Crítica | High-Rise (2016)

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Vi High-Rise durante el 4º Festival de Cine Europeo de Life Cinemas.

Hay algo en High- Rise, film en que el británico Ben Wheatley recibe un elenco y presupuesto diferente de su habitual trabajo independiente, que de verdad suena a novela inadaptable. En concreto, el libro en el que la cinta se basa fue denominado como inadaptable y es algo entendible en torno al mundo que Wheatley y la guionista Amy Jump se atreven a poner en pantalla, lo cual incluye un caos incomprensible sumergido en exceso y grandes ideas que se esconden dentro de la experiencia. Un espectáculo creativo, confuso, oscuro y salvaje.

high-rise-critica-infoRascacielos se levanta sobre cimientos de cuestionable efectividad, presentando una película que nunca tiene miedo de hacer lo que debe para sumar elementos a su excéntrica premisa que se abre para aquellos dispuestos a mirar y discutir más allá de lo está en pantalla. El relato comienza de forma habitual luego de una presentación sospechosa, introduciéndonos al perfectamente normal y exitoso doctor Robert Laing (Tom Hiddleston). Laing es soltero, buen profesional, respetuoso, formal y nos reunimos con él a medida que empieza mudarse al “edifico”, un rascacielos exclusivo y aislado con todo lo que alguien necesita. Deporte, entretenimiento, compras, alimento, jardín y hasta vicios, todo en una enorme cantidad de pisos que proponen un estilo de vida único. La vida es indudablemente buena en el edificio, pero Laing pronto descubre que la perfección y la clase tienen un precio a medida que los vecinos chocan y los estilos de vida marcan una línea que divide a la construcción y cambia su concepto como el hogar del mañana.

Ambientada un par de décadas atrás, la película se ve y se siente como una visión futurística de la época en que ocurre. Esa mirada moderna no está precisamente centrada en artefactos de un futuro completamente ficticio, sino que basa su concepto de vida acomodada en algo sólido, sencillo y envidiable; cambiando, no la forma, sino el estilo de vida en general. Para bien o para mal, los habitantes del edificio tienen una vida acomodada, contando con los lujos de cada piso, no obstante, existen ciertas diferencias económicas entre apartamentos, lo que lleva a que el edificio se incendie en caos. Poco después de que Laing se muda, la cinta se convierte en el concepto que tanto desea, resultando en un misterioso y entretenido alboroto que es fácil de explicar, pero sigue haciéndose desear en torno a la aleatoria forma en que actúan los personajes.

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Tanto el elenco como los personajes hacen de High-Rise algo más aguantable. Parte de su formula es golpear al espectador con su concepto caótico constante. Ese colosal desastre podría agotar la paciencia, sin embargo, un excelente reparto hace que nos interesemos en los protagonistas, ya sean héroes o villanos. Dado que la regla en Rascacielos es intentar sobrevivir y llegar a la cima, al menos en la superficie de su inteligente idea, los peones en el juego son disfrutables actuando de formas completamente inesperadas, sínicas, dementes y hasta cómicas. La mezcla es muy buena, intentando descifrar a cada personaje, como Royal (Jeremy Irons), el arquitecto del edificio, Wilder (Luke Evans), un hombre dispuesto a documentar la vida en el edificio, Charlotte (Sienna Miller), una madre soltera de actitudes cuestionables o el mismo Laing, un enigma para la descontrolada vida en el rascacielos.

Basado en la novela inadaptable de J.G. Ballard, el trabajo de Ben Wheatley no es precisamente especial porque él es un director absolutamente versátil. De cierta manera, él es el hombre indicado para el trabajo, ya que todo le sienta bien a sus fuertes, no obstante, el cineasta aun trae sorpresas para quienes lo siguen. Acostumbrado al arte en sus films, High-Rise cuenta con un ritmo mucho más convencional, a la par con su aspecto. Eso no significa que el contenido sea descartable. La película pasa de ser visualmente formal a convertirse en un circo grotesco, algo que divertirá a algunos espectadores, pero alejará a los demás pasada la primera mitad. Lo que funciona en el film no viene de una sorpresa final, simplemente es un concepto desarrollado e inteligente que dispara desde un primer momento y nunca vuelve a contener su explosión.

A simple vista, hay varios parecidos entre High-Rise y la reciente y genial Snowpiercer, sin embargo, lo que aquella cinta traía en entretenimiento y acción, la primera lo cambia por más énfasis en su metáfora. Su idea central es simple, pero permite lecturas y buenas discusiones al dejar la sala y ponerse a discutir acerca del único protagonista: el edificio. Podrá verse ficticia, pero la cruda realidad del edificio y los hechos del mismo hacen de High-Rise una película de ambiciones que no siempre están a la altura, aunque constantemente lucha por transformar su extraña naturaleza en un entretenido estudio del ser humano dentro de un ecosistema cerrado y nuevo.

8/10

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