Crítica | Star Wars: Los Últimos Jedi (2017)

Star Wars se atreve a pisar nuevos territorios en esta secuela/bisagra de grandes recompensas

Cuando Star Wars: El Despertar de la Fuerza se estrenó en 2015, las expectativas y obligaciones eran claras. Dos años más tarde, el juego no ha cambiado, pero la lista de objetivos tampoco es la misma. Los Últimos Jedi, el impensado octavo episodio en la saga de Star Wars, llega con nuevas anticipaciones y exigencias, a las que evidentemente tiene que prestar atención. Sin embargo, lo mejor de esta bisagra en la nueva trilogía de la galaxia muy muy lejana está relacionado con su valentía para pensar primero en la franquicia, no solamente en lo que habitualmente cuenta como una aventura básica de esta clase. Si, en gran parte, Los Últimos Jedi ordena lo que tiene para funcionar como otra entrega disfrutable de Star Wars, lo que cumple con uno de sus objetivos. Ahora, estaría mintiendo si no dijera que lo familiar de este capítulo es aquello que lo detiene de ser el mejor, ya que cada apuesta y desarrollo que hace es un completo acierto, y la prueba de que el futuro de Star Wars tiene su voz y sus propias intenciones. Intenciones que dibujarán una enorme sonrisa en la cara de muchos amantes de La Guerra de las Galaxias, siempre que estén interesados en ver a su querida franquicia madurando como es debido.

Empezaré por decir que Star Wars: El Último Jedi es una secuela que funciona mejor sin saber absolutamente nada de su trama, algo que resulta sencillo de la mano de su críptica campaña publicitaria. Dicho eso, esa campaña resulta lógica al ver el film, que no es precisamente común en su estructura, o incluso argumento. En cuanto a hechos y escalas, es fácil decir que este episodio 8 es el más intimista de todos. Por supuesto, intimista en términos de Star Wars. Comenzando exactamente dónde terminó El Despertar de la Fuerza, la película nos regresa con Rey (Daisy Ridley), Finn (John Boyega), Poe (Oscar Isaac), Kylo Ren (Adam Driver) y los veteranos de la franquicia, Luke Skywalker (Mark Hamill) y Leia (Carrie Fisher). Ese resulta ser el objetivo más importante, desarrollar personajes. El argumento es fino en cuanto a eventos para una película de 150 minutos, y eso se debe a que, en su interior, la secuela pone los temas y la naturaleza de sus relatos bajo análisis. Este es el momento en que Star Wars realmente hace las preguntas más interesantes, y hasta se atreve a responderlas.

Dejando el homenaje atrás y buscando su propia voz, El Último Jedi encuentra su mayor aliado en el talentoso Rian Johnson, quien dirige y escribe esta entrega. Su trato es muy distinto a la oferta habitual de la saga, viendo como su guion pretende enfrentarse a todo lo que ha formado a Star Wars desde el inicio. Esta cinta reflexiona sobre el destino, el legado, la valentía o cobardía, la fuerza y los míticos lados de la oscuridad y de la luz, y lo consigue con el aprendizaje de todos sus personajes y las excelentes decisiones que están obligados a tomar. Si olvidamos las emocionantes secuencias de acción y los detalles de su argumento, la película pasa a retomar el camino de personajes que resultan más humanos que nunca, cuyas elecciones tienen una profundidad que recuerda el poder de los emotivos temas de Star Wars. Johnson dirige la película con confianza y estilo, al punto en que logra salir de este desafió con la cinta de mayor logro visual en la saga. El aspecto en los momentos más críticos es deslumbrante, por lo que hay un claro interés superficial en la mente del director y de su equipo. Ahora, no cabe duda de que Johnson primero intentó entrar en la mente de cada uno de los peones de esta historia antes de concentrarse en algo más, dado que logra dejar el relato en el lugar más importante y satisfactorio, ese que puede hablar por sí solo.

Sobre la independencia de Johnson, creo que su mejor paso refiere a su juego con las expectativas. Después de El Despertar de la Fuerza, las respuestas eran una necesidad en El Último Jedi, y ésta las enfrenta de una manera tan fría como maravillosa. La película parece estar por delante de sus fieles seguidores, y trata con ellos de una forma valiente, jugando con sus cargadas anticipaciones. Es imposible que alguien vea venir los múltiples giros y, a su vez, cada respuesta en el libreto parece ser la correcta. El film juega a favor de sí mismo, empezando a recordar que la esencia de una buena narración está en lo que la misma necesita. Es sencillo decir que El Último Jedi se hace unos cuantos favores al resolver sus nudos y preguntas sin presiones ajenas, y eso ya es suficiente para dejarnos perplejos, satisfechos y sin una exacta idea de qué es lo que nos espera en el final de esta trilogía. De muchas maneras, El Último Jedi continua un camino que aparentemente había terminado con El Despertar de la Fuerza. Esto se debe a que recién ahora estamos parados dónde deberíamos en términos de futuro. Una vez que vemos esta secuela, es fácil notar que la necesitábamos.

Si pienso en el avance que ofrece la película, es obvio que este material es superior al de su predecesora. No obstante, es imposible evitar el hecho de que Los Últimos Jedi cuenta con elementos que sobran. Esto no se debe a que la cinta es larga y es necesario que pierda minutos, en realidad hasta hay lugar para expansiones de los mejores momentos. Queriendo ser todo, porque una película de esta clase siempre debe serlo, la continuación toma desvíos que estropean su balance e inteligencia. No es nada que resulte mediocre, pero existen unos 20 minutos dentro de esta historia que deberían pertenecer a otra aventura de Star Wars. Por más que tenga muchas libertades y sepa aprovecharlas, la secuela sigue teniendo que lidiar con la satisfacción de cada espectador; y efectivamente, creo encontrar sectores que pertenecen a un relato como Rogue Oneotro que recuerda a las precuelas, y el habitual que apunta a la nostalgia. Para hablar más claro, este episodio es masivo en contenido, intereses y ambiciones. Es casi lógico que tenga sus percances, aunque afortunadamente, éstos ni siquiera se acercan a los incontables aciertos épicos que hace esta suerte de puente para la trilogía.

Siendo un fiel seguidor de Star Wars, creo poder reconocer que la trilogía original nunca contó con ideas que realmente empujaran a los personajes. Existe una razón por la que El Imperio Contraataca es la mejor película de la saga, y es porque presenta conflictos que transforman las miradas de cada personaje. Aun con sus ansias por respetar el valor nostálgico, la nueva trilogía siempre estuvo interesada en profundizar el destino de sus héroes y villanos, y eso es incuestionable en esta instancia, y no solo con el nuevo elenco. Uno de los fuertes es la adición de Mark Hamill como Luke Skywalker, personaje que regresa bajo conflictos completamente nuevos. Su pasado se revela mediante una amargura y desilusión que realmente tocan a los espectadores que crecieron junto a este mítico y perfecto héroe. Eso ya es fascinante por si mismo, pero la forma en que Hamill le da vida a ese nuevo Luke es brillante, y construye la mitad del camino para permitir que Los Últimos Jedi triunfe. Lo mismo podría decir de Carrie Fisher y su última interpretación tras su fallecimiento en 2016. Puede que la aparición de Leia fuera descartable en El Despertar de la Fuerza, pero aquí es otra eslabón que lleva adelante algunos de los momentos más emotivos. Tras la maduración del libreto, Leia y Luke pasan a ser personajes muy satisfactorios, pero no son los únicos. Sumando a sus personalidades, Rey gana mucho a partir de su aprendizaje a través de esta aventura, y el villano Kylo Ren se convierte en el mejor antagonista que ha visto esta franquicia desde un punto de vista argumental. Por una vez, la serie piensa más allá de lo que sea visualmente memorable para un villano y continua estudiando lo que pasa por la cabeza de un miembro del lado oscuro, uno con un legado bastante complejo.

El Último Jedi camina sobre un cuerda floja, estirada por la nostalgia y la búsqueda de nuevos horizontes y mejores ideas. En su paso por la cuerda, hay algo para todo fanático de Star Wars, y quizá por eso pierda el balance que realmente necesita para ser perfecta. Las ideas definitivamente están ahí, viendo como Rian Johnson revitaliza la naturaleza de este universo y descubre la clave de varios temas que siempre estuvieron presentes. La película reconoce lo que realmente importa en este clásico relato de luz y oscuridad, y tiene las agallas de explorarlo como nadie más. Eso es lo que queda al final de este capítulo, y dicha conclusión es capaz de conjurar un sentimiento de gran apego a esta etapa moderna de Star Wars. Una que, en contra de todo pronostico, ha sido capaz de inyectarle nueva vida a un clásico. Por más que siga tratándose de la misma galaxia muy muy lejana, nunca la he sentido tan cerca…

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