Netflix | Orson Welles Vuelve en Impagable Evento Cinéfilo

No escondo mis dudas y los problemas que tengo en contra de Netflix y muy particularmente su sistema tanto de producción como de salida comercial de sus films originales. Tampoco pretendo disfrazar mi opinión personal sobre estas propuestas: la mayoría me parecen intentos burdos de llenar un catálogo que necesita ser enorme debido a la masiva cantidad de usuarios del servicio. Es entendible y hasta cierto punto perdonable que, al tratarse de productos con una mira tan general se perdiera el norte con respecto a la calidad, pero con ese fin de contentar a todos terminaron perdiendo a un sector pequeño pero crucial: los cinéfilos, aquellos que están dispuestos a ser fieles a una productora o una marca de films si se les ofrece una buena calidad o una apuesta riesgosa, aun independientemente de los resultados. No digo con esto que todos los films de Netflix sean malos (de hecho hay varias películas muy buenas y sobre todo unas muy prometedoras en el futuro, incluyendo las nuevas de Scorsese y Alfonso Cuarón) pero hacía falta un proyecto de renombre que moviera el avispero y levantara las antenas de los más escépticos. Pareciera ser que ahora, con la empresa está tan establecida en el mercado internacional finalmente llegó la hora de que estos eventos ocurrieran, y hace algunas semanas llegó a disposición del mundo entero Al otro lado del viento, la última película que filmó Orson Welles, legendario realizador de El ciudadano entre muchas otras. No vino sola, ya que Netflix acompañó este estreno de un imponente documental y otro extra que también vale mucho la pena.

DESTRUYENDO EL MITO

El film abre dejando en claro el escenario y los jugadores: se detalla en una voz en off que el protagonista del film, J.J. Hannaford, falleció en un siniestro automovilístico, que se duda si fue un accidente realmente o un suicidio, que hay un complejo abanico de personajes y que el metraje está compuesto, supuestamente, de todas las filmaciones que se hicieron en ese último día de vida tanto para la televisión como para documentales sobre el hombre. Luego descubrimos que Hannaford es un reconocido director de cine que vuelve al ruedo luego de varios años inactivo con una película que planea mostrar en el marco de una lujosa fiesta en su casa, rodeado de realizadores jóvenes, cinéfilos, críticos y algunos allegados. La película se abre en dos narrativas: primero, la fiesta en donde explotan todos los secretos, resentimientos, odios y amores del personaje, llevando al espectador a sacar sus propias conclusiones sobre la afirmación del comienzo; y por otro lado el film dentro del film, una realización muda sobre un hombre persiguiendo a una exótica mujer — metraje que claramente se percibe como una sátira de Welles sobre el cine arte europeo de la época: opresivo, enigmático y difícil de analizar y evaluar.

Al otro lado del viento se puede percibir el asunto como el intento del realizador por realizar un cine extremo y sin concesiones con su público: distinta en sus formas, agresiva en su montaje rápido y sus encuadres desde toda dirección, brutal en su crítica a las falsedades del Hollywood de la época y su forma de hacer cine; la gente en control y aquellos que están también detrás de la cámara pero sin tener poder sobre el material. Hay en cada plano un calculado desenfreno que resulta agotador sobre el final de la cinta (o tal vez un poco antes, generando cierta sensación de pesadez en sus últimos minutos) pero necesario a la hora de tener la última carcajada, un mordaz estudio que incluso a día de hoy resulta relevante y en ciertos casos actual.

Hay un obvio aspecto autobiográfico en la película, tal vez no tanto a Orson Welles como persona sino al estatus de mito. Hannaford, interpretado por John Huston, otro reconocido director de cine, es un mito tratando de buscar en sus últimos momentos una reinvención no comprendida ni aceptada, o tal vez encontrando en esto un pretexto para justificar su propia autodestrucción. La relación que tiene con el personaje de Peter Bogdanovich es eléctrica y resume otra potente idea: la del encuentro del fracaso de las viejas maneras con el éxito de las nuevas formas, el demoledor paso del tiempo que deja atrás y olvida a quien no sigue el ritmo. Esto está además subrayado por el propio contexto de la fiesta: el protagonista tiene cierto nivel de profundo patetismo a la hora de recorrer el lugar, buscando la gloria en una conquista dudosa con una adolescente o las confrontaciones con una crítica y sus propios amigos. Dato aparte los invitados: encontramos todo tipo de personajes jóvenes entre los que se encuentran directores reales también en la moda del nuevo cine americano, como Dennis Hopper. Tal vez la realización entera habla de la caída de un mito, de la destrucción definitiva de un sistema y un realizador, o al final, el rendirse luego del rechazo constante y la espalda de aquellos que alguna vez lo adoraron.

Cinematográficamente la película también es una continua máquina de buscar formas nuevas, y no solo se debe a los encuadres y los distintos planos fugazmente bombardeando la pantalla sino también – por ejemplo – a sutilezas que resultan profundamente reconfortantes: la parte documental y la parte de la película están en diferentes aspectos de pantalla, y ésta última tiene un particular cuidado en la fotografía, otorgándole a la realización una fineza y una variedad de colores y escenarios muy particulares y bellos. La narración, casi en forma de falso documental, comienza y sigue con una rapidez que busca también el quiebre y la división entre espectadores: si uno no sigue el ritmo y el juego desde el primer momento no hay forma de volver a recuperarlo y queda absolutamente fuera de todo; sin embargo aquel que tenga paciencia y logre descifrar de entrada la intención de Welles termina siendo parte de todo ese enredo aunque es cierto que en la parte final parece zigzaguear casi que sin rumbo. Igual incluso con estos defectos es súper destacable el titánico trabajo de edición moderna de Bob Murawski (ganador del Oscar por la edición de la notable Vivir al límite) que tuvo que juntar más de 100 horas de material filmado y a partir de anotaciones, guiones y acotaciones grabadas en audio por el propio director pudo terminar el trabajo de la forma más cercana a lo que realmente se tenía en mente; algo particularmente difícil debido a la forma casi de puzzle de la película en general.

Es difícil, de todas formas, evaluar una película de este estilo, no tanto por su propia calidad sino por el entorno de formar parte de un acontecimiento y el hecho de tener una historia propia digna de ser contada. Películas así exceden el simple formalismo de un estreno y un visionado: deben procesarse, comprender su procedencia y valorarlas como tal. Por eso, también merece destacarse que Netflix haya aportado un valiosísimo documental que permite ir más a fondo en esta producción y realmente hacerse una idea de la importancia y la relevancia de la cinta.

EL FIN DE UNA ODISEA

La historia de Al otro lado del viento se remonta a más de 40 años atrás, precisamente a fines de los años 70. El reconocido director ideó esta película como su regreso a Hollywood, medio que lo marginara luego de nunca poder volver a repetir el éxito de su primer film. Con la revolución cinematográfica estadounidense que se venía viendo en las pantallas (El padrino o el nuevo cine americano, dígase Busco mi destino) el regreso de Welles era inevitable y para los nuevos estándares el hombre era una leyenda viva. Sin embargo, el asunto no prosperó y el director tuvo muchísimos problemas con el dinero, locaciones, disponibilidad de actores y etc., llevándolo a un largo proceso para poder completarla y aún un más largo proceso para editarla y terminarla — proceso que finalmente se truncó gracias a un rebuscado problema legal que concluyó con el negativo original encerrado en una bóveda en Francia. Welles murió y el asunto terminó durante años en la nada, hasta que hace unos años finalmente fue la intervención de Filip Jan Rymsza, Frank Marshall y Peter Bogdanovich (amigo, alumno de Welles y actor en esta película) la que pudo solucionar este asunto. Aunque esto fue sólo el principio de otra odisea que relatan tanto el documental Me amarán cuando esté muerto y el extra de 40 minutos El corte final de Orson: Una historia que llevó 40 años*, imprescindibles a la hora de ver esta película y apreciar definitivamente el trasfondo, el contexto y la amplitud de la hazaña.

Si bien en el corto podemos apreciar de primera mano cómo el material llegó a ser la copia final que hoy está disponible en el sitio de streaming, en el documental se va mucho más allá: comenzando con un mini repaso de la obra del director rápidamente (y meticulosamente, debido al gran trabajo de recopilación de imágenes de archivo y entrevistas) avanza al rodaje de la película y todos los problemas que tuvo, dignos de una película aparte — y a su vez profundamente similares a los del propio libreto. Sin embargo va más allá aún y se atreve a hilar fino en las sutilezas y complejidades de los personajes en el film, creando así una visión de la mente del propio creador. Sobre las inspiraciones a la hora de crear caricaturas andantes hasta el significado profundo del film dentro del film, en 90 minutos el documental logra una valiosa hazaña: aportar claridad e ideas nuevas sin perjudicar ni condicionar las que el propio espectador pueda hacerse sobre el material original. El director lo logra con la carta más valiente que es la honestidad intelectual, ya que no asume a partir de sus propias conjeturas imparciales sino que le da una voz casi total a quienes estuvieron presentes y hasta al propio Orson, utilizando material de otras películas o entrevistas que dejan bien marcado el punto de vista del realizador e incluso dan autenticidad a declaraciones que van sucediéndose durante el metraje.

Es particularmente fascinante la fusión realidad-ficción que detalla el documental entre el director y Bogdanovich: los puntos de similitud entre el personaje que él interpreta y su propio ser, e incluso la relación casi enfermiza que tiene en la película con el protagonista, ese director venido a menos que muchos afirman es Welles en un movimiento puramente autobiográfico. Emociona incluso la noción de que la realidad supera a la ficción: el también director emprendió durante años la lucha para que el film se estrenara debido a una promesa que le hizo a Orson luego que este le pidiera, de la nada, que si algo llegara a pasarle por favor terminara la película… También hay espacio para otras relaciones fuera de cámara que parecen haber inspirado absolutamente al hombre: su pareja (y también actriz y co-guionista de la producción) Oja Kodar o el camarógrafo Gary Graver cuyos titánicos esfuerzos para poder ser parte del rodaje son absolutamente emocionantes.

Tanto la película como sus extras (si así pueden llamarse) son importantes realizaciones con las que Netflix parece querer iniciar una ruta de reconciliación con el público más cinéfilo. Es un destacable primer paso, ya que entrega un complejo y dedicado trabajo a su vez que una noble despedida al mítico director. Si bien el producto en si tal vez no es perfecto y no llene las expectativas de un público común, el resto del material es imperdible y excelente, llenando vacíos y haciendo verdadera justicia a un legado innegable para la historia del cine.

*para acceder al corto hay que ingresar en la sección “Trailers y más” en la ficha de Netflix de Al otro lado del viento.

Al otro lado del viento (The other side of the wind, EE.UU/Irán/Francia, 2018) Dirección: Orson Welles. Guion: Orson Welles, Oja Kodar. Música: Michael Legrand. Fotografía: Gary Graver. Edición: Bob Murawski, Orson Welles. Con John Huston, Peter Bogdanovich, Oja Kodar, Susan Strasberg, Norman Foster. ESTRENO EXCLUSIVO EN NETFLIX. Calificación: 7/10

Me amarán cuando esté muerto (They’ll Love Me When I’m Dead, EE.UU, 2018) Dirección: Morgan Neville. Música: Daniel Wohl. Edición: Aaron Wickenden, Jason Zeldes. Con entrevistas a Peter Bogdanovich, Frank Marshall, Rick Little, Danny Huston entre otros. ESTRENO EXCLUSIVO EN NETFLIX. Calificación: 9/10

 

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