Crítica | En la Cuerda Floja (2015)

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La grandeza del hombre es definida por sus hazañas, debido a que, tras abandonar este mundo, solo los recuerdos y los actos permanecen. Es así que Robert Zemeckis se centra en ambos fenómenos para realizar En la Cuerda Floja, una suerte de biopic artificial acerca de Philipe Petit y una carta de amor tanto a las Torres Gemelas como a la proeza que Petit realizó en ellas.

La película balancea la historia de Philipe Petit (Joseph Gordon-Levitt), el acróbata y artista francés, con la experiencia de vivir su mayor hazaña. Pero, dentro de esa simple propuesta, hay un problema claro en llevar la vida de este hombre al cine. El mismo es notorio tanto en los afiches como en la corta sinopsis del film: la vida de Philipe Petit no cuenta con muchos acontecimientos que se comparen o interesen tanto como su mejor caminata.

Pensando en ello, Robert Zemeckis es inteligente y centra más del 60% de este proyecto en el acto principal y su preparación. Sin embargo, eso no es suficiente para hacer una película, y el director lo sabe, dado que se dedica a agregar fragmentos que completen la vida de este artista sobre una cuerda floja. Esos recortes son pintorescos por un lado (y Zemeckis hace todo lo posible para que se comporten de esa manera) e intensos por otro, cuando Joseph Gordon-Levitt camina encima de un delgado cable. Pero no llenan.

Existen tres elementos de referencia en The Walk. El primero, las Torres Gemelas, el segundo, la gran acrobacia, y el tercero, el artista detrás de todo. Cuando estos tres factores se unen en una sola escena, la película sin duda funciona. Pero lamentablemente, su secuencia final, aquella del poster, el avance y todo lo demás, no lo es todo. Sin explicar demasiado la vida de Petit, uno rápidamente comprende que su relato no cuenta con momentos dramáticos capaces de construir una narración atrapante. En vez de eso, su vida es representada por acrobacias, y es así como Petit enseña su talento en el film, pero no sus razones y pensamientos internos. Esos son suplantados por una incansable actitud para lograr un sueño a toda costa; y esa actitud, por momentos, se siente falsa, entre reflexiones entusiastas, confusos y derrotistas.

El no entender al protagonista como uno desearía (o como lo hizo el documental Man on Wire) no cae en los hombros de Joseph Gordon-Levitt, quien se esfuerza interpretando a Petit. Su francés es convincente, su carisma acertado y su acento algo ridículo, pero la fiscalidad y el empeño están ahí. Sin embargo, el libreto con el que trabaja no le pertenece a un biopic, sino a una experiencia pintada con tintes dramáticos. Por ello, estando tan centrada en la gran caminata entre las torres, es necesario que aceptemos el hecho de que Zemeckis presenta una experiencia basada en una sola secuencia. La dificultad es que, si bien la misma funciona y es memorable, no es tan espectacular como debería ser.

Si puedo darle crédito a Zemeckis por algo, es que el director pionero en captura de movimiento y 3D digital es capaz de utilizar la herramienta de la tercera dimensión para algo memorable en su cinta. Aquellas secuencias en que vemos al protagonista encima de un cable son disfrutables y lo son especialmente por el uso del 3D y la credibilidad de unos efectos visuales muy interactivos. Aunque, por más que el espectáculo central funcione, la preparación del mismo deja mucho que desear, y durando alrededor de una hora, uno empieza a extrañar las escenas en las que veíamos a Petit haciendo malabares sobre un monociclo.

Mirando el lado positivo,  puede que la tensión arriba de las torres (no entre ellas) no sea suficiente como para comandar un tercio de la cinta, aunque de ella sacamos una bella declaración de amor hacia las torres gemelas, impulsada por su trágico derrumbamiento en 2001. El sentimiento de la película y del artista por las torres es lo más genuino que ofrece The Walk, y si bien no es lo más alevoso de toda esta historia, si es lo más bello de ver a medida que las últimas imágenes se centran en esos dos edificios.

La recreación digital orquesta a The Walk como una experiencia, pero eso no es suficiente para liderar un film, y el relleno que lo completa no funciona acordemente. Cuando se balancea en el cable, la película mantiene el interés y muestra lo mejor de su protagonista, pero cuando está fuera de él, nada tiene la misma pasión o color. No cabe duda de que la caminata entre las Torres Gemelas realizada por Petit fue algo sin igual, algo espectacular. No obstante, En la Cuerda Floja solo consigue deslumbrar parcialmente.

5/10

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