Crítica | Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas (2017)

La creatividad abunda en lo nuevo de Luc Besson. ¿Eso es suficiente?

Por más que siguiera haciendo cine, en 1997, Luc Besson llegó a un punto claro en su carrera. En ese año estrenó El Quinto Elemento, una aventura que pasó a la historia por su creatividad visual y argumental, un clásico ligero de ciencia ficción. Por más que no fuera su mejor película, el trabajo de Besson pasó a ser juzgado con esa cinta como referente. Trabajó con varios géneros, y aun así, se pudo leer “El Quinto Elemento” en casi todos sus afiches, por lo tanto, ver que Besson regrese a una producción similar a la de 1997 es un evento en sí mismo. La forma en que retorna es con una adaptación de Valerian y Laureline, obra de Pierre Christin que Besson aborda con la película Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas, un producto que entra muy fácil por los ojos y se olvida con la misma velocidad.

Es necesario establecer El Quinto Elemento como punto de comparación, dado que mucho de lo que Valerian consigue recuerda a los momentos más inspirados de su director. Luc Besson escribe y dirige esta adaptación, cuya ventaja vive en la creatividad de su mundo, de forma visual y narrativa. Podemos agradecerle a Besson y a la fuente en sí misma por tanta imaginación, y deberíamos, dado que la magia de esta película existe alrededor de cada uno de sus elementos fantasiosos. Hay mucho de ellos, aunque antes tenemos un argumento al que prestarle atención. En ese seguimos a Valerian (Dane Dehaan) y Laureline (Cara Delevingne), dos agentes humanos del servicio “Espacio-Temporal” que actúan para resolver distintos conflictos y amenazas galácticas. Ambos son llamados para una misión delicada en Alpha, una estación espacial en la que cientos de especies, incluidos los humanos, viven en armonía. Y como es de esperarse, esa armonía pende de un hilo dentro de la red de mentiras, bandos y rarezas en la que se meten Valerian y Laureline.

Antes de caer en la negatividad, diré que Valerian es una de la películas más espectaculares a nivel visual. Dejando de lado los efectos especiales, que obviamente son clave, la película alardea de su imaginación a la hora de crear un mundo en el que efectivamente existen miles de especies, miles de planetas y miles de posibilidades. Cada escenario por el que pasan los protagonistas tiene un elemento para sorprender, aumentando la credibilidad en sesión continua. Durante los primeros 30 o 40 minutos, esa fascinación consigue que Besson atrape a su audiencia, orquestando tres secuencias inolvidables, en las que visualizamos las infinitas ambiciones de esta narrativa. La corta introducción ya advierte de esa escala, y por consiguiente, la anticipación por comenzar la aventura se vuelve incontenible. Aunque por supuesto, es difícil lograr que esa travesía iguale la escala de su universo.

Inicialmente tiene creatividad, acción y aventura. Luego, Valerian sucumbe ante otros dos tercios que no tienen comparación, incluso contando con momentos de brillantez espontánea. Los diálogos y el guion de Besson son bastante descartables, por lo que su película construye una montaña rusa que empieza en lo más alto y luego entra en constantes subidas y bajadas. Creo poder contar mis momentos de asombro y de indiferencia, lo cual crea un balance. Lo inusual es darse cuenta que todo está tan desparramado, y que lo positivo llega en tiempos muy arbitrarios. Lo que intento decir es que, debido a un guion inconsistente, Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas pasa a ser tan buena como la ejecución de sus ideas. No cabe duda que su imaginación es infinita, pero no todo es oro en pantalla. Por ejemplo, algunos personajes funcionan muy bien y otros dejan que desear. Entre los que no cumplen están el desechable villano y por momentos hasta el propio protagonista. La elección de Dane Dehaan para el papel de Valerian ya dio que hablar, explicando que el actor no congeniaba bien con el rol, algo que en gran parte es cierto. Conocemos al personaje con descripciones ajenas, y hay mucho del protagonista que no le sienta bien a Dehaan. Sí, como aventurero de turno funciona, y su química con Cara Delevingne es servicial. Ahora, su propio personaje parece exigir que alguien más lo encarne, para parecer más creíble o memorable. Dane Dehaan hace todo lo que debe, efectivamente es una cuestión de casting.

Es evidente que Luc Besson le tiene cariño a la fuente que adapta. Es así como las páginas del cómic original cobran una vida increíble en pantalla. Cada extraterrestre, cada lugar; todo elemento ofrece credibilidad visual para el espectador, quién tiene mucho para procesar. Los momentos en que la audiencia busca encajar con el universo tienen mayor valor, dado que lo visual, por más espectacular que sea, no es suficiente. En Valerian lo visual es memorable porque la creatividad viene antes de arribar al diseño de los elementos. Un mercado invisible, una burbuja capaz de convertirse en cualquiera, un animal que reproduce toda clase de objetos; todo es fantástico, y se le da una vida a la par con su nivel de extravagancia. Catalogada como la película francesa más cara de la historia, no sorprende ver efectos visuales como los que tiene Valerian, los mismos se esmeran en toda clase de situaciones y además se combinan con la clase de efectos prácticos que Besson conoce bien. Adicionalmente, el trato visual es tan creíble, que la acción no decepciona. Entre tanto agregado digital, sería fácil creer que la acción es una parte más de un videojuego, sin embargo, éstas completan muchos de los aciertos en esta producción. Particularmente en el inicio, dónde dos persecuciones (una en el mercado invisible y otra en Alpha) fueron capaces de pegar mis ojos a la pantalla.

Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas propone espectáculo y poco más. La mitad de ese show es de gran efecto, al punto en que todo lo que carece de la chispa necesaria sufre el doble. Frente a sus caídas, podemos culpar al guion, algunos de los personajes, ciertas rutas innecesarias o incluso la excesiva duración. Sea cual sea la razón, el hecho es que lo nuevo de Luc Besson es una aventura competente con momentos de brillantez indiscutible y decepciones evidentes. Aunque a su favor, toda decepción se debe a la enorme ambición de esta épica espacial que, si bien no se luce en aciertos, sigue mereciendo ser vista en una pantalla grande.

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