Crítica | Pantera Negra (2018)

Dueña de un alma genuina y creativa, ésta es otra joya del cine de comics

¿Podemos dejar de hablar de Marvel Studios por un segundo? Lo digo porque, incluso frente a su indudable calidad y constancia, es agotador ver a un solo estudio como líder de Hollywood. Ahora, es difícil no hablar de Marvel alrededor de su nuevo éxito, porque, una vez más, merecen crédito. Dicho eso, creo que es la primera vez en que Marvel puede quedar por fuera, y el propio estudio lo sabe, porque Black Panther debe ser la película con mayor independencia de su colección. Ahí está el crédito de Marvel, en permitir que esta aventura respire por sí misma, la mejor decisión que pudo tomarse. En una era de conexiones y adaptaciones gritando por secuelas, este film habla por sí mismo y dice más que la mayoría de su género, de hecho, me gustaría que tuviera más tiempo para seguir hablando.

Colocándose justo delante de Civil War en la línea de Marvel, este film sigue al príncipe T’Challa (Chadwick Boseman) de Wakanda a medida que se enfrenta a su coronación como rey de esa ficticia nación. Es así que la película nos lleva por primera vez a ese fantástico país africano, dónde la tecnología ha avanzado, el raro metal vibranium está por doquier y el pueblo está protegido por la legendaria Pantera Negra, título que T’Challa está listo para asumir. El conflicto llega cuando no todo se trata de ser un superhéroe, sino que ser Pantera Negra también significa manejar la política del país y respetar su historia, especialmente sus páginas manchadas con sangre.

Black Panther es dueña de tantos logros que deberían ser divididos en dos categorías: 1) sus aciertos dentro de su universo y 2) sus éxitos como superproducción. Obviamente, lo general es lo que más entusiasma en esta cinta de acción, y esa generalidad refiere a que estamos frente a una superproducción acerca de una nación africana (ficticia, pero bueno) ejecutada por un director y reparto de descendencia africana. Se crea o no, esto es absolutamente raro en el terreno Hollywoodense, y verlo en acción demuestra lo que esta clase de gigantesco cine se ha estado perdiendo. Ahora, más allá de lo que pueda significar ver a un elenco principal negro, eso no catapulta automáticamente a esta película. Le da importancia, verdad y frescura, sí, pero lo que la empuja obedece a la excelente forma en que se apropia de la cultura africana y la enseña bajo un manto moderno que nunca deja de sorprender. Lo que es mejor, la misma se adapta perfectamente a las necesidades de la película de acción habitual. Habiendo dicho eso, por más que tenga lugares comunes, Black Panther no es habitual, y esa es la mejor de sus cualidades.

La magia de esta película recae en sus múltiples balances y combinaciones, que afectan la forma en que se ejecuta esta historia de origen. Déjenme decirles lo que Black Panther tiene. Esta es una película de superhéroes con dejes de una cinta de James Bond, un thriller político, un drama familiar y el documental de una cultura perdida. Dejen que esa combinación se asiente dentro de su cabeza y aplíquenla al cine de Marvel; ahí tendrán una idea de lo que Black Panther trae bajo sus garras, una mezcla tan extraña como funcional. Por más que la seguridad del cine de Marvel la limite un poco, el film se acerca más al pensamiento que Christopher Nolan impuso sobre su trilogía de Batman que las costumbres de Marvel Studios. Bajo el cuidado de Ryan Coogler, quién mantiene la calidad tras Creedel nuevo episodio de Marvel intenta poner su sello en todos los aspectos que pueda, y eso eventualmente afecta el interés en su protagonista. Incluso al rededor de excelente personajes, el personaje de T’Challa/Pantera Negra se beneficia ampliamente de esta aventura, al demostrar que tiene mucho detrás de él. Eventualmente, cuando forme parte de Los Vengadores y sus aventuras, va a ser difícil separarlo de los mejores personajes, siendo uno de los más desarrollados y más interesantes. Porque tiene un país detrás, una cultura, elementos que son genuinos a los ojos del espectador gracias a esta película.

Por más que no escape al hecho de que sigue siendo una película de Marvel Studios, lo que siempre trae pros y contras, Black Panther sigue teniendo privilegios. Para empezar, logra escapar a las conexiones innecesarias con el resto del universo Marvel. El mundo en que se ejecuta esta aventura tiene su propio lenguaje y se enorgullece de éste. No necesita una aparición de Iron Man o la ayuda de Hulk, sino que trabaja con lo que tiene, y lo que usa para conectar tiene sentido. Alejándose de otra costumbre de Marvel, el villano en esta pieza es memorable. Interpretado por Michael B. Jordan, el personaje conocido como Killmonger es una amenaza que representa las dudas y lamentos del protagonista, y establece una posición en la que el héroe del título es capaz de comprender y respetar la mentalidad de su adversario.

La forma en que Black Panther se aleja más de Marvel es en el establecimiento de Wakanda, que se presenta bajo el liderazgo de un diseño de producción colorido e inventivo, que muestra algo que no hemos visto en una pantalla grande. Esa sola idea de un mundo de culturas combinadas y vestimentas vibrantes ya es suficiente para captar nuestra atención. Volviendo a las combinaciones que hacen a esta película, la banda sonora de Ludwig Göransson es otra fantástica adición, uniendo algunos tambores y sonidos tradicionales de África con los ritmos de un rap moderno. Suena como la fusión más extraña, pero es una de las músicas más notorias que he visto en una película reciente.

Black Panther hace tanto bien que es difícil admitir que tiene su problemas. Por ejemplo, es una pena ver que la cinta no haya adquirido un mayor presupuesto para pulir algunos de los efectos visuales menos cuidados, que no son pocos. A su vez, también hubiera sido indicado extender un poco su duración ya que la película quiere masticar un poco más de lo que puede con sus aspectos políticos y el establecimiento de su villano. Teniendo en cuenta que esas son las dificultades, está claro que la película es un éxito. Uno que puede presumir de tener un primer acto perfecto, de darle enrome peso a su protagonista, de interesarse por la cultura y fabricar frescura a partir de una invención genuina. Por más que siga siendo otra película de Marvel, Black Panther es obstinada, y está dispuesta a cambiar el rumbo de la superproducción habitual gracias a su hambre de frescura y ansias por descubrir, combinar y crear. Es otra de las raras piezas en el cine de comics a la que se le permite soñar y alcanzar alguno de esos sueños.

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