Entre la Luz y la Pantalla 3

Te Conozco

A todos nos ha pasado alguna vez. Nuestras vidas están tan llenas de personas y estímulos que todos los días vemos caras conocidas, o que al menos creemos conocer. Es un hecho que ocurre en distintas instancias de nuestros días y, de hecho, esa misma sensación se ha trasladado a la sala de cine.

La sala de cine, a la que recurrimos para escapar de la realidad y las verdaderas caras conocidas o situaciones cotidianas, se ha vuelto otro espacio en el que aún sentimos una alucinación de repetición. ¿A qué se debe exactamente? Principalmente a que seguro reconocemos a diversos actores. Éstos incluso son parte de nuestra conexión con el mundo real. Hemos escuchado las palabras “él se parece a” o “ella me hace acordar a” y ambas oraciones suelen terminar con alguien reconocible globalmente, especialmente cuando se trata de un comentario casual.

Ahora, dentro del segundo plano, saber quién actúa o no en una película no es necesariamente algo que resulte repetitivo. Especialmente cuando se trata de algo sencillo de reconocer. Pensando los efectos que suelen tener las ficciones a un nivel general, aquella sensación de que sabemos que ocurrirá en una es abrumadora. Prácticamente mecánica a este punto en el que las narraciones carecen de la imaginación que alguna vez las hicieron tan fascinantes.

Secuelas, precuelas, tramas visitadas y argumentos reciclados. Todo eso comanda el proyector en el siglo XXI, la época de cine en que las ideas parecen haber desaparecido y el ingenio solo es mencionado debido a la clara falta del mismo. Si bien las ideas verdaderamente originales murieron hace mucho tiempo, nosotros vivimos en una era en la que la falta de ingenio ya no es disfrazada. De forma directa, la poca originalidad que aún nace de autores auténticos o mentes apasionadas es copiada. De forma literal. Con promesas falsas y la autorización de aquellos responsables por crearlas en un principio, las buenas ideas regresan en formas muy similares. En paquetes que engañan a ciertos espectadores, pero que hasta ellos saben que algo suena conocido.

Cada vez que un remake, reinvención, reimaginación, o como cualquier estudio decida llamarlo, llega a las salas, la actitud en torno al mismo es de simple existencia. Quienes aceptan revisitar algo ya visto conocen lo que verán y de seguro se acercan a ello con desprecio. Quienes no han visto nada, se enfrentan a una versión potencialmente menor de algo cuyos esfuerzos son simples espejismos. Después de todo, el camino ha sido indicado por alguien más previo a esta repetición.

Sea cual sea nuestra reacción ante tanta falta de imaginación, la respuesta de los espectadores ha dictado un camino sin retorno en cuanto a los remakes. El tiempo es testigo de esto, así como lo son los estudios que aún compran ideas ajenas para volverlas a empaquetar. Estos productos han elevado su producción en años recientes. Observando el periodo de tiempo entre los años 2012 y 2015, la cantidad de remakes en la industria del cine (las series televisivas quedan por fuera) llegó a los 29. Es decir, cuatro años de cine en el que 29 cintas de gran escala fueron recreaciones de trabajos de menor tamaño pero verdadera originalidad.

Las cifras por año continúan demostrando que la producción de estas burdas copias (sin contar determinadas excepciones) está en alza. En 2012 y 2013 cada año contó con cinco remakes, sin embargo, en 2014, ese número por poco consiguió duplicarse llegando a estrenar ocho de estos proyectos en 12 meses. Pasando al año que nos compete, el mismo confirma la elevada producción.

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El 2015 estrenó 11 remakes, de los cuales dos lograron consagrarse como absolutos fracasos, tanto en la taquilla (un rendimiento por debajo de sus respectivos presupuestos) como en la crítica. Ambas cintas fueron comparadas con sus contrapartes y se llegó a la conclusión de que ninguna ofrecía nada nuevo en torno a lo ya visto. Es más, la decisión fue unánime al decir que éstas destruían los logros de sus antecesoras. Las películas en cuestión fueron Los 4 fantásticos de Josh Trank y Secretos de una obsesión de Billy Ray. Enfocando mí atención en la segunda, dado que se inspira en la argentina ganadora del Oscar, El secreto de sus ojos de José Campanella, hasta su propio país le dio la espalda. En torno a reinterpretar material ajeno, Michael Phillips del Chicago Tribune reconoció que el remake es “Una rutina de karaoke, no su propia y convincente canción de amor, muerte y el resultado de ambos.”. Valorando casos como éste, el cual simplemente es el más reciente por parte de Hollywood, y el ejemplo más práctico para nosotros, sin contar el remake de La casa muda en 2012, ¿Cómo es que los remakes siguen produciéndose?

Los intentos fallidos abundan en este género de cine calcado, por ello se considera ridículo que los mismos sigan fabricándose. Ningún estudio lo gritara desde los cielos, pero la respuesta a la persistencia refiere a una falta de imaginación y de valentía. No hay valor para estrenar aquellas películas originales que hoy son repetidas incansablemente debido a su asegurado éxito.

El número de remakes es grande con 11 títulos, pero el 2015 también fue responsable de entregarnos más de 30 continuaciones a trabajos pasados. Eso suma a más de 40 películas cuyas propuestas cabalgan sobre la imaginación de algo más. Entonces, con un porcentaje alto dentro de la grilla cinematográfica anual, los remakes y secuelas van hacia arriba, mientras que la imaginación desciende en cantidades cada vez más preocupantes.

Por supuesto, Hollywood siempre será el responsable de esta ola de repeticiones. Porque su industria funciona de la siguiente manera. Los estadounidenses no parecen demasiado interesado en ver algo en otro idioma que no sea inglés, lo que descarta productos subtitulados. Por eso se fabrican los remakes desde un principio. Ésto se corrió a Europa, que no se queda atrás con su producción, pero tampoco fueron los únicos, apreciando un índice alto de este ejercicio por parte de Colombia, México y Corea.

Existen casos que escapan a la regla, que se han convertido en éxitos, han superado a los trabajos originales y han sido hasta galardonados. La ganadora del Oscar, Los infiltrados, es un gran ejemplo de esto. Pero aún con esos méritos, está el hecho de que aquellos atrevimientos iniciales han sido robados de su encanto y hoy son fantasmas de películas que consumieron su esencia.

Las estadísticas que competen al cine moderno son una decepción en ascenso comparándolas con las de décadas pasadas. Aunque, en el cine no todo son números, y no debería serlo. Entendiendo que el mismo está ahí para sentirlo, extraño la sensación de haber visto algo antes. De pensar que lo conozco cuando en realidad no estoy del todo seguro. Pero hasta esa sensación muere en brazos del cine expuesto el día de hoy. Y lo hace porque, en efecto, sí conocemos a esa película en pantalla. La hemos visto antes. A quien nos presentan ahora, ella no es más que una impostora.

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