Crítica | La Noche de 12 Años (2018)

Álvaro Brechner apunta al sufrimiento psicológico en este excelente relato de supervivencia

Desde el suelo uruguayo, hay una forma lógica de mirar un relato de dictadura como La Noche de 12 Años, nuevo film del uruguayo Álvaro Brechner (Mr. Kaplan) basado en el revelador y duro libro Memorias del Calabozo. De hecho, las primeras opiniones que escuché a mi alrededor sobre la pieza de Brechner hablaban de lo que ya rodeaba a la historia en sí, que no es extraña a nuestro país, y que, a mi asombro, dio para cierta discusión referida a detalles y tonos. Hasta un límite, acepté esa discusión, dado que cualquier adaptación de este relato carcelario iba a incluir un peso previo. Ahora, por más que pueda permitir algunos comentarios sobre su acercamiento, La Noche de 12 Años no debe ser cuestionada, ya que permite que éste no sea solo un relato de Uruguay y su capítulo más oscuro. No, estamos frente a una travesía humana, balanceada en una obra de calidad difícil de discutir y un formato tan valiente como efectivo.

Como anticipa su hábil titulo, la película recorre los 12 años de cautiverio sufridos por tres presos políticos/guerrilleros tupamaros en un Uruguay azotado por la dictadura. Ésto se traduce a seguir los duros pasos de José Mujica (Antonio De la Torre), Mauricio Rosencof (Chino Darín) y Eleuterio Huidobro (Alfonso Tort) a medida que soportan un encierro salvaje de torturas físicas y psicológicas, en las que cualquier trato humano se disfraza de salvación. Con una advertencia inicial que prohíbe que los personajes hablen, el público recibe un retrato parcialmente mudo de los hechos, dónde las herramientas escasean. Un hecho que coloca a Brechner trabajando solamente con una colección de cuartos oscuros, tres protagonistas entregados y una selección de viñetas que resumen más de 4000 días de horror.

Considerando los tropiezos que podría tener, La Noche de 12 Años demuestra su ingenio en sus primeros pasos, salteándose varias obviedades y complicaciones que podían haber condenado a un relato de esta clase; dónde un 50% de su contenido se reduce al vació del encierro. El film mantiene la linealidad pero se toma en serio la idea de una sola noche, al subrayar excelentes fragmentos del encarcelamiento que sostengan un factor de repetición y conviertan a la noche del encierro inicial en una eternidad. Afortunadamente, la película acepta su desafío con valentía y no se reduce a captar los momentos de tortura física, sino que los cambia por todos los golpes psicológicos, dueños de marcas incluso más fuertes que cualquier cicatriz. Ésto abre un dialogo visual con el espectador, quien recibe varios instantes de cine bien ejecutado para comunicar un estado de grave demencia, así como la conquista de la cordura sobre tal calvario. ¿Cómo es posible dicha victoria? A partir de un espíritu inquebrantable, un fragmento de humanidad imposible de arrebatar y, por supuesto, el pensamiento. Éste último es esencial, ya que la cinta también logra comunicar como puede ser la peor arma en manos de la soledad, el tedio y el dolor.

La estrategia de viñetas también ofrece enfoques que balancean la importancia de cada personaje. La película desarrolla a sus protagonistas utilizando sus respectivas actuaciones, que para nada desmerecen, pero también hay un uso de flashbacks que enriquecen a las figuras torturadas. Mujica enfrenta la mayor locura uniendo hilos de cuestionable realidad, Huidobro se aferra al pasado para seguir creyendo en un futuro y Rosencof cobra mucha vida mediante un simple intercambio con un guardia (momento que califica como uno de los mejores pasajes del film). Más allá de lo que la película les ofrezca, las actuaciones de Darín, Tort y De la Torre son fantásticas. Por momentos comparten un mismo dolor y por otros despliegan una individualidad memorable, llena de mecanismos de supervivencia aun en la hora más oscura. Es obvio que el sufrimiento comanda las actuaciones, pero los pequeños dejes de esperanza van más allá y crean personajes sólidos. Sobre particularidades, el español Antonio De la Torre se luce como Mujica, no solo por demostrar un estudio de su personaje, sino por manejar a la perfección su acento, aspecto del que realmente dudaba previo a ver el film. Por su parte, el uruguayo Alfonso Tort pasa por un sinfín de emociones que culminan en una interpretación desgarradora, y por último, el Chino Darín encuentra su momento de mayor verdad en la piel de Mauricio Rosencof.

La Noche de 12 Años es un escalón alto para el cine uruguayo, uno que Álvaro Brechner sube con decisión. Con su obra, el director y guionista toma una reconocida historia nacional y parte en la búsqueda de excelente técnica, narración creativa y un tema generalizado que le otorga profundidad al proyecto. El film consigue ser un estudio humano sobre una experiencia infrahumana, en dónde todo tiene su matiz, dónde incluso el antagonista recibe un trato balanceado en segundo plano, dónde la historia va por sí sola y deja que sus personajes carguen la antorcha e iluminen la eterna noche. Solo los primeros minutos parecen más descuidados, presentando su juego sin preámbulos y cometiendo pequeños errores como el uso de una instantánea e innecesaria voz en off. Sin embargo, cuando su formato de viñetas se pone en marcha, la historia fluye y se gana su emotividad, controlando un episodio difícil y abriendo psicológicamente a sus protagonistas. Puede que estemos frente al mejor cine que haya visto nuestro país.

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