Crítica | Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar (2017)

Jack Sparrow regresa a los mares con mucha sencillez y una aventura tan problemática como disfrutable

Recorriendo el paso de la serie Piratas del Caribe, sus diferentes momentos son notorios. El primero llegó con la clásica Maldición del Perla Negra, que desencadenó toda una sensación en la pantalla grande. Un triunfo de escalas mayores, gracias a dos secuelas masivas, llenas de nuevos conflictos, personajes, y una necesidad por transformar la sencillez en una acto épico. Cuando los presupuestos cruzaron las nubes y esta franquicia se posicionó frente a una pared, la cuarta entrega, Navegando Aguas Misteriosas, se obligó a volver a los aspectos lineales que crearon este universo de piratas. En desacuerdo con lo que pensó la mayoría, el regreso a la simpleza logró algo decente, otra aventura sólida que al menos supo mantenerse calmada en cuanto a secuencias millonarias. Sin duda había presupuestos grandes, solo que todo a su alrededor era más pequeño que en Piratas del Caribe: En el Fin del Mundo. Realmente, frente a esa tercera parte, elevar las apuestas era prácticamente imposible.

Seis años después de Navegando Aguas Misteriosas, aumentar un poco la escala es más viable, y por eso Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar encuentra espacio para transitar. La quinta entrega propone una preparación correcta, extendiendo la simpleza de su predecesora con ritmo conciso y lineal. Un villano, un objetivo, los personajes de siempre; y todo dentro de una aventura aislada. Esa es la formula que describe el film, y a grandes rasgos, obtiene sus resultados. ¿Es un clásico? Ni en sus sueños, pero anota puntos gracias a su seguridad y ansias por crear una película entretenida que (en parte) recuerde el pasado y controle sus ambiciones épicas.

La Venganza de Salazar retoma los destinos de todos los protagonistas de la franquicia, sin embargo, el foco está en los nuevos personajes y cómo Jack Sparrow (Johnny Depp) eventualmente choca con ellos. La cinta comienza por introducir a un villano, Salazar (Javier Bardem), un almirante fantasma que una vez juró acabar con todos los piratas, especialmente quién lo condenó para siempre: Sparrow. A medida que Salazar entra en juego, otros dos personajes ponen en marcha la aventura. Ellos son Henry (Brenton Thwaites) y Carina (Kaya Scodelario), dos jóvenes en busca del tridente de Poseidón, un artefacto capaz de suprimir toda maldición en el mar. Con ese poder, el tridente también es de interés para el consumido Jack Sparrow, quién no logra encontrar suerte, particularmente con un capitán fantasma detrás de él. Ésto une a Sparrow con los dos jovenes, y desde ese punto, la aventura obtiene su confiable linealidad.

Al haber visto lo que es una Piratas del Caribe compleja (En el Fin del Mundo), este film se digiere con suavidad, y sus logros son notorios, manteniendo el rumbo habitual y solucionando grandes errores del pasado. Para empezar, tras ver la innecesaria adición de aquel misionero y sirena en Navegando Aguas Misteriosas, la nueva entrega enmienda ese fallo ofreciendo dos protagonistas jóvenes mucho más carismáticos y útiles. Éstos si forman parte del relato, y hasta permiten que el aveces explotado Jack Sparrow gane un respiro. A este punto es necesario conocer personajes nuevos, y si bien Henry y Carina no son la idea más brillante, su frescura es bienvenida. Si en algo ha cumplido esta serie, es en la introducción de personajes femeninos sólidos y villanos amenazantes. En el caso de Kaya Scodelario como Carina, digamos que tiene el carácter necesario, alejándose del estereotipo de la damisela en peligro. Del otro lado, el antagonista ha sido motivo de constantes miradas, dado que tener a Javier Bardem como villano supone todo un acontecimiento. Ese acontecimiento no llega demasiado lejos, viendo como su Salazar está enterrado entre unos cuantos efectos visuales. Probablemente sea el villano más olvidable de la franquicia, aunque sus momentos de mayor crueldad no pasan desapercibidos, y con eso acumula una buena reputación. Bardem parece divertirse debajo del maquillaje real y digital, y supongo que eso también se nota en pantalla.

Olvidando las trivialidades, la interrogante básica refiere al nivel de Johnny Depp y Jack Sparrow. Lamento admitirlo, pero su participación es la más cansada hasta ahora. No por culpa de Depp, quien probablemente podría interpretar al personaje mientras duerme, sino porque el personaje en sí ha llegado a un punto de evolución pobre. Sparrow supo ser tan ingenioso como extraño, y los años solo lo han vuelto más tonto. De alguna manera, puedo comprender su evolución, es casi lógica si tenemos en cuenta las cosas que ha hecho y el estado en que se presenta ahora. Su suerte ha desaparecido, su gloria es invisible y su tripulación no daría ni dos chelines por él. Por eso, es natural verlo como alguien más ebrio e incompetente. No obstante, su grandeza se revela cuando es menospreciado, y el problema es que ahora resulta comprensible verlo de esa manera, deambulando de tropiezo en tropiezo. Tampoco es que Sparrow carezca de brillo, dado que el aire proporcionado por los demás le sienta bastante bien.

Dividiendo su duración entre secuencias de tierra y mar, la mayor parte de la aventura entusiasma como debería. Todo inicia con una escena extremadamente exagerada que marca el tipo de acción que proveerá la cinta. Ésta deja las cosas claras, ya que su segunda secuencia subrayada funciona bajo esos parámetros de exageración casi caricaturesca. Todo ese despliegue de acción deja un buen sabor de boca, pensando un par de veces en como crear escenas inventivas. En lo personal preferiría volver a los simples choques de espadas (algo que le falta al film), aunque no puedo retribuírselo al saber que el despliegue de acción está centrado en algo de novedad. Dicho eso, lo que no puede ser perdonado es la forma en que la película se presenta visualmente. Ya sea por el 3D o la facilidad que proporcionan los métodos modernos, hay instancias en las que la película se ve demasiado falsa o digital. Eso es inadmisible dentro de una serie de cintas que siempre hizo un excelente trabajo de unir lo real y con lo ficticio.

La linealidad de su nuevo relato y sus apuestas aisladas construyen una aventura funcional, dónde los problemas solo se manifiestan cuando miramos atrás y recordamos los puntos más altos de esta franquicia. De principio a fin, Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar se presenta como un pasatiempo mucho más anclado a la facilidad de la cuarta o (porque no) primera entrega. Puede que se necesite un poco más de complejidad o ingenio para crear una secuela más memorable, aunque hay algo en este cine que sigue sonando más fresco que las superproducciones más ambiciosas. De vez en cuando, esa ambición puede saturar, y es ahí dónde una película de esta clase tiene sus ventajas, especialmente cuando ya no es común ver un cine que cubra el género de Piratas del Caribe. Siendo otra aventura en altamar, es fácil perdonar alguno de sus percances, y el balance de fallos y aciertos finalmente se inclina hacia lo positivo. Seguro habrá quienes discrepen, pero Jack Sparrow aun se mantiene a flote.

Crítica Audiovisual

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