Crítica | Aliados (2016)

Brad Pitt y Marion Cotillard se embarcan en un thriller efectivo de cierta madurez y una clara inspiración en el antiguo Hollywood.

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Personalmente creo que Robert Zemeckis es un cineasta tan bueno como el material con el que trabaja. Como director ha tenido decisiones particulares, como su excesiva dedicación a la captura de movimiento durante casi una década. Aun así, siempre parece estar a la altura si la idea es solida, y Aliados es evidencia de eso. Con otro guion de calidad escrito por Steven Knight (Locke), Zemeckis comprende lo que tiene que hacer y procede a construir un balance hábil de algo anticuado para el Hollywood de hoy.

Las tramas de espías, los romances y la madurez del cine pasado son tomadas en cuenta por Aliados, uniendo a Brad Pitt y a Marion Cotillard en un thriller de amor y espionaje ubicado en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Pitt interpreta a Max Vatan y Cotillard a Marianne Beausejour, dos agentes infiltrados en Marruecos para asesinar a un general Nazi. Ambos operativos deben simular ser pareja para pasar desapercibidos, algo que les resulta complejo teniendo en cuenta sus diferencias en el campo. No obstante, el choque de sus personalidades los empuja a un romance real que los retira y les da a ambos un final feliz, o al menos eso piensan.

Los adelantos de Aliados han arruinado bastante su argumento, al revelar ciertas piezas de su funcionamiento que merecen ser experimentadas en el momento, particularmente por como se comporta esta cinta. Lo nuevo de Zemeckis se divide en unas dos o tres películas diferentes, que abarcan distintos géneros y puntos de atención sobre una misma historia. Esa primera parte es clara y cuenta todo lo referido al romance de los dos protagonistas, pero lo que sigue transforma la trama en un thriller de espías a partir de un solo elemento que cuestiona lo visto y lo que veremos.

Esas preguntas que avivan el suspenso de Aliados son leves, partiendo de la base que esta película no busca entrar demasiado en el drama o la intriga del problema, sino que se dedica a crear tensión con unas pocas secuencias. Esos instantes no ponen al espectador al borde de su butaca, pero aseguran que éste mantenga la mirada conectada y deje que Zemeckis lo entretenga. El libreto de Knight es especialmente sencillo, y ofrece elementos tan obvios como disfrutables; y toma esas rutas porque aquí no hay ambiciones sin descubrir. Por lo contrario, la idea de la cinta es suficiente para atraparnos, especialmente por como se presentan sus actos. El punto de interés conduce hacia una pregunta inmediata referente a su conclusión, y ésta acepta pocas respuestas. No obstante, las posibilidades que hay captan la atención y no dan respiro hasta el final, dónde el film muestra un grado de madurez y ofrece un correcto desenlace.

Que la película ubique la introducción en Casablanca, la ciudad de Marruecos, es un claro homenaje el clásico film del mismo nombre. Por su parte, Aliados propone un regreso al pasado que recuerda a los tiempos de Casablanca, donde un thriller romántico calzaba perfecto entre las producciones de Hollywood. La trama le dedica mucho al romance, siendo esencial en la construcción de lo que sigue, y para ello cuenta con el talento de Brad Pitt y Marion Cotillard en un enfrentamiento de actuaciones algo disparejo. Ambas estrellas cumplen con lo necesario, aunque es inevitable abandonar la sala pensando que Cotillard comanda cada instante en el que aparece y Pitt solo queda mejor parado cuando participa en alguna escena de acción o confrontación. Eso no es grave, excepto por el hecho de que Pitt es el indiscutible protagonista de la pieza, y ha logrado mejores interpretaciones que ésta. Con lo dicho, el romance es creíble y consigue implicarnos en todo lo que sigue referente a sospechas.

Tratándose de una ejecución sólida de un guion firme, lo más recomendable de la película consiste en retomar la producción de un cine de suspenso adulto, cargado con lo tradicionalista del género y sus orígenes. Por más que agregue desvíos de acción o factores innecesarios, el film está dispuesto a indagar un poco en el romance y sobrevivir a base de la paranoia introducida por el nudo. Conflicto que de hecho no asoma la cabeza hasta pasados los primeros 40 minutos. Hay algo poco ortodoxo en eso, y esa falta de cotidianidad atrae más que grandes giros de trama. Lo presentado es efectivo, y las manos de Zemeckis lo hacen más accesible sin arruinarlo. El director trabaja con sensibilidades del pasado para que el presente pueda seguir su juego, y la forma en que lo resuelve todo deja claro el lado en el que cineasta esta posicionado. En comparaciones, Aliados es la mejor oferta de Zemeckis en una década, principalmente por la clase de cine que se dispone a realizar. Hay algo clásico en este drama romántico, y el equipo a su cargo sabe mantener la clase, logrando elevar más un material bien fundamentado.

7/10

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