Crítica | Jurassic World: El Reino Caído (2018)

Una aventura superior a su predecesora que al menos entiende los encantos del clásico de Spielberg

Si se fijan en taquilla, el reboot de Jurassic World fue un éxito impensado, producto de una era de regresos que supo como revivir franquicias extintas. Dicho eso, la nueva vida impuesta sobre el ya clásico Jurassic Park no fue precisamente especial, recibiendo una aventura de buenas ideas pero ritmo monótono, sin la magia que Steven Spielberg presentó cuando revivió a aquellos dinosaurios en 1993. Esto es muy notorio por la llegada de Jurassic World: El Reino Caído, una secuela que vuelve a la pizarra, recupera elementos olvidados y propone una estructura diferente. ¿La ideal? Ni cerca, pero si una suficientemente trabajada como para presentar una aventura más aislada y entretenida.

El Reino Caído literalmente comienza recolectando lo que quedó de su predecesora, a medida que la Isla Nublar, ahora reinada por los dinosaurios, es explorada en busca de los restos del Mundo Jurásico. La presencia de los descontrolados animales pone al antiguo parque en la mira, debido a que su volcán vuelve a estar activo y sus criaturas pasan a estar en peligro. Una situación que trae de regreso a Claire Dearing (Bryce Dallas Howard) y Owen Grady (Chris Pratt), quienes se embarcan en una misión de rescate que prevenga la extinción de los dinosaurios. Misión que cambia sus objetivos desde el momento en que la pareja pisa la isla. Así se abre la secuela, prometiendo un cambio de rutina para su franquicia, hablando de quitar a sus dinosaurios de las locaciones aisladas para intentar que su argumento sea quién aísle a todo lo demás. Explicar como funciona esa idea sería injusto para los interesados, aunque vale decir que la narración va casi en reversa, comenzando de forma expansiva para ir encogiéndose poco a poco.

Por encima de los detalles, El Reíno Caído busca un nuevo horizonte para su serie, pero lo más respetable es que lo hace con decisiones anticuadas. La mayor nostalgia, además de volver a ver a Jeff Goldblum, es que Jurassic Park vuelve a ser una suerte de cine de terror en las manos de su secuela. Inmediatamente puedo decir que no habrá gritos en las salas, pero el uso de los dinosaurios vuelve a estar ligado a un peligro creíble. Creo que podemos agradecerle al director Juan Antonio Bayona por eso, a medida que demuestra que fue contratado por varias razones. De hecho, el español ofrece un poco de Lo Imposible y El Orfanato en El Reíno Perdido. De forma literal, solamente cambien el agua por lava y los fantasmas por dinosaurios. Ahora, sobre su pseudo terror, si éste no funciona, es porque no debe hacerlo. Jurassic World quiere que disfrutemos de su aventura con algunos riesgos, al igual que lo hizo Spielberg en la primera entrega. Hay muy buenas secuencias como recompensa, pero por supuesto, siendo el quinto paseo por el parque jurásico, sabemos como concluirán las situaciones tensas, por lo que hay un limite en el suspenso.

No importa que tanto mejore el panorama, Jurassic World sigue cargando con peso del pasado. No hay más que mirar a Chris Pratt, quien vuelve a recibir material sin inspiración y se para frente a la cámara como un simple chaleco y un espíritu aventurero. Puede que eso sea lo único que necesite esta serie, aunque hay limites. Yo me pregunto, ¿siempre veremos a su personaje inicialmente enojado con el de Bryce Dallas Howard? Lo digo porque esa idea fallaba en la primera entrega y vuelve significar poco ahora. El panorama se repite para el resto del material duplicado, que regresa creyendo que aun no ha agotado su efecto. O eso, o esta franquicia realmente está empecinada en hacer que los dinosaurios con cambios genéticos sean la nueva moda.

Con lugar para mejorar, tanto antes como después de esta entrega, Jurassic Park al menos apuesta por el cambio, con ideas brillantes y otras sin rumbo. Como otra superproducción que comienza grandiosamente y decae hasta un final intimo, Jurassic World: El Reino Caído reconfigura su universo y apunta a un futuro tan arriesgado como diferente. Ya sea que el mismo funcione o no, eso pasa a ser irrelevante, descubriendo que la franquicia sigue siendo capaz de realizar una aventura competente. Eso bastara por ahora. Al borde del abismo, El Reino Caído evita la extinción de su franquicia, pero deberá seguir corriendo, como si su querido Tiranosaurio Rex la siguiera por la espalda.

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