Crítica | En el Corazón del Mar (2015)

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Incluso teniendo interés por los hombres en el barco, hay algo en lo más reciente de Ron Howard, un drama de altamar acerca de la historia que inspiró Moby Dick, que no nos hace cómplices de sus ansias por cazar a la más gigantesca de las ballenas. Deseando toparnos con los impactantes encuentros con esta criatura, En el Corazón del Mar acierta con su espectáculo, pero falla en torno al drama dentro del barco protagonista. Y por más que los tripulantes sufran con cada calamidad de esta catastrófica historia, la épica no consigue conectar exactamente como pretende.

en-el-corazon-del-mar-info-criticaEn busca de repetir la combinación de drama y espectáculo que hizo de Rush algo tan apasionante, Ron Howard nos ofrece el relato real que acabó inspirando la clásica novela americana Moby Dick. La misma retrata la obsesión de un capitán de barco por capturar a una ballena-monstruo, por así decirlo. La palabra “monstruo” se vuelve correcta en la película de Howard, admirando como consigue transformar las imágenes de una ballena inmensa surcando el océano, en el merodeo de una criatura desconocida que atemoriza a los hombres a bordo del Essex, un barco ballenero que se adentra en el océano en busca de grasa de ballena.

Previo al esperado encuentro con lo prometido, las dos horas de En el Corazón del Mar no tienen en ojo al monstruo, sino que mira a los hombres enfrentándolo. Dos hombres en particular, según explica el narrador (Brendan Gleeson): el capitán del Essex, George Pollard (Benjamin Walker) y su primero al mando, Owen Chase (Chris Hemsworth). En efecto, la rivalidad colorea dos tercios de esta aventura anticuada, pero la misma carece del poder adecuado como para atarnos a sus conflictos. Estableciendo motivos para enfrentar a los dos protagonistas, los mismos son visitados parcialmente de camino a la perdición, lo que consigue que el drama del tercer acto se escape por la borda.

Los momentos crudos o difíciles sobran en la pieza que pretende crear Ron Howard, y sin duda su trabajo mantiene a salvo sus escenas más claves e impactantes. Las cuales no siempre tienen a la ballena como protagonista. Para cuando los problemas sobre el Essex se incrementan, la película por fin se topa con su punto de inflexión, el ataque del monstruo, pero el mismo convierte a una aventura en un evento de supervivencia que funciona, pero rara vez se asocia con la primera mitad. El asunto queda dividido y cuando acaba, el sabor del viaje no se acerca a la emoción que añora evocar en la audiencia.

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El guionista Charles Leavitt, autor del feroz libreto de Diamante de Sangre, prepara algo decente a base de realidad, la cual se conecta con Moby Dick mediante la aparición de su autor Herman Melville (Ben Whishaw). Sin embargo, lo solido del guion cobra vida gracias al trabajo técnico. Tanto Howard como los efectos visuales a su cargo, logran maravillas en pantalla, haciendo que la visión se sienta realista. Aun cuando no conecta como debería, la travesía en el océano se hace más atractiva gracias a lo visual, siendo este el punto promocional del film. Y ese punto es permanente durante toda la duración gracias a la excelente fotografía de Anthony Dod Mantle. Mantle se rige por un tono especifico, amparado por un filtro verde, y ese mismo hace de En el Corazón del Mar algo más auténtico y creíble cuando la gigantesca ballena aparece en pantalla.

Chris Hemsworth, Cillian Murphy y Benjamin Walker dan mucho de sí, pero sus actuaciones quedan eclipsadas cuando la gran ballena divide las aguas y destroza todo a su paso. En efecto, su escala es incuestionable, y su trato es similar al que recibió la versión más actual de Godzilla, por lo que las secuencias de acción impactan y merecen su proyección en la pantalla más grande posible. El 3D no le hace ningún favor a la atmosfera oscura de la película, pero la sala de cine es el lugar indicado para deslumbrar la vista con sus enormes dimensiones. Ellas hacen que enfrentemos a su criatura desde el lugar de los protagonistas sea algo verdaderamente memorable.

Ron Howard es un director con talento, capaz de unir el drama y el impacto en un solo paquete. Pero, este proyecto no está precisamente caracterizado por el drama. Es el espectáculo lo que funciona en él, por lo que Howard solo puede brillar en el mar turbulento, mientras que su paso por tierra firme o aguas más calmadas no tiene lo mismo para ofrecer. Es así como el momento en que Herman Melville parte decidido a escribir Moby Dick resulta algo decepcionante en manos de En el Corazón del Mar, ya que una adaptación de la mencionada novela hubiera resultado más gratificante con todo lo que esta película presenta. Lo cual es mucho, pero podría haber aspirado a más.

6/10

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