesados) en una casa, a medida que todos asimilan la situación e intentan sobrevivirla. Algo que no resultará tan fácil como suena. Por el poder de la amenaza y bueno, por la ingenuidad de varios personajes. Además de incluir algunas de las peores secuencias, esta casa termina sin puerto al mirar en la siguiente dirección, una segunda mitad que va y viene, y nos muestra una travesía solitaria por parte de Bullock. Una que destruye el ritmo de la película, quizá la mayor carencia de este producto sin un género al que aferrarse.

Mencionando a la reciente y fantástica Un Lugar en SilencioBird Box puede compararse con ella en cuanto a naturaleza, sin embargo, de esa comparación escapa el mayor error: la película no es capaz de crear buenas secuencias a partir de su concepto. Los pocos instantes de intensidad nunca se ven o se sienten peligrosos, ya sea porque los personajes andan vendados, moviéndose sin dirección, o que las amenazas realmente se sienten invisibles, incoherentes e inofensivas. Ahí toca culpar a las ideas o a la ejecución, y sea cual sea la culpable, lo claro es que Bird Box nunca conecta con el espectador, ni de forma narrativa, ni audiovisual. Sobre la última, recuerdo que está dirigida por la talentosa Susanne Bier y musicalizada por Trent Reznor y Atticus Ross. Hablando claro, no hay razón para alcanzar tanta monotonía cinematográfica.

Sin explicaciones satisfactorias y un final que no lleva a ningún lado, Bird Box termina como una mezcla pasiva de conceptos, incapaz de conectar con ninguna de sus ideas y dónde incluso The Happening sale mejor parada, siendo un trabajo de mediocridad, pero mediocridad activa. Parece que solo quedamos con la posibilidad de que una metáfora resuelva el asunto, pero ninguna puede justificar estas decisiones. No importa que tanto busquen una explicación, la nueva obra de Netflix enseña una falta de energía preocupante, que solo se arreglaría con reescrituras o recortes. Ni el inicio ni el final conservan la tensión o intriga, y quedándonos con el viaje del medio, todo termina a oscuras, más oscuro que una venda en los ojos. La propuesta es clara, no encontraran la luz en ninguna de sus agobiantes escenas, y deberían hacer caso al propio film, es mejor no mirar.

Bird Box está disponible en Netflix

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