Crítica | Un Pequeño Favor (2018)

Un misterio abarrotado con giros y rescatado por su bizarra conciencia

Es irónico que hace menos de una semana me veía indignado frente a una película por su básico y mediocre melodrama. Porque, casualmente, encontré una sensación similar viendo el primer misterio de Paul Feig, Un Pequeño Favor. Durante el segundo acto, sus constantes giros de trama y nula verosimilitud empezaban a respirar un aire de telenovela dónde todo era posible y nada creíble. Lo que, lógicamente, cortaba la leve tensión en el aire. Sin embargo, segundos después, mi pensamiento se esfumó. Analizando mejor el panorama, lo vi, Un Pequeño Favor sabia exactamente lo que estaba haciendo, solo que su esquizofrénica conciencia dificultaba una mirada con claridad; un veredicto entre el desastre y el experimento. No es fácil de explicar, pero incluso perdiendo el norte, Feig es dueño de un entendimiento absurdo aquí, balancendo un thriller desordenado, cuya leve elegancia choca con la mas extraña energía cómica.

Escapando de su comedia como Damas en Guerra Spy, Paul Feig se muda de género, aunque recuerda parte de su provenir. Por más que trabaje elementos similares a obras como PerdidaUn Pequeño Favor trata de ser un thriller casi casero o cotidiano. Para ilustrarlo, Anna Kendrick es nuestra detective como Stephanie, una madre soltera que entabla una breve amistad con la críptica y elegante Emily (Blake Lively). La repentina desaparición de Emily involucra a Stephanie y la pone a seguir pistas sobre el caso, que de ninguna manera parece normal. De hecho, no hace otra cosa que volverse más extraño. Encontrando a una inocente y vivaz protagonista en Kendrick, está claro que el film impone un toque ligero sobre su género, combinando tonos y esperando que funcionen bajo pura confianza. No hay una perfecta estrategia en esta obra, sino que todo se propone como una especie de chick-flick que se comporta de forma inusual y funciona de forma inusual.

La salvación de su trama plagada de giros le pertenece al entendimiento que demuestra Feig. El libreto lanza varias locuras a la pantalla, pero hay un control que las salva de un precipicio. Por ejemplo, esa comprensión posibilita al personaje de Emily, que deambula por un pequeño pueblo con vestimentas extremadamente formales o simplemente extrañas. Su vestuario es francamente genial, aunque la lógica del mismo solo puede existir bajo los confines de una propuesta que sabe que está jugando. Blake Lively sigue la misma regla, haciendo lo que quiere con dicho personaje; desplegando un encanto salvaje que empieza agasajando y prosigue a tomar varias formas. Kendrick tampoco queda atrás trabajando ocasionalmente fuera de su zona de confort. Ahora, puede que sea la falta de un vestuario extravagante, pero su participación parece un trabajo demasiado sencillo para la actriz nominada al Oscar.

El guion exagera con la cantidad de vueltas que toma, así como se pasa con los cambios de tono. No miento, pensé que estaba frente a un thriller psicológico, luego un misterio desechable y por momentos una excéntrica comedia. De cierta manera, todos los fragmentos de Un Pequeño Favor pertenecen a otra película, pero esa desastrosa cualidad hace que el producto sea disfrutable. En palabras suena como el peor de los cócteles, pero bajo el carisma de sus 115 minutos, casi todo es perdonable, incluso cuando mi cerebro me decía lo contrario. Eso sí, siendo justos, éste es un producto que tiene poco interés por las reglas, y su desinterés invoca graves errores, empezando por lo esencial: la lógica.

En las manos de su director, es comprensible que Un Pequeño Favor se comporte como lo hace. Sin embargo, la exploración informal de su género solo da para una experiencia descartable. Porque hay instantes de ingenio y escenas que no funcionan, diálogos filosos y decisiones sin sentido. Todo es parte de un espiral misterioso dónde el juego no es encontrar una respuesta, ya que el propio espectador se queda sin tiempo para distinguir la clase de ases que la cinta tiene bajo su manga. Realmente, éste es un guion con demasiadas mangas y demasiadas cartas escondidas, dispuesto a golpear a la audiencia cada vez piense en desconectarse. Dividida bajo un trato inconsistente pero disfrazando su desorden con elegancia, Un Pequeño Favor es un misterio bizarro que abraza su conciencia y entiende lo que está haciendo. De ahí a que el espectador comparta su entendimiento, eso ya es discutible, aunque no cabe duda de que es entretenido verla desvariar.

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