Crítica | El Muñeco de Nieve (2017)

El personaje estrella del autor Jo Nesbø llega al cine entre el desorden, la monotonía y un montaje desesperante.

Por poner un ejemplo, si se preguntan por que se aprecia el talento de un director como David Fincher, pueden buscar la respuesta junto a la fiebre de bestselllers de misterio en la pantalla grande. Con dos novelas de furor en las tiendas, Fincher fue capaz de liderar un par de películas densas y enigmatistas, La Chica del Dragón Tatuado Perdida. Cintas que quizá no tienen el respeto que de verdad merecen. Esto se me ocurrió cuando vi La Chica del Tren en 2016, tratándose de una adaptación que apuntaba especialmente alto contando con una de las fuentes más vendidas ese año. Por más que no fuera mediocre, La Chica del Tren no logró entregar el supuesto entusiasmo de sus páginas, dejando en evidencia algunos recursos literarios que no intrigaban en pantalla. Ese fue un ejemplo muy ilustrativo de lo difícil que es adaptar un bestseller. Un ejemplo de 2016, porque el 2017 cuenta con uno todavía más claro de la mano del autor Jo Nesbø y la adaptación de una de sus obras: El Muñeco de Nieve.

Debo aclarar que yo no estoy aquí para valorar libros sino cine, por lo que no puedo opinar acerca de la novela El Muñeco de Nieve ni del protagonista estrella de Jo Nesbø: el detective Harry Hole. Por lo tanto, solo valorando la primera película del personaje, debo decir que el resultado es sorprendentemente desordenado en técnica, narración y calidad. Que eso sea acorde con la prosa de Nesbø es irrelevante, y estará a juicio de otros. Lo cual es mejor, dado que esta cinta tiene muchos problemas para analizar, poniéndolos de frente en el principio y haciendo algo que pocas películas son capaces de lograr incluso frente al caos. El Muñeco de Nieve deja en evidencia una problemática post-producción, que lógicamente resulta en un film sin rumbo, dónde los parches son prácticamente visibles.

Manteniendo lo elemental de la novela negra moderna en la que los asesinatos y los misterios son una obviedad, la serie de Harry Hole gira al rededor de un detective resolviendo el caso crucial de turno. Específicamente en El Muñeco de Nieve, Harry (Michael Fassbender) se enfrenta a un asesino en serie bastante particular, cuyas ansias de protagonismo quedan en evidencia al dejar una marca con cada victima. Esa marca parece ser la de un muñeco de nieve, que desconcierta al detective y lo deja con pocas ideas, complicando más sus propios tormentos personales. Para intentar resolver el caso, Hole deberá seguir el rastro del asesino junto a Katrine (Rebecca Ferguson), una nueva compañera que lo involucrará de más en el asunto. A partir de ahí tenemos un “¿quién es el asesino?”, en dónde los personajes empiezan a ser sospechosos y las muertes se apilan. Aunque la intriga, ésta nunca aflora, ni siquiera segundos antes de conocer la verdad.

Dirigida por Tomas Alfredson (El Topo), ambientada en el frió nevado de Noruega y presentada con un elenco de primera, The Snowman debería acertarlo todo, pero sus logros están contados. Mientras los deslices corren por la nieve, el primero en manifestarse es el rimo. Alfredson es un director hábil con los ritmos densos (su último film fue una prueba de eso), y hay claras indicaciones de que esa habilidad formaba parte de su nueva película. Sin embargo, estamos frente a una cinta empeñada en negarle ese compás a la historia, presentándose con un montaje demasiado alarmante, la primera de las alertas en estas dos horas de cine sin propósito. El prologo se introduce con cortes apurados, que buscan mover la trama con la mayor velocidad posible, y ese deseo rápidamente se convierte en problema.

La desorganización en El Muñeco de Nieve no solo obedece a la edición. El desorden reina desde el principio, recorriendo un misterio que ni siquiera puede resolverse con solidez. Algunas tramas parecen abandonadas, ciertos personajes carecen de propósito y otros lucen comportamientos anclados a lo que la narración necesita. Hay más de dos protagonistas que cambian de actitud sin razón aparente; a merced del libreto, cuya desesperación por llegar a un final satisfactorio es desilusionante. La mala ejecución es innegable en lo técnico y narrativo, al punto en que incluso la idea del asesino despierta dudas inmediatas. Los percances del producto podrán distraer, pero no cabe duda de que están arruinando una narración que tendría problemas para funcionar incluso con el mejor de los tratos.

Para ser ilustrativo, El Muñeco de Nieve es la clase de película cuya campaña publicitaria cuenta con decenas de imágenes que no forman parte del producto final. Eso suele ser un indicio de una producción problemática, una que además es consciente de todo lo que está haciendo. Es evidente que había nervios detrás de la película, probablemente después de empezar a ver el material, porque los engranes están a la vista y no hay dos escenas seguidas en las que se note armonía. Hay cortes que carecen de sentido, otros de respiro, y la forma en que se juega con los personajes es inconcebible, sin entender la naturaleza de sus acciones. Algo preocupante, tratando de cine que basa toda su resolución en la lista de personajes. Si contamos con sospechosos que no tienen razón de ser y sufren cambios de personalidad, entonces la intriga está perdida. La incongruencia acaba presente y por lo tanto la frustración también.

Más que los errores, lo más doloroso son los desperdicios en este thriller nevado. Por una parte, el elenco es brillante, encabezado por un Michael Fassbender que parece estar interesado en el protagonista, por más de que nunca le saque algo característico. Algunas de sus escenas dramáticas funcionan y por lo menos acaba siendo una promesa que mantiene despierto durante la primera mitad. Junto a él se paran otros grandes jugadores desperdiciados, como las confiables Rebecca Ferguson y Charlotte Gainsbourg, y una aparición de J.K. Simmons que supera el despropósito. Todavía más extraño es ver a Val Kilmer entregado a uno de los papeles, porque la cinta casi ni le presta atención. El desperdicio también define la fotografía de Dion Beebe, cuya calidad merece mención y saca buenos cuadros del ambiente frío. De hecho, un buen encuadre general es lo único rescatable de la conclusión.

Puede que tuvieran una película densa y monótona entre manos, pero nada de eso justifica el desordenado producto que obtuvimos de una colaboración de tantos talentos. En The Snowman, los arreglos son visibles e inservibles, localizando los vagos parches que sostienen a esta producción en una pieza. Ahora, esa pieza se viene abajo con un solo soplido, dado que la prometedora superficie no es capaz de esconder hechos innegables como una edición que califica para lo peor del 2017, un misterio que decepciona y una trama que deja incongruencias y cabos sueltos. Los esfuerzos por rescatar a El Muñeco de Nieve fueron notorios, tanto que uno puede ver las señales de auxilio en cada esquina. Las pistas de los retoques son protagonistas en este thriller que carece de cometido y casi se vuelve interesante debido a sus fallos. Es una adaptación que grita por volver a las páginas de su novela tras convertirse en un espectáculo desesperante en la pantalla grande.

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