Crítica | Venom (2018)

Sin Spider-Man, sin inspiración

Pensando en la mochila con la que llega a la pantalla grande, es probable que Venom deba subir al podio de los cadáveres en el cine de comics. Agujero dónde compartiría lugar con especímenes como Liga de la Justicia o Los 4 Fantásticos. Dejarla ahí sería lo más sencillo, acumulando argumentos para burlarse de ella, cumpliendo con bajas expectativas y mostrando otro producto retocado hasta al fallo. Aun así, no puedo descartarla, porque, si bien su inspiración es más transparente que el agua, me consta que existe cierta diversión aquí. ¿Intencional? Bueno, ahí está su encanto, uniendo una bizarra ejecución a varios elementos de potencial. Un potencial curioso, ya que se derrumba en el instante en que notamos a que película pertenece. Yo les diré a cual. Un producto con alma de estudio que esquiva la catástrofe trágica y la cambia por la catástrofe disfrutable.

Venom es lo que llamaría cine de héroes retro, si retro tuviera una connotación negativa. Luego de ver el imperio creado por Marvel Studios (al que esta película no pertenece), hemos llegado a definir un mínimo que el cine de comics debe respetar. Uno que ha formado parte de casi todas las cintas del género, incluyendo desastres como la mencionada 4 Fantásticos. La clave está en intentar algo, pero Venom parece calcar la era de los superheroes del 2000, dónde todo era guiado por una linealidad y ninguna apuesta. Probando suerte sin la aparición de Spider-Man, con quien comparte una rivalidad tradicional, el personaje de Venom afronta su primera película con el interés de apelar a todo espectador posible, incluso si su propia naturaleza lo cohíbe. Esta versión nos introduce a su alter ego, Eddie Brock (Tom Hardy), como un periodista exitoso pero implacable, en busca de la verdad sin importar lo que cueste. Táctica que no le sale bien cuando interroga al líder de la fundación Life, y éste toma represalias. Costándole su trabajo y perdiendo a su prometida, Eddie queda sin oportunidades, y solo continuar con la investigación le devuelve el propósito. Aunque, no por mucho tiempo, a medida que descubre los verdaderos objetivos de Life: la simbiosis entre humanos y extraterrestres. Buscando pruebas, uno de estos extraterrestres se aferra a Eddie, pero en vez de asesinarlo, éste se aprovecha de su cuerpo. Es así que ambos se convierten en Venom, un antihéroe salvaje dispuesto a obedecer los deseos de Eddie y también los de la criatura que vive dentro de él.

Dado que las superproducciones no parecen aprender las lecciones, me saltearé el detalle sobre todo lo que Venom intenta como primer paso a una supuesta franquicia. ¿Existirá o no? Es irrelevante y dependerá del espectador, por lo que ya no me esforzaré en responder. Lo que si puedo detallar, es lo que el film hace en comparación con la docena de productos a los que imita. Por ejemplo, que su error también sea su salvación. Para tratarse de un personaje tan hambriento (incluso con ganas de comer humanos), Venom no muerde más de lo que puede. Eso es esencial, ya que lo contrario atormentó a otros esfuerzos de comics como Batman vs SupermanMencionando al cine de los 2000, realmente me refiero a que el film propone un origen fácil, un villano obvio y un despliegue de acción rutinario. Todo antes de una batalla final que ya hemos visto demasiadas veces. Hablo de un clásico “monstruo bueno lucha contra monstruo malo medianamente más grande”. Para bien o para mal, es una formula tan clara que no puede ponerse en duda. Aunque si vulnerable. Frente a tan pocas variables, Venom finalmente queda enfrentada a su propio material y la forma en que lo trabaja, lo que pasa a deambular entre la comedia amena y la no intencional.

La falta de inspiración enfrenta al espectador directamente con Venom, el personaje, quien sale ileso por su básico concepto: un parásito tenebroso conversando y confabulando con un periodista. Eddie/Venom propone un dialogo interno entre personajes, que se presta para ideas interesantes y un tipo de protagonista que no hemos tenido aun. Lo que vemos, reúne lo necesario para crear una nueva clase de Deadpool, pero por supuesto, el film solo propone el potencial, no lo explota, tomando cada una de sus piezas complicadas para jugarlas con seguridad. Ahí entran los deseos previos que apuntaban a que la película no incluiría material para adultos, o a Spider-Man, o que no tendría a su protagonista en el filo. Esas quejas cuadran mirando el resultado, que siempre parece aferrado a lo convencional. Si Venom hace algo bien, es que demuestra que pudo haber sido memorable, pero inevitablemente, estamos frente a un deseo más fuerte, el deseo de crear una franquicia, no una película que funcione.

Encima de Venom en sí, su herramienta menos merecida, es Tom Hardy quien mancha su gran filmografía como Eddie Brock. Hardy salva la película de la monotonía, viéndolo hablar consigo mismo y luchando contra sus propios impulsos. Cuando la exageración se apoderan de esas mismas acciones, el entretenimiento es innegable, llegando a extremos impensables, como verlo dentro de una pecera comiendo langostas. Eso es cómico, se los aseguro. Lo único difícil es decidir si reírse de la película o con ella. Contando con Ruben Fleisher, un director con experiencia en comedia, sería normal pensar que los chistes vuelan en toda dirección, pero como todo, Venom tampoco opta por tomar ese camino. La falta de una decisión que la defina, es lo que la separa de una buena superproducción, una con identidad que aproveche a su personaje. Venom puede ser cómico o tenebroso, pero este producto termina encontrándolo a medio camino, fabricando potencial desaprovechado, logrando entretener parcialmente y dejando un aura de retocado excesivo. Sin necesidad de análisis, el personaje pasa a ser otra victima de las ansias por crear un universo cinematográfico, de la fiebre de los comics, cuya persecución utópica y llena de secuelas suele olvidar al cine. No sé si tendremos continuaciones de Venom, lo que si queda claro es que necesitará acomodarse si pretende competir con el cine de hoy, no el de una década pasada.

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3 comentarios en “Crítica | Venom (2018)

  1. Me parece que antes de criticar la película de forma tan negativa, tendrías que ver de pagar un diseñador web que te mejore el word press.
    blog sin diseño 4/10.

      1. Si, a mí tampoco me cerró mucho el comentario, pero bueno. Cada quién lo suyo. Al igual que yo expongo mi opinión sobre una película, él puede exponer su opinión sobre la estetica de mi blog o su concepto de opinión y como ésta va ligada al espacio dónde se comparte. O bueno, en realidad comenta el hecho de que la estetica del blog no es lo suficientemente buena como para que la crítica sea tan negativa. Es algo proporcional supongo, no sé…

        Saludos!

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