Entre la Luz y la Pantalla 1

La Butaca Casera

Son las 10 de la noche. Te arreglaste, tu pop esta caliente y ya estás en tu butaca, listo para disfrutar del show. Nada suena mejor que eso. Olvidar los problemas de la semana y sumergirse en un mundo ajeno y ficticio con la capacidad de distraer por un par de horas.

Cualquiera que haya estado en un cine conoce esta sensación. Sin embargo, al día de hoy, es posible establecer ese mismo escenario, exactamente como lo describí, desde el sillón de nuestra casa. Los videoclubs desaparecieron y la programación por cable ha perdido su popularidad, pero aún queda el streaming, la herramienta moderna que ha cambiado la forma de ver películas y series desde nuestros hogares. Aunque, referido a ésta, queda preguntarse: ¿se trata solo de un cine artificial o es el último esfuerzo para eliminar al mismo?

El streaming irrumpió en escena hace algunos años, pero actualmente es la forma de consumir contenido audiovisual por excelencia. Ofrece ficciones, documentales, cortos y lo hace en formato de serie o película. Estos servicios, como Netflix o Amazon Prime, convocan a una o más personas frente a una pantalla hogareña y les ofrecen infinitas posibilidades para deshacerse del tedio las 24 horas del día. Comparando ese panorama con aquel ofrecido por la tradicional sala de cine, la cual ha existido desde siempre, la balanza se inclina a favor de lo novedoso. Al menos en papel por supuesto.

El siglo XXI significó un periodo de lucha para los cines, buscando una solución al eterno problema de la piratería. Las batallas que lideraban las salas eran inútiles, pero, de cierta forma, las mismas establecieron un punto de paz con las formas ilegales de ver cine. Pensar que todo estaría bien, un movimiento de escaso ingenio si me preguntan. Especialmente al ver como el streaming tomaba las formas ilícitas y las convertía en algo legal. Porque, admitámoslo, la principal ventaja de la piratería siempre fue la facilidad y la velocidad; y tanto Netflix como sus competidores explotan eso mismo.

Los servicios de streaming proponen esa agilidad y sencillez dentro de un marco legal. Un cuadro que hasta un amante de las oscuras salas de cine, como lo soy yo, encuentra atractivo. Principalmente en un país como Uruguay, la satisfacción de ver contenido novedoso en condiciones y de forma legítima, es un lujo sin igual, y ese mismo consigue que yo y otros tantos disfrutemos del los contenidos en stream. Aunque a la vez me hacen temer por el futuro de mi lugar favorito: una sala de cine.

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Para ilustrar el poder de los medios enfocados en el stream, no hay cifra más convincente que la de Netflix en junio de 2012. El servicio online reportó que durante los 30 días de ese mes se habían compartido más de mil millones de horas de contenido con sus usuarios. Una cifra extrema al pensar que son más de 110 millones de años de material.

Comprendiendo la magnitud de los números que mueven estos nuevos servicios, que cada usuario consumiera unas aproximadas 34 horas de material al mes significa mucho. Se trata de más de una hora de contenido diario, escogido de un catalogo amplio y actualizado. Eso es algo que los cines no son capaces de ofrecer; y de hecho, nunca lo harán. Después de todo, el espectador promedio de cine acude a una sala una o dos veces mensualmente. Y eso cuando la cartelera es atractiva.

Cifras aparte, un cinéfilo fiel no compara beneficios, sino experiencias. El sillón de nuestra casa puede ser considerablemente cómodo, pero la inmersión dentro de un cine supera todo lo que este ofrece. Sin embargo, la pereza del individuo ha despertado un nuevo estado de emergencia para las salas de cine. Proponiéndonos ser espectadores sedentarios, el stream tiene la ventaja.

Lamentándolo mucho, debo admitir que esta revolución en el mercado cinematográfico podría llevarnos a dejar de ver al mismo como lo conocemos. A mi ver, si bien consumo lo que Netflix ofrece, dicho servicio amenaza la existencia de las películas proyectadas en habitaciones masivas y oscuras.

No hoy, no mañana, quizá ni en 50 años, pero creo que seré testigo de la muerte del cine proyectado en una sala; y ese trágico evento será culpa de la forma más moderna de ver filmes. Una que aparece en cada vez más hogares y brinda unos cuantos beneficios. Me apena decirlo, pero son beneficios con los que una tradicional sala no podrá competir cuando las cosas se tuerzan.

Lo diré entonces, las cosas si se torcerán, y estaremos confinados a una butaca casera a la que ya hemos comenzado a acostumbrarnos. Por lo tanto, deléitense hoy con la mejor manera de ver cine. Porque nadie sabe cuánto puede llegar a durar. Cuiden de esa butaca compartida, sé que un día la extrañaran, así como ella los extrañara a ustedes.

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