Crítica | Aquaman (2018)

DC Comics se sumerge en una aventura que limpia un poco su desorden

La mala racha de DC Comics en el cine se ha convertido en costumbre, ofreciendo una colección de películas e intentos de franquicia que se las ha ingeniado para decepcionar a críticos, fanáticos y espectadores casuales por igual. Una proeza. La respuesta fue tan fuerte que Warner Bros. debió mirar el panorama y proponer otro enfoque, quizá el que debió ofrecer desde el principio. Ya saben, el adecuado, películas de héroes por sí mismos, no un elaborado truco para alcanzar el deseado universo cinematográfico. Esto quedó demostrado con la sencilla Mujer Maravilla, un éxito solitario y de solidez personal, cuyo rendimiento marcó el nuevo norte. Uno que continua con Aquamanla única aventura de DC para 2018, y una interesada solamente en su superhéroe. Ni Superman, ni Batman, ni nada. Una buena idea, tratando con un personaje de casi nula experiencia en el cine, con un mundo acuático para deslumbrar y varias rarezas para descubrir. Eso es exactamente lo que brilla en esta nueva apuesta, que afloja sus tensiones y se limita a pasarla bien. ¿El espectador puede hacer lo mismo? Eso ya es más debatible.

Habiendo pasado por el campo minado que fue la desastrosa Liga de la JusticiaAquaman intenta un lavado de cara al introducir toda la mitología de su protagonista entre la ciudad de Atlantis y un cumulo de creaciones submarinas que al menos suenan diferente. Eso sí, pasando el color marino y los diálogos bajo el agua (sí, así como lo oyen), el film simplifica las cosas. Aquaman/Arthur Curry (Jason Momoa) es presentado como un héroe en tierra, pero en Atlantis, su mundo natal, no tienen mucho cariño por los humanos y su civilización. Es por eso que el hermano de Arthur y rey de Atlantis, Orm (Patrick Wilson), planea soltar su poder sobre la superficie. En respuesta, Aquaman decide volver a su hogar para detenerlo, aunque primero deberá realizar búsquedas adicionales, enfrentar otros villanos y orquestar varias escenas de acción en el camino. Lo típico.

Por más que Aquaman no innove en la formula (porque no debe), si se atreve a ofrecer cambios en los frentes que tiene a disposición. Dirigida por James Wan, la película encara una creatividad visual que llena el ojo y apaga nuestro cerebro. Pasando de un mundo marino a un desierto, y de ahí a una costa italiana, esta aventura despierta el interés del espectador, al transformar lo que espera con un bello disfraz. Nada en esa anticipación cambia su forma, pero si nos atrae visualmente, construyendo una película que deja ver todo en pantalla. Algo a subrayar, recordando la penumbra visual que ha comandado a DC Comics últimamente. La fotografía merece ser el primer destacado, siguiendo los enfrentamientos con bastante energía y algo de ingenio, lo que ya garantiza la mejor acción en esta franquicia Los planos, además de claros, se atreven a compartir belleza cuando la oportunidad se presenta. Si, casi todo es digital y los efectos visuales arruinan varios fotogramas simples, sin embargo, existen instantes dónde la tecnología permite darnos más que el clásico plano medio ofrecido por el cine de superheroes. No hablo de una fotografía superior como la que vimos en las Batman de Christopher Nolan. Pero, dejarnos con dos o tres planos memorables por belleza o creatividad, eso ya es bastante en esta imparable era de historietas filmadas.

Hay que darle crédito por su creatividad, pero ninguno de sus encandilantes colores puede deshacer la catastrófica tontería con la que convive Aquaman. ¿Recuerdan que intenta apagar nuestro cerebro? Bueno, eso es un requisito para poder disfrutar de esta superproducción, dónde una gran escena de aventura es seguida por un dialogo patético, una colección de flashbacks inservibles o alguna interrupción de los desastrosos villanos. No es que le pida lógica a Aquaman, especialmente cuando sus personajes empiezan a hablar bajo el agua, no obstante, su actitud parece confundir lo que hace a un film cómico con la mediocridad o ridiculez. No debería sorprender a nadie que el nuevo paso de DC Comics sea dejar atrás su pasado oscuro, el problema es que la respuesta parece ser completar los libretos con chistes y personalidades a favor de los mismos. El propio Aquaman es una victima de esto, viéndolo pasar por actitudes que siguen lo que la película necesita, viéndolo ser el serio y el payaso a la vez, una metáfora de cierta desesperación por parte de la producción. El guion le regala varias inconsistencias, sin embargo, Aquaman al menos termina siendo carismático gracias a Jason Momoa, quien por fin aprovecha su carisma en el cine. A él lo acompaña un elenco fantástico, solo que no hay demasiados destacados ahí. Especialmente en lo que refiere a antagonistas, los personajes con el menor trabajo encima. Con el Black Manta de Yahya Abdul-Mateen, ahí sobra todo, siendo un villano que podía haber sido eliminado por completo. No hubiera sido mala idea suprimirlo, pudiendo aflojar la excedida duración. Habrá grandes secuencias y buena técnica para ser una superproducción, pero no hay excusa que justifique los pasados 135 minutos de rodaje.

Con Aquaman, no sé que tanto conviene asociarla con el cine de superheroes. Porque todo funciona mejor si olvidamos el nombre “Aquaman” y nos apoyamos sobre el espíritu aventurero del film, entendiendo que es su mejor virtud. Mitos, ciudades perdidas, monstruos, locaciones exóticas, todo obedece al manual de la aventura cinematográfica, y la confianza en él termina emparejando la balanza. Sin olvidar que su duración es innecesaria y su calidad mediocre, puedo admitir que Aquaman se esfuerza por distraernos, y lo consigue, interesada en aspectos en los que todavía hay espacio para la innovación. Con James Wan a la cabeza, la pantalla se llena de entusiasmo y pesca la atención del espectador. Todo a base de decorados y una pésima sustancia, por supuesto, pero supongo que no se necesitaba más para darle un respiro a esta franquicia. Sobre la misma, quizá no la terminemos olvidando como imaginé, porque casi al filo del barranco, DC Comics vive para contar otro día en su universo cinematográfico. Habiendo saltado al mar sin saber nadar, esta colección de películas finalmente saca sus flotadores. Uno pinchado en este caso, aunque de un diseño extravagante y con bastante aire. Créanme, contar con él es definitivamente mejor que ahogarse. Habrá que conformarse con eso por ahora.

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