Crítica | Borg McEnroe (2017)

Una legendaria rivalidad deportiva llega a la pantalla grande de forma satisfactoria

Vi Borg McEnroe durante el MONFIC 2017

Desde afuera y adentro, la película biográfica y deportiva Borg McEnroe recuerda mucho a lo que Ron Howard hizo con la Forumla 1 en Rush, solo que con tenis. Trabajando con otra de las grandes rivalidades en el mundo del deporte, esta obra dirigida por el danes Janus Metz Pedersen regresa a los años 80, a unos de los torneos de Wimbledon más recordados, aquel que daría lugar al enfrentamiento entre el sueco Björn Borg y el novato estadounidense John McEnroe. Un partido de tenis legendario, anticipado en torno a las diferencias de los dos rivales, cuyas personalidades pasaron a la historia, y lógicamente despiertan el interés del cine. Sin embargo, marcando la comparación con la excelente Rush, hay que preguntarse: ¿Borg McEnroe tiene todo lo que requiere para triunfar? En parte si, y digamos que hace un gran trabajo con su relato. Aun así, con esa historia, es inevitable pensar que el potencial podría haber llegado más lejos.

Debería satisfacer a cualquiera de las dos partes, no obstante, es inevitable pensar que Borg McEnroe es una experiencia superior para quién no conoce la historia de estos dos jugadores y el resultado de los partidos. Lo puedo decir habiendo visto esta cinta sin tener un mínimo detalle de la conclusión y encontrando cierto vacío en lo que la narración ofrece. Sin aburrir ni decepcionar, este cine deportivo encuentra unos cuantos aciertos esenciales para su género: sabe cómo filmar su deporte de forma dinámica y consigue que sus protagonistas sean algo más que simples peones en la cancha. Pero, con un titulo como Borg McEnroe, es evidente que ambos jugadores deberían tener una exploración más interesante y profunda, ya que el deseo de más pasa a ser inevitable a medida que nos adentramos en el gran final. Sobre ese deseo, el mismo se para principalmente del lado de McEnroe, un lado que la propia película olvida ocasionalmente.

Frente a una pared, la cinta está obligada a visitar 1980 desde el primer instante, dado que fue ahí que la historia de los dos tenistas empezó a formarse. Este hecho obliga a que el guion de Ronnie Sandhal describa el pasado de los personajes con distintos flashbacks, lo que resulta obvio pero efectivo. Esas viñetas del pasado informan sobre las personalidades de cada protagonista, y con ellas nos paramos en una conclusión dónde el espectador tiene una idea justa y balanceada de cada jugador en la cancha. Bueno, casi balanceada, dado que la película tiene problemas para encontrar la división correcta de los tiempos. Por momentos, Borg McEnroe es efectivamente lo que suena. Por otros, digamos que la cinta podría llevar solamente el nombre de Björn Borg. No hay problemas en que el proyecto encuentre a Borg como el personaje más interesante, pero con una exploración algo injusta, McEnroe demanda parte de la atención en diversos segmentos. De hecho, cuando llegamos al esperado partido final, John McEnroe es quien salta de la página como el protagonista más intrigante. No especialmente porque lo sea, sino porque hay espacios de él que no reciben el mismo cuidado que obtiene Borg.

Los problemas narrativos son algo que eventualmente pasa desapercibido, especialmente tratándose de una obra de casi dos horas que centra su atención en un solo partido de tenis; uno que efectivamente no se manifiesta hasta el tercer acto. Los primeros dos tercios cargan con herramientas atrapantes, capaces de ponernos en la piel de los dos jugadores y darnos los detalles principales de sus vidas. Afortunadamente, la cinta no inspecciona demasiado en el pasado de los personajes secundarios, sino que todos ellos están ahí para colorear los espacios en blanco de cada protagonista, y eso es más que suficiente. Los tenistas y su enfrentamiento son la misión de Borg McEnroe, y el libreto no olvida ese enfoque, por más que tenga lugar para ir más lejos y fabricar una cinta más memorable. A su favor, las principales piezas del rompecabezas son lo que finalmente lideran el veredicto sobre esta obra de cine deportivo. Tanto Sverrir Gudnason, que interpreta a Borg, como Shia LaBeouf, que interpreta a McEnroe, hacen un trabajo admirable con sus respectivos personajes. Gudnason transmite la calma del deportista, su lucha interna y la dificultad detrás del éxito, mientras que LaBeouf encuentra un gran reto en McEnroe, viéndolo lidiar con la ira y la persecución de un sueño por el que sacrificaría todo, incluida su reputación e imagen. Terminada la película, uno puede sentir lo que ofrecen las actuaciones principales y el enfrentamiento de sus respectivos roles, y con eso, Borg McEnroe gana su partido de forma modesta pero justa, incluso tocando una emotividad innegable que justifica el espectáculo y ofrece satisfacción.

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