Crítica | It (2017)

La primera mitad de esta adaptación llega en forma de una aventura juvenil tradicional y feroz

Adaptar una novela de Stephen King es un género en sí mismo, uno que cuenta con más de 50 largometrajes. Nunca lo tildaría como un género fácil habiendo tantos relatos decepcionantes y ridículos en la lista de adaptaciones, aunque el peso de esos fracasos está balanceado con unas pocas piezas magistrales. Películas como El ResplandorLa Milla Verde, Carrie o Sueño de Libertad se han convertido en clásicos en torno a las palabras de King, por lo que adaptar una de sus obras maestras supone un evento cinematográfico. Por lo tanto, It (Eso) llega bajo la tensión de muchas miradas, interesadas en una traducción justa y efectiva de lo que muchos definen como el mejor libro de su autor. Esos interesados quedarán conformes con lo que Warner Bros. ha creado, ofreciendo una película que luce la paciencia y el cuidado necesario para realizar una adaptación sólida de esta historia. Bueno, al menos de su primera mitad…

A diferencia de lo que muchos creen, 2017 marca el estreno de la primera película basada en It. En 1990, la novela cobró vida con una miniserie que tuvo impacto y respetó la longitud de la novela, narrando los hechos en dos capítulos de larga duración. De cierta manera, la nueva It pone una oferta similar sobre la mesa, presentando una película que solo cuenta la primera parte del relato. En esta primera mitad, nos adentramos al año 1989 en el pueblo de Derry, dónde varios niños han sido victimas de supuestas desapariciones. Mientras eso es un triste misterio para los adultos del pueblo, la verdad de las desapariciones se hace clara para los jóvenes, quienes comienzan a ser acechados por el único culpable: Pennywise, una criatura sobrenatural con la apariencia de un payaso maléfico.

La propuesta de It es la base para una película de terror habitual, en la que los ruidos fuertes comandan la atención y todo se mueve de forma muy lineal. Con todo su prestigio por detrás, esta producción no escapa a las obviedades de su género, y efectivamente utiliza ruidos fuertes y hace que la historia se mueva sin demasiadas sorpresas. Sin embargo, en esa linealidad se encuentra el mejor aspecto de la adaptación, entregando unos 135 minutos en los que conseguimos simpatizar con unos protagonistas tan tradicionales como trabajados. Ellos tienen algo que inmediatamente recuerda a otras épocas de cine, empezando porque todos son niños, que además se mueven por un entorno de los 80. Casi sin adultos en la trama, la cinta es empujada por un grupo de jóvenes marginados, que experimentan una etapa de crecimiento a través de una trama de terror. Por más que sea horror, It empieza por ser un relato coming of age, una efectiva historia de maduración creíble que incluye la aparición de un payaso diabólico en el medio. Ese payaso sirve como figura clave en la maduración de los personajes e inmediatamente forja una película mucho más hábil de lo que uno podría imaginar. Podemos agradecerle a Stephen King por todo esto, entendiendo que el despliegue de su historia en un entorno juvenil es más efectivo y creíble.

Hay más anomalías que completan al film, no obstante, es imposible hablar de él sin mencionar eso que lo caracteriza. Entonces, hay que admitir que el trabajo realizado sobre el payaso Pennywise es fantástico, al convertirlo en el pilar indiscutible que debería ser en esta narración. Lejos de ser el villano esperable, el icónico personaje se transporta a la pantalla grande con una efectiva actuación y un uso creativo de efectos visuales. Su presencia impone en torno a sus movimientos imposibles, sus transformaciones y la forma en que abre la boca de par en par para comerse a sus victimas. En fin, se trata de un antagonista amenazante y divertido de ver, que protagoniza un par de secuencias geniales que valen el precio de la entrada. En adición al aspecto, la actuación de Bill Skarsgard bajo el maquillaje es igual de intensa, dialogando con maldad y manteniendo una mirada perdida pero intimidante. Junto a las dosis de sangre y los ruidos fuertes, la actuación Skarsgard es lo único capaz de asustar, siendo aquello de verdad se mete debajo de la piel.

Desde afuera, It no es más que otra película de terror aceptable, pero en detalle hay diversos esfuerzos que la sacan de un espacio común. Para empezar, no es casualidad que la primera adaptación de It fuera una miniserie, la novela original es extensa y casi carga con dos libros dentro de uno. La versión que recibimos ahora también comprende su situación, y adapta su primer capítulo con detenimiento. La primera parte podría traducirse a una aventura juvenil anticuada que casualmente tiene a un payaso de antagonista, lo cual es brillante, y a grandes rasgos funciona, mucho más que una producción de dos horas con un único objetivo de asustar. Una importante falla en el cine de terror suele ser la concepción de que el género solo debe asustar; porque la realidad es contraría, y las obligaciones de dicho género son iguales a las de otros. La importancia está en narrar algo digno, con personajes, desarrollo e interés, no solo un montón de relleno entre escenas de tensión y un ruido fuerte al final de cada pasillo. It incluye parte de esos sobresaltos innecesarios y de hecho no causa mucho pánico, pero aún así supera lo desechable, mediante una aventura de maduración cuya efectividad es algo ajena al terror. Al final del día, It no es una película de miedo, sino que es una película acerca de los miedos.

Con uno de sus actores presentes (Finn Wolfhard), es imposible no pensar que It es una temporada corta de la aclamada serie Stranger Things. Hay razones nostálgicas por las que esa serie fue un acierto, y creo que esas mismas razones hacen lo suyo en esta película. No solo por la ubicación anticuada, sino por el buen uso de protagonistas jóvenes en una travesía sombría que funciona en sus dos tiempos: aquel con el payaso y aquel de maduración entre los niños. Sobre esos actores jóvenes, claramente hay futuras estrellas entre ellos (especialmente en el caso de Jaeden Lieberher y Sophia Lillis), ya que son capaces de darle más preocupación al espectador que la mitad de los personajes adultos que habitualmente salen en esta clase de cine. Respecto a su género, It es más que la película de terror de turno, y funciona gracias a una buena ejecución en el molde acostumbrado. Es un primer episodio digno de ser continuado, siempre que logre encontrar la clave de su siguiente encarnación. Efectivamente deberá continuar de forma diferente si quiere triunfar tanto como lo logra ahora.

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