Crítica | Steve Jobs (2015)

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Si bien se trata del esfuerzo más reciente de Hollywood por hacer una película del fundador clave de Apple (el último fue hace cuatro años), es necesario explicar algo acerca de Steve Jobs. Tratándose también de lo nuevo de Danny Boyle, de un elaborado guion por Aaron Sorkin y de una de las mejores actuaciones de Michael Fassbender hasta la fecha, a la vista está que hay algo más. ¿Por qué no es un biopic habitual? Porqué directamente no es uno, siendo un ejercicio ambicioso acerca de un visionario, alguien a quien entendemos gracias al mismo film. Principalmente porque éste no narra los eventos de una vida, sino que explica a la persona viviéndola.

steve-jobs-critica-infoLa mecánica del guion de Sorkin propone visitar tres días diferentes en tres años, 1984, 1988 y 1998. Días en que se presentaron nuevos productos impulsados por Steve Jobs (Fassbender), la computadora personal Macintosh, la de escritorio, NeXT, y la exitosa iMac. Durante cada presentación, la película se introduce tras bambalinas donde Jobs sufre grandes niveles de estrés debido a su visión, su soberbia, su ego, y otras facetas tan desagradables como odiosamente inteligentes. Lo cual deja a la trama en un lugar ambiguo, al no contar con argumento exacto, sino ciertas líneas narrativas que se enredan de época en época.

Por más que contenga cientos de diálogos o frases dignas de ser citadas, uno de los momentos claves de la película refiere a las verdaderas capacidades de Jobs en torno a la tecnología. Interpretado por Seth Rogen, Steve Wozniak le dice al primero, “¿Cómo puede ser que diez veces al día lea que Steve Jobs es un genio? ¿Qué es lo que haces?”. Esa afirmación explica una mitad del hombre detrás de la manzana mordida, alguien que efectivamente demuestra una falta de capacidad para el trabajo que requiere crear las maquinas con las que tanto soñaba. Sin embargo, sí soñaba con ellas, y esas mismas nos trajeron el futuro. Cambiaron el “status quo” como bien explica el film. Y es ahí donde entra el verdadero foco: la perspectiva de Steve Jobs. La misma es engañosa y ambigua, pero correctamente nos lleva a preguntar, ¿Jobs fue alguien con visión o solo fue un brabucón con caprichos?

Tratándose de 120 minutos en los que Fassbender protagoniza absolutamente todas las escenas, Steve Jobs consigue que entremos en una habitación con el hombre del título. Y, como queda demostrado con cada personaje además de Jobs, la vida puede ser miserable discutiendo con un hombre cuya agilidad supera nuestra comprensión y la escala de su frialdad solo es comparable con la de sus ideas. Cada detalle de un producto se vuelve devastador para aquellos por debajo de él, haciéndolos trabajar de camino a la absoluta perfección. Por supuesto, esa perfección es prácticamente inalcanzable, e incluso Steve Jobs lo sabe la mayor parte del tiempo, pero eso no lo detiene ni un solo segundo en este electrizante par de horas.

Durante las tres exposiciones de productos, la cinta introduce hechos de la vida de Steve Jobs que lógicamente no ocurrieron instantes antes de cada presentación. Pero, acumuladas, las mismas nos informan astutamente acerca del personaje, el objetivo final de todo este proyecto, desde el reparto adicional aguantando los caprichos, a cada dialogo filoso de Aaron Sorkin. Sorkin siempre se ha dedicado a afilar sus libretos, aunque, tras La Red Social y The Newsroom, las cosas se han vuelto todavía más atrapantes en cuanto al ya denominado “dialogo Sorkin”. Como siempre, el trabajo del guionista es hacer que cada habitación esté llena de gente tratando de ser el más ingenioso. De superar a los demás y quedar por encima, y como es de esperarse, tal como Sorkin lo hizo con Mark Zuckerberg en La Red Social, es Jobs quien suele tener la última palabra. La frase más astuta y, acorde con su personalidad, también la más fría. Sea Wozniack, Joanna Hoffman (Kate Winslet), la jefa de mercado de Apple o John Scully (Jeff Daniels), el director ejecutivo de la compañía, todos reciben golpes de Fassbender y él se encarga de ser el absoluto ganador en toda ocasión. Esa es la forma en que es diseñada la película, y es la forma en que se disfruta, enredándonos con alguien tan detestable como cautivador.

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Steve Jobs seguro fue un individuo fascinante, aunque dudo que tanto como lo es Michael Fassbender interpretándolo. Al pasar dos horas a su lado, a través de tres épocas distintas, el actor alemán tiene la habilidad de alterar al personaje sin separarse de su magnetismo. Su aspecto cambiara, y de hecho no se parece demasiado al Jobs real, pero la forma en que actúa es constante y a su vez adictiva. Igual que la película, la cual resulta demasiado ágil y nunca parece durar lo que en realidad dura.

Danny Boyle dirige el film con astucia y fabrica su trabajo más memorable, solo superable quizá por 127 Horas. La mayoría del crédito irá para Sorkin o Fassbender, pero Boyle demuestra tenacidad orquestando sus valiosos recursos. Porque, aún si Fassbender está dispuesto a todo y Jeff Daniels está acostumbrado al dialogo de Sorkin, es Boyle quien consigue una buena actuación dramática por parte de Seth Rogen, así como también es responsable de ejecutar a la perfección una secuencia de climax dos tercios dentro del film.

Refiriéndome a los tercios, no hay película que se divida mejor con ellos. Cada época es un episodio, y la mayor parte del tiempo, todos los personajes demuestran ser las mismas personas. Alguna arruga más ahí o allá, pero la constancia de sus personalidades vive en los tres actos. Excepto por uno. El final en sí mismo cuenta con algunos momentos que se desvían de lo establecido y no siguen con el tono. Pero es un percance menor dado que la sensación fría y electrizante se queda con el espectador durante los créditos. Además, es esa misma conclusión la que propone una de las mejores líneas del film, un simple tecnicismo que define a la perfección al hombre a estudiar.

Adecuadamente, Steve Jobs se centra sobre la persona del mismo título y no en las hazañas que cumplió o no. Esas hazañas se dibujan a través del mismo individuo, quien no es ninguna figura sólida, pero que, gracias a un estudio, es posible entenderlo. Una de las mentes maestras detrás de Apple y la computación como la conocemos es mucho más que un hombre sobre un pedestal. De hecho, si Steve Jobs garantiza algo, es que no veamos a su protagonista encima del podio. Sin embargo, el hecho de que exista ese podio con su nombre, hace que la película cautive y se preste para diversas lecturas de la delicada figura en el centro.

9/10

 

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