Crítica | Blade Runner 2049 (2017)

Denis Villeneuve y Roger Deakins encabezan una secuela perfecta que presenta gran ciencia ficción y mejor cine

En la era absoluta de secuelas y remakes, realizar una continuación de uno de los mayores clásicos de ciencia ficción es una alerta roja. Por lo tanto, Blade Runner 2049 fue una mala idea durante mucho tiempo, buscando retomar un producto que bastaba con sí mismo, y que tuvo un camino turbulento entre múltiples versiones y una falta de aceptación en su estreno. Lejos de la duda, hoy 2049 es la clara prueba de que la industria de Hollywood aún tiene interés, y que está dispuesta a apostar en cine cerebral, intrigante y habilidoso, todos elementos que convirtieron a la primera Blade Runner en un hito. Recuperar esa clase de cine para la secuela es todo lo que se necesitó para crear otro clásico, refiriéndome a una continuación que trabaja en los mismos términos de su predecesora; expandiendo y desarrollando un ambiente visceral que baraja una delicada colección de temas. De paso delicado y belleza intraducible, esta secuela es todo lo que debía ser, respetando su origen y contagiándose solamente de lo mejor de esta época de cine.

Con una campaña publicitaria cuidadosa, el argumento de Blade Runner 2049 fue un secreto hasta su estreno y debería seguir siéndolo para quienes no vieron la película. Lo esencial es que continua el camino recorrido por la cinta original de 1982, presentando una segunda historia noir centrada en otro Blade Runner, el Detective K, interpretado por Ryan Gosling. Bajo esa premisa, que obviamente carga con más detalles y una eventual aparición de Harrison Ford como Rick Deckard, la película toma vuelo y nos regresa a un universo distópico que sigue cuestionando acerca de los mismos temas: la inteligencia artificial, su propósito y lo que significa ser humano. En 160 minutos, el film desentierra una trama sencilla que apuesta por el ritmo y la paciencia, de forma que las recompensas sean más valiosas. Al igual que la primera parte, la segunda Blade Runner funciona en la superficie como thriller noir fantasioso, mientras que las profundidades de su realidad ofrecen preguntas filosóficas ancladas a la ciencia ficción.

Acumulando expectativa desde que comenzó su producción, 2049 cuenta con un equipo de cine soñado que logra cumplir con las promesas de su presencia. Para empezar, esta secuela es otra prueba (quizá la máxima) de que Denis Villeneuve es uno de los mejores directores trabajando actualmente, regresando a la ciencia ficción después de La Llegada y encontrando otro desafío. Su dirección claramente tiene influencias con la Blade Runner original, sin embargo, su film también se apega a sus propias preferencias, como la permanencia de un tono serio y sombrío en el que la seguridad nunca está garantizada. Eso construye una parte pasivamente tensa que se va dibujando al rededor de la cinta. Con 2049, Villeneuve vuelve a respetar al espectador, e invierte en cine que también se respeta a si mismo. Sin sacrificar nada, esta pieza gigante se vuelve cine arte, otro hecho a compartir con el film original.

Por más que presente un argumento nuevo, la secuela de Blade Runner es una película extremadamente similar a su predecesora, y eso es notorio en factores que no suelen influir en las superproducciones contemporáneas. El ritmo de 2049 piensa solamente en sí mismo, orquestando una película que se siente como literatura de 1000 páginas en vez de cine de 160 minutos. Que sea larga no significa que la cinta se mueva a paso ligero o que tenga decenas de conflictos. Lo que tiene lo toma con calma, y deja que respire durante todo el tiempo que crea necesario. Es así como las escenas resultan extensas y bellas, apreciando los cuidados diálogos y el espectacular universo de la historia, uno igual de deslumbrante que el de 1982. Con la paciencia hay espacio para apreciar la calidad de 2049 como pieza cinematográfica, desde un punto de vista técnico y también narrativo. Como una buena secuela, muchas de sus reflexiones extienden lo que fue presentado en la primera película, aunque podría decirse que los temas quedan en mayor evidencia y permiten un análisis más claro. Eso se debe a ese respiro previamente explicado, que nunca tiene intenciones de marcharse. Con Blade Runner 2049, hay algo muy claro, es cine que se mueve a un paso delicado y sin turbulencia. y podría decirse que gran parte de sus logros predominan gracias a ese ritmo pasivo.

Con Ryan Gosling remplazando a Harrison Ford como el detective de turno, la película se convierte en más cine noir. La frialdad pasa a ser una obligación en todo aspecto, poniendo la mira sobra una historia trágica. Sea feliz o no, la naturaleza del final es insignificante, porque todo sigue siendo un asunto escabroso en el que el mundo está hundido en un mar de desesperación y tragedia. Así suele sentirse el cine noir entre escenas nocturnas y pistas inconclusas, y Blade Runner sigue manteniendo ese sentimiento, unido a una tesis de ciencia ficción que, como todo en la película, también se toma en serio sus detalles. Expandiendo un poco las obviedades noir, 2049 se centra mucho en el detective protagonista. Al igual que Harrison Ford era clave en su propia historia, Ryan Gosling es dueño de ésta, dado que su personaje está en el centro del libreto, moviendo la narración y abriendo los conflictos más desarrollados de la secuela. El resto de los personajes van y vienen, y sirven pequeños propósitos, aunque no puedo decir que ninguno llegue a ser más que un peón secundario. Eso no es decir que no dejen marca, dado que hay excelentes aportes de todo el elenco, particularmente de Harrison Ford, Sylvia Hoeks y Ana de Armas

Tres décadas atrás, Blade Runner había dejado huella con el aspecto de su universo, y podríamos decir que la continuación tiene un efecto muy similar. No ofrecerá avances que deslumbren, pero la inversión en su mundo es notoria, presentando algo que vive entre la realidad y los efectos visuales. Notar qué es un efecto y qué no pasa a ser complicado, dado que todo en pantalla se ve real y bello, incluso cuando se trata de espacios abandonados. La belleza visual le pertenece principalmente al director de fotografía, Roger Deakins, quién vuelve a trabajar con Villeneuve para otro espectacular despliegue. La fotografía de 2049 es indudablemente la mejor del año, estando compuesta de cientos de planos que podrían pasar desapercibidos como cuadros en una galería de arte. Si bien le pertenece a una película densa y pasiva, la fotografía hace que el ritmo se disfrute, dejando que la fascinación crezca solamente de las imágenes. Es posible abandonar el argumento y concentrar la mirada en el fondo, porque eso también entregaría una experiencia satisfactoria. El aspecto técnico de esta secuela vale el precio de su entrada, teniendo imágenes que son difíciles de olvidar. Ya sea un submundo bajo lluvia, un mar en la noche o una ciudad hundida por arena, Deakins le saca excelencia a todas las locaciones y elementos. Es una fotografía perfecta.

Es imposible evitar los parecidos entre Blade Runner 2049, porque la secuela parte de una continuación de su historia, pero también se concentra en una extensión de temas y lenguaje. Escuchar algunos de los argumentos en la secuela podría resultar redundante debido a la creativa ciencia ficción de los últimos 30 años, sin embargo, doblando la apuesta sobre sus ideas, la cinta se convierte en un producto de su predecesora y también una versión superior de la misma. La escala de esta película y su duración la empujan a un punto en el que debe volverse directa, lo que favorece el planteamiento de sus temas y la trágica narración que impone sobre el protagonista. Blade Runner 2049 es la cumbre de una superproducción interesada en ideas y narraciones densas. El ritmo es bello, lo visual es espectacular y el relato es fantástico gracias a su balance de argumento, ideas y presentación de su universo. Denis Villeneuve y su basto equipo prueban con lo imposible y construyen la secuela ideal, respetando completamente a su predecesora y a su público. Podrá alejar a quienes prefieran su cine constantemente activo, pero eso no significa que las decisiones en pantalla no sean las correctas, porque estamos frente a una obra de ciencia ficción que roza la perfección y le otorga un merecido respiro al mercado de las secuelas, los remakes y las superproducciones.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s