Crítica | Han Solo: Una Historia de Star Wars (2018)

Una aventura de altos, bajos y bienvenida sencillez

Como cuarta parte del renacimiento de Star Wars, es posible que Solo: Una Historia de Star Wars signifique más que el proyecto sencillo que alguna vez fue. ¿Contar los orígenes de Han Solo? Era una obviedad viendo los pasos que daba Disney tras la compra de Lucasfilm. Sin embargo, sumando problemas de producción, cambios de director y las agallas de tocar a un protagonista clásico, la propuesta pronto se convirtió en un punto de inflexión a punto de pasar; un posible freno en la masiva tercer ola de Star Wars. Con el poder de Disney para cuidar sus productos, no es raro que Solo se estrene con pocas señales de peligro. Ahora, las mismas no han desaparecido, y frente a tanta duda, su sola capacidad de entretener tampoco es suficiente para deshacer los tropiezos que comete esta superproducción galáctica. Sí, se disfruta, pero lucha con diversos enemigos.

Más allá de lo que supone estrenarse después de una seguidilla de entregas de Star Wars, Solo es una película bastante simple en pantalla, quizá la más simple desde el estreno de El Regreso del Jedi en 1983. El único objetivo de esta propuesta es darle un inicio al mítico personaje de Han Solo, originalmente interpretado por Harrison Ford. Tratándose de un protagonista con carácter pero pocas aristas dramáticas, inmediatamente queda claro que una película sobre Solo no es un material que requiera decisiones complejas. Así es que se nos sirve un argumento que muestra como Han (interpretado por Alden Ehrenreich) salta de ladrón callejero a contrabandista galáctico, y como en el camino se topa con todos los elementos que lo convirtieron en leyenda. Ese es el acercamiento ideal, entendiendo que realmente no hay una gran complejidad en este personaje, y que sus aventuras se cuentan por puro placer. Luego de Rogue One, El Despertar de la Fuerza y El Último Jedi, esa búsqueda por distraer y desaparecer es una novedad en Solo, solo que la misma lucha con ciertas demandas que la detienen de la supuesta sencillez que busca. En concreto, algunos conflictos narrativos y el vivo deseo de programar promesas innecesarias.

Si detallo los hechos que Solo quiere contar, puede que todo sea meritorio, proponiendo una era clásica de este universo, dónde la noción de western espacial vuelve a ser una intención (tenemos hasta un asalto a un tren). Dicho eso, cuando las ideas saltan a la pantalla, ellas provocan una sensación de montaña rusa. No por la emoción constante, sino por las repetidas subidas y bajadas. El primer acto es desordenado, el segundo es de puro disfrute y el último se divide entre excelentes ideas e instantes de decepción. Elogiando el medio, habitualmente el momento de menor inspiración en toda superproducción (o al menos en las últimas tres Star Wars), Solo conjura su mejor sentimiento cuando se embarca en la misión principal, momento en que obtenemos la mayor unión de personajes, un objetivo claro y la clase de alma aventurera que forjó a esta franquicia.

Sobre los personajes, lo lógico es preguntarse si el espíritu de Han Solo sigue vivo en esta versión juvenil. La verdad es que sí, cortesía de los momentos en que el actor Alden Ehrenreich no intenta imitar a Harrison Ford. Igualar el carisma de tal actor no es tarea fácil, pero Ehrenreich tiene instantes dónde acierta, ya sea que tenga la frase correcta o que esté disfrutando de estar en las botas de este mítico personaje. Por lo tanto, si bien era un hecho para preocuparse, el hombre del título está cubierto, y se rodea de otros personajes que tienen sus encantos. El obvio regreso de Chewbacca funciona, Donald Glover se luce como Lando Calrissian y Woody Harrelson entra en escena como Beckett, un mentor para Han Solo que encuentra su lugar en este relato. El personaje que más desentona es el que le toca a Emilia Clarke, quién tiene un rol diferente para Star Wars. En efecto, la introducida Qi’ra debería cambiar el juego, pero su desarrollo es confuso, al punto en que toma decisiones que desconciertan y no suman a la armonía narrativa.

Solo toma su idea de inicio e inmediatamente responde con lo que uno teme, momentos teledirigidos dónde aprendemos el origen de cada detalle del protagonista. Su nombre, su nave, su pistola, sus apodos, todo adquiere un comienzo. Como dije, eso es esperable en un proyecto de esta naturaleza, pero aquí juega en contra de aquello que hace a Han Solo un icono: su misterio. La magia regresa cuando Solo pierde cuidado, permitiendo que el espectador disfrute bajo los instintos más aventureros de esta serie. El enfoque de las denominadas Historias de Star Wars es ir en contra de la narrativa principal, y ese deseo tiene presencia, encargándose de mostrar que la dicha sigue siendo parte de la galaxia muy muy lejana. Lamentablemente, una extensa duración y la necesidad de dejar cabos sueltos llegan para interponerse.

Han Solo no debería ser tan complicado. Ahora, aunque sea momentáneamente, ésta problemática producción comparte ese pensamiento.

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