Crítica | Logan (2017)

Hugh Jackman se despide de su personaje estrella de una manera magistral, en una película adulta llena de violencia y sentimiento.

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Olvidando la sangre, la maduración y el sufrimiento, elementos que forjan a Logan; lo nuevo de Marvel y 20th Century Fox significa mucho más para el sobreproducido cine de superheroes y los espectadores que lo consumimos. Esa novedad se traduce a un nuevo escalón en la adaptación de comics, una que será objeto de repeticiones por parte de otros estudios. Éstos deberían prestar atención en este instante, al tener en frente la lección perfecta acerca de los personajes que saltan de las viñetas a la pantalla grande. Sus historias y películas deben ser autenticas. Por más que se trate de universos más o menos ridículos, la clave está en componer buen cine con ellos. De cierta manera, El Caballero de la Noche entendió esto en 2008, y eso la catapultó al olimpo de los superheroes. Ahora, su legado solo empujó la creencia de que más oscuridad y seriedad eran lo indicado. Incorrecto. La verdad estaba en su calidad natural, luciendo apuestas altas y hechos con consecuencias, enredados dentro de excelente cine de crimen.

Esa iniciativa de crear una adaptación dramáticamente satisfactoria vuelve a rendir frutos con Logan, un western contemporáneo que construye un mundo real y despiadado. Logra esa hazaña a base de todas las incongruencias que pueda ofrecer un comic, y nadie puede negar la veracidad de su ficción, porque todo es fabricado en torno a personajes genuinos. Éstos luchan por sobrevivir (o morir dignamente) en un mundo que les ha dado victorias, derrotas y golpeas prácticamente letales. Y no es que el dolor sea todo lo que tengan, pero éste los define. Eso es lo esencial, tienen algo que los define, dibujando una realidad incuestionable en el film; uno de los muchos aciertos que que consigue esta película violenta y sentimental.

Pensando en la vejez del justiciero, la película nos reúne con Wolverine/Logan (Hugh Jackman) en un futuro cercano, dónde sus aliados X-Men ya no están cerca y solo le queda el cuidado de su mentor, el Profesor Charles Xavier (Patrick Stewart), quién experimenta problemas de salud y no puedo controlar sus poderes. Para garantizarle un futuro, Logan reúne dinero trabajando como chófer, a medida que intenta olvidar su vida de gloria. Sin embargo, esa vida lo vuelve a alcanzar de la mano de una pequeña mutante (Dafne Keen) que busca su protección. Ésto trastorna los planes del cansado superhéroe, y lo reconecta con sus instintos animales, impulsos que constantemente lucha por guardar junto a sus recuerdos.

La última interpretación de Hugh Jackman como Wolverine (y también de Patrick Stewart como Xavier) atrae varias miradas, interesadas en diversos aspectos que Logan toma en cuanta. En primer lugar, la cinta coloca al personaje en un entorno de despedida, y esa promesa final ofrece libertades arriesgadas. El director y guionista James Mangold toma ese espacio amplio y lo convierte en un entorno brutal, despiadado de forma gráfica y argumental. Si algo funciona en el guion de Logan, es que los riesgos existen, y muchos cumplen con sus promesas de dolor, dejando a los personajes sin respiro y sin esperanzas de que todo salga bien. Una vez que la película se pone en marcha, esas esperanzas crecen, pero aun así se topan con amenazas casi implacables.

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El mayor fuerte del film son sus protagonistas, un trio de química inusual que balancea la nueva personalidad de dos personajes clásicos y la primera aparición de Laura, una niña callada y alejada de lo infantil. La pequeña Dafne Keen demanda atención gracias a su excelente trabajo como joven criada entre hostilidad, ahora, Jackman y Stewart son fuerzas demasiado fuertes como para ser eclipsadas. Stewart lucha con el deterioro mental de su personaje, transformándolo en un hombre que ya no conecta con la cordura. Sobre el protagonista, Hugh Jackman da su mejor actuación en la piel de Logan, al sentir el deterioro corporal y emocional del personaje. Éstos son factores esenciales del film, ya que el misma parte en busca de lo no explorado: el ocaso del superhéroe. Los personajes de Wolverine y Xavier son sujetos de esa exploración, y la misma encuentra todo lo que debe. Por supuesto, no todo se adhiere a la idea de un final feliz. La búsqueda de Logan reúne ideas que conecten con el realismo que se impone desde la primera secuencia, no la conveniencia de otras tantas cintas de X-Men.

Tras apostar con Deadpool, 20th Century Fox continua su propia rutina en Logan. Esa rutina propone cine de superheroes para adultos, explorador de géneros más allá de la acción, la aventura y la fantasía. En el caso de Deadpool, su juego era la comedia, y para Logan, el objetivo es el drama. Sin embargo, hay similitudes entre ambas propuestas. Las dos se cruzan cuando hablamos de violencia, dado que su objetivo maduro les permite explotar el lado gráfico de la acción que proponen. Ésto sorprende en esta era de superproducciones, aunque también aporta al funcionamiento del film, haciéndolo más efectivo y visceral. Lo nuevo de Wolverine gana realismo inmediato, incluso con su exagerada violencia. Ésto ocurre en torno a la naturaleza del personaje, quién demanda un grado de consecuencia visual en sus actos. A su vez, es necesario agregar que su exceso sanguinario mejora toda la acción que James Mangold pone en pantalla. La brutalidad conecta con el espectador y eleva la calidad de las secuencia de acción en base a realismo y dolor. Francamente, con un protagonista capaz de curar sus heridas, algo debe mover al espectador. La descontrolada violencia se encarga de eso.

Alejándose de la manada, Logan es la respuesta perfecta a la demanda de comics en el cine. Caminando sobre un campo efectivo y a la vez repetitivo, la película carga el siguiente paso en sus hombros. No hay complicaciones en ese nuevo escalón, solo se trata de la fabricación de cine autentico, que logra entristecer y emocionar en torno a una realidad genuina. La inclusión de toda la ficción de comic es irrelevante, porque ésta funciona más allá de los parámetros establecidos por las historietas y demás adaptaciones. La perfecta química entre los tres protagonistas ayuda a que todo conduzca a una conclusión tan justa como brutal. En ella se establece un punto final, indicado para el film, y esencial para la franquicia a la que pertenece, permitiendo que Hugh Jackman tenga una (posible) despedida en la cima. Logan aprovecha su oportunidad de ser una película para adultos, y por encima de la violencia (que cumple su cometido), sus posibilidades crean un western con el drama y la maduración necesarias. A otro nivel, pero al igual que El Caballero de la Noche, éste es el tipo de pieza con el poder para cambiar el género al que pertenece.

9/10

Crítica en Audio

 

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