Crítica | La Gran Apuesta (2015)

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¿Somos estúpidos? Seguro que cualquiera diría que no, pero déjenme aclarar la pregunta: no lo digo por nada en particular, lo digo a nivel de especie que constantemente toma malas decisiones y las explota hasta que no pueden ser controladas. Sé que la pregunta es algo grotesca, pero de alguna manera, La Gran Apuesta, la mejor película de Adam McKay, la realiza sin compasión.

the-big-short-infoDurante pocos minutos dentro de la adaptación de The Big Short, la novela de Michael Lewis, es posible responder a la pregunta con un sí absoluto, y hasta es posible enlistar las razones para responder de esa forma: porque la avaricia creó planes fallidos, porque creímos en esos planes, porque la supuesta “buena vida” manufacturó una enrome catástrofe económica y porque hoy esa enorme catástrofe podría volver a formarse poco a poco a medida que nos olvidamos. Lo olvidamos todo y creemos que los días malos son parte del pasado. Ese es el tipo de pensamiento que evoca La Gran Apuesta, estando cargada con una historia actual y compleja, pero atontada para nosotros los espectadores, una decisión que la hace mucho más de lo que cualquiera imaginaría.

Es irónico que catalogue a un film como inteligente cuando nos toma de tontos. No obstante, el mismo utiliza esa herramienta para hacernos reír, debiendo tratar con el trágico relato de la burbuja del mercado inmobiliario estadounidense ocurrida en 2008. Combinar carcajadas con distintas lecciones es su propuesta más ingeniosa, dado que prueba exactamente todo lo que llevó al pueblo norteamericano (y al mundo si se quiere) a quebrarse por tanta estupidez relacionada con el área inmobiliaria, los préstamos y demás factores. Mientras el espectador sonríe frente a las toneladas de conceptos a comprender, la película tiene las agallas de preguntar si lo que estamos haciendo es correcto. ¿Es apropiado reírse de todo esto? Claramente no, pero ésta continúa intentándolo y efectivamente lo consigue.

La Gran Apuesta sigue a un grupo de personajes que pronosticaron la mencionada crisis y le sacaron provecho. Por un lado, Michael Burry (Christian Bale), el jefe de un prestigioso fondo y el primero en prevenirlo todo, por otro, Jared Vennett (Ryan Gosling), un banquero con un elaborado plan, y por último, Mark Baum (Steve Carell), un hombre con el deseo para ganarle a la avaricia de los bancos y una oportunidad única. Estos individuos nos llevan por los distintos conceptos involucrados en la historia, las razones por las que se dio esta burbuja y la forma en que la misma afectó al mercado. Todo acompañado por una peculiar forma de contar los hechos.

Ryan Gosling inicia la película con uno de muchos quiebres de la cuarta pared, y a partir de ahí, tanto estos como otras extrañas decisiones se apoderan del film para siempre. Con eso me refiero a tomas con extraños acercamientos, aportes visuales e invitados especiales (uno de los mejores chistes en su repertorio). Dicha fusión poco imaginable es efectuada a la perfección, lo cual declara un lenguaje auténtico que resulta educativo y entretenido. Aún con su comedia o escenas de simple disfrute, La Gran Apuesta es cautivadora en muchos sentidos, hablándole a toda clase de espectador. Su mezcla versátil protege lo más importante, que aquel en la butaca escuche. La cinta hablará fuerte y sin tapujos, pero sigue teniendo algo que decir, ya sea que enoje o sensibilice al espectador -eso ya está fuera de su alcance-, pero el mensaje es fuerte y claro.

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El proyecto “serio” de Adam McKay (Hermanastros, The Other Guys) apareció en radar debido a su reparto estelar, y bajo su dirección, ese mismo reparto brilla y balancea la pieza maestra de McKay. Cada actor tiene su propio sector en el film, interactuando con ciertos personajes y proponiendo pocos encuentros entre los protagonistas. Por más que traten de lo mismo y sigan el ritmo establecido, las diversas líneas argumentales nunca se unen. Bale y Carell son los actores con más drama en sus actuaciones, por lo que ambos se lucen encima de los demás. Por supuesto, el personaje de Bale es algo más complejo que el de Carell, pero el segundo agrega más puntos con un desempeño que se aleja de sus inicios cómicos. Al parecer, su actuación en Foxcatcher no fue una simple coincidencia. Haciendo de todo más disfrutable, sí esta Ryan Gosling para aportar su carisma y explicar los hechos como a él se le ocurre siendo un narrador pasajero. Brad Pitt, Finn Wittrock y John Magaro completan el reparto y no desentonan en lo más mínimo liderando la tercera de tres líneas narrativas.

Retengo el concepto de “estupidez” y lo asocio a nuestra especie debido a lo mucho que forma parte del guion escrito por Charles Randolph y el mismo McKay. Las palabras estupidez, estúpido, tonto y demás similares, aparecen constantemente en los diálogos del film. Tratándose de una historia en que el mismo ganador es un villano, el ser tonto o avaricioso corre en las venas de casi todos los individuos en pantalla. Al tratar con un libreto de su propia mano, McKay reconoce que sus “héroes” tienen sus propios intereses, y en vez de ver la verdadera crisis, ellos simplemente la tomaron como su propio juego de apuestas y gigantes beneficios.

Sin haberla visto, muchos han asociado al film con El Lobo de Wall Street, tratándose de una comedia acerca de Wall Street, trampas al sistema económico y alocados momentos. Una similitud muy básica por sí sola, pero comparando sus verdaderas formas de trabajar, La Gran Apuesta enseña un cine similar al que Martin Scorsese le dio a su comedia protagonizada por Leonardo DiCaprio. La película de McKay utiliza las risas y la garantía de pasar un buen rato para ejecutar una agenda extremadamente compleja y ambiciosa, cuyas lecciones ofrecen risas durante dos horas, pero asustan luego de su escena final.

Cuenta con 10 minutos de más, pero el montaje de Hank Corwin es muy atinado, mezclando los ingredientes con el mismo lenguaje que el director le exige a sus actores. Uno que, a diferencia de la mencionada El Lobo de Wall Street (no es que sea superior, simplemente es un punto de comparación), incluye momentos de gran drama, mechados con todo lo caricaturesco. Esta decisión se debe a que La Gran Apuesta sigue siendo un drama. Sigue contando como un minúsculo grupo de personas vió lo que nadie más, y como ellos contemplaron como algo tan inmenso podía venirse abajo a base de confianza, avaricia y estupidez. Y efectivamente, se vino abajo. Regresando a la pregunta inicial, no tiene sentido responder si nuestra especie es estúpida, pero en cuanto a La Gran Apuesta, puedo asegurar que es un film definitivamente inteligente.

9/10

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