Crítica | El Legado del Diablo (2018)

La idea de una familia embrujada pasa de figurativa a literal en esta intensa pieza de terror

Creo que la garantía de que el cine de terror ha sufrido un golpe en las últimas décadas se encuentra en que ocasionalmente nos topamos con la verdadera calidad, con la forma perfecta de una película de terror. Algunos ejemplos podrían ser las recientes The Babadook o La Bruja, principalmente por ser historias primero, por lograr que el temor sea un sentimiento alrededor de todo el relato, no un par escenas predecibles. Siendo ese el ideal, la llegada de El Legado del Diablo (O Hereditary, como la llamaré desde ahora) alienta a que sigamos señalando todo lo que está mal con este género, dado que este debut de Ari Aster hace todo particularmente bien. Incluso manteniéndose dentro de la base habitual.

Hereditary no es ninguna revelación en comparación con las obras maestras del terror, sin embargo, es uno de los mejores ejemplos de lo que debería ser el estándar en el género actualmente, narrando una historia de camino a los nervios del espectador. En esta oportunidad, el relato obedece al ambiente familiar y a un mal de generaciones, comprendiendo que eso es lo único que necesita para inquietar. Es una película de casa embrujada dónde el horror proviene de adentro, dónde el odio es tan figurativo como literal y las razones tan fantásticas como realistas, porque efectivamente se centra en una familia y sus múltiples dramas; al menos durante gran parte de la duración. El hogar en cuestión es el de los Graham, una familia de luto lidiando con la reciente muerte de una abuela particular, hecho que comienza a desencadenar secretos y las más desagradables actitudes de cada integrante en la familia. Particularmente de la madre (Toni Collette), quien empieza a sufrir mucho más de la cuenta.

En estructura, es particularmente fácil trazar una linea y separar a Hereditary en dos mitades. La primera, es aquella que siguiere y tensa debido a su absoluta oscuridad en trama. Nada es medianamente divertido en este film (aunque hay algo de comedia negra) y durante un instante parece que será difícil disfrutarlo, al enfrentar su drama con la mayor seriedad. Por su parte, la segunda mitad entra en juego cuando el libreto de Ari Aster empieza a responderle a su constante anticipación, dónde los elementos se vuelven más literales y quedamos a merced de la notoria maldad que vive en el film, que eventualmente muestra su cara. Hereditary no se rebaja y empeora su ejecución, pero si utiliza sus métodos para taclear terreno conocido durante su último acto. Por una parte, eso es decepcionante, por otra, es un despliegue de terror bastante genial que tampoco aparece de la nada.

Mencionando sus técnicas, Ari Aster pasa a ser una voz a escuchar, no solo por la efectividad de su guion, sino por como trabaja el terror. La película sugiere constantemente y, a diferencia de otros enfoques, esa anticipación recibe una respuesta. El film está lleno de instantes dónde vemos a los personajes perplejos por algo que ven, y no hay demasiados preámbulos para llegar a lo que los perturba. Si, estoy hablando de algo obvio en las reglas del terror, pero aplicarlo continuamente hace la diferencia, porque llega un punto en que no sabemos exactamente que clase de revelación tendremos, encontrándonos con imágenes que sugieren y otras que literalmente aterran. Y si, cada una está limpia de cualquier ruido fuerte que busqué sobresaltar. Aster nunca se rebaja con algo así. De hecho, invierte ese concepto, ya que incluye un ligero sonido constante durante cada escena para incomodar al espectador. ¿Poco ortodoxo? Si, pero funciona.

Pertenezca al género que pertenezca, Hereditary incomoda primero con sus interpretaciones. Puedo hablar maravillas de los jóvenes Milly Shapiro y Alex Wolff, así como del veterano Gabriel Byrne, ahora, ninguno podrá igualar a Toni Collette, quien vive una colección de fuertes emociones y acaba en un completo infierno. Por una parte, la excelencia de su interpretación proviene de verla en una película de terror, pero la clave está en que ella recibe material poco común en su filmografía. Collette exprime y comanda cada una de las escenas en las aparece y es la razón por la que la cinta tiene verdad. No cabe duda de que no estaría hablando de esta pieza de la misma manera sin este excelente reparto, que consigue elevar el terror a partir de un conjunto de tragedias y verdades difíciles de digerir, aunque posibles en cualquier familia disfuncional.

El primer largometraje de Ari Aster termina como un ejercicio de terror tan cotidiano como distinto, trabajando conceptos que han llenado las salas incontables veces, solo que bajo una madurez y conciencia cinematográfica mayor. Hereditary entra bajo la piel del espectador con una narración solida y oscura que primero trata sobre temas y luego prosigue a transformarlos en una pesadilla literal. Los fuertes cimientos del film lo son todo a medida que explora la idea una familia marcada, cuya trágica suerte deambula entre el destino y la realidad de sus integrantes. El concepto de esa sola base debería marcar una nueva era de terror, una que poco a poco va siendo comprendida por más cineastas dispuestos a combinar el temor con el buen cine.

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