Crítica | Los Increibles 2 (2018)

La secuela más esperada de Pixar no decepciona

Si analizamos la imagen actual de Pixar, se nota que su trayectoria ha sido alterada por varias secuelas. Continuaciones que, buenas o malas, han establecido que hasta la mayor pieza animada puede seguir de largo, incluso enfrentada a desmedidas expectativas. Aun con varios aciertos, el panorama de secuelas nunca ha estado completamente aprobado en Pixar, excepto por un caso, uno que ha estado en el deseo de los espectadores durante más de una década. 14 años exactamente. Algo increíble… Hasta ahora.

Saltando de 2004 a 2018, finalmente llegamos a Los Increíbles 2quizá la película más esperada de Pixar, la que hasta hace poco parecía imposible. ¿La razón para hacerse realidad? Bueno, la decisión de un solo hombre: Brad Bird, el talentoso director y guionista que se encargó de la primera entrega y que prosiguió a explorar nuevos proyectos como la fantástica Ratatouillela revitalizante Misión Imposible: Protocolo Fantasma y la decepcionante TomorrowlandCuando eventualmente volvió a Pixar, Bird se puso en una posición complicada, dado que cualquiera de sus ideas sería colocada bajo una exigente lupa. Ahora, mirando la secuela con ella, debería decir que las decepciones pueden ser olvidadas, viendo como Los Increíbles 2 encuentra una historia que contar a medida que disfruta de los múltiples avances que ha acumulado su hogar de animación en la última década. Todo frente a un considerable paso del tiempo, aterrizando sobre una nueva era de cine de superhéroes que perfectamente podría haber convertido a la familia Increíble en algo corriente.

La era actual de no daña a esta secuela, empezando porque entra en escena como si el tiempo no hubiera pasado. El mayor logro de Los Increíbles 2 es presentar una aventura que introduce un avance lógico y que calca los estilos de su predecesora sin copiar cada movimiento. Olvidar los años de por medio es fácil cuando la segunda parte comienza minutos después de la primera. Así volvemos a reunirnos con la familia Parr/Increíble a medida que luchan cara a cara con El Subterráneo, villano que siempre pareció tonto y que ahora resulta una parte clave de un nuevo conflicto. Tras una lucha que afecta el estado de la ciudad, la imagen de los superhéroes vuelve a quedar manchada, por lo que los Increíbles regresan al anonimato. Al menos hasta que el empresario Winston Deavor les ofrece un plan para reintroducir a los héroes y limpiar su imagen. Plan que comienza con Elasticgirl, quién irá a salvar el día mientras Mr. Increíble enfrenta una misión para la que no está preparado: el cuidado y la educación de sus hijos.

Los Increíbles 2 debe simular que el tiempo no ha pasado, pero eso no quita que la década entre una entrega y otra quede fuera de la ecuación. Trazando comparaciones, la secuela presenta un argumento con menos acción y de narración sencilla, apto para todo público pero más cargado con dialogo, casi como si Bird priorizara que su público ha crecido. El director intercambia acción por comedia, topandonos con una continuación humorística, principalmente gracias a las excelentes escenas en las que Mr. Increíble debe enfrentar su rol como padre, en el que sus poderes no tienen ningún efecto. Eso inmediatamente hace que la experiencia sea amena, aunque es una pena que la película se mantenga sobre ese terreno. Asumiendo que la primera entrega está fuera de su alcance, Los Increíbles 2 no intenta superarla, y en vez de poner más fichas sobre la mesa, solo cambia un poco el juego. Es así que explora situaciones novedosas con sus amados personajes y pone énfasis en algunos, particularmente los femeninos. Bueno, y el bebé Jack Jack, quién se roba la atención con sus impredecibles poderes.

Mucho de lo que Los Increíbles 2 hace bien refiere al camino transcurrido. El lenguaje visual es el mismo por obligación y, salvo por el lavado de cara que recibe gracias a los avances animados, todo está intacto. Ahora, el mejor regreso viene de la mano de Michael Giacchino, quien compone otra banda sonora grandiosa que inyecta las emociones por sí sola. Su entusiasmo es tan notorio que la película necesita más situaciones de acción, solo como excusa para lucir a los inquietos instrumentos de viento en las melodías. La música no es la única razón por la que podríamos pedir más acción. Dado que el nudo es sencillo, Los Increíbles 2 debería imponer un desenlace más apoteósico, al menos para contrarrestar con lo predecible que resulta su libreto. Eso sí, las risas se encargan de tapar esa debilidad, por lo que la secuela más esperada de Pixar termina aprobada, incluso si es en base a una inesperada satisfacción. El día se siente a salvo, volviendo a explorar la excelente dinámica de una familia de superhéroes que resultó increíble en 2004 y que vuelve a serlo en 2018.

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