Crítica | Dios Local (2015)

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Es obviamente válido opinar lo que sea acerca de La Casa Muda, el primer largometraje de Gustavo Hernández, de hecho, yo mismo tengo una opinión bastante particular de ella. Pero, no cabe duda que esa cinta de terror uruguaya (algo extraño de ver en primer lugar) demostró ser un interesante experimento. Entonces, ver al creador de ese experimento volviendo al ruedo del terror, es una idea lógica. El problema es que esa idea nos trae Dios Local, un cine de terror extremadamente conflictivo y, lo que es aún peor, excesivamente agobiante.

El film presenta a tres jóvenes de una banda local, Manuel (Agustín Urrutia), Maite (Mariana Olivera) y Diana (Gabriela Freire), quienes viajan hasta una mina abandonada para grabar una sesión musical. Sin especificar si se trata de filmar un videoclip o solamente un concierto tétrico, la banda si tiene claro que interpretara sus tres tracks principales, Cambio de Cuerpo, Vacío e Ícaro, canciones que relatan las peores experiencias de los miembros del grupo. Pero una vez que los jóvenes se adentran en la mina, esas experiencias no permanecen solo en sus melodías. Atreviéndose a tocar un antiguo ídolo escondido entre las paredes de la gruta, los tres compañeros ponen en marcha una noche en que cada uno deberá revivir sus respectivos miedos, así como enfrentarse a eventos inexplicables que podrían dejarlos en esa mina para siempre.

Dios Local separa su concepto en cuatro piezas: una obvia, y quizá perdonable, introducción, y tres segmentos divididos, en los que cada personaje tiene un encuentro con sus desgarradores recuerdos. Esos segmentos son presentados con el título de una de las canciones de la banda, lo que específicamente crea tres cortos distintos dentro del mismo contexto y el mismo periodo de tiempo.

Juzgando los segmentos por sí mismos, dado que son esencialmente el factor tétrico de la cinta, ellos son progresivamente más decepcionantes e incompetentes. Tanto desde el punto de vista narrativo como de aquel encargado de asustar a la audiencia, los cortos no funcionan. Los personajes vagan incesablemente por la mina y un bosque oscuro, y si bien nos tientan con mas, Dios Local no es más que eso: el pánico de personas de las que no sabemos prácticamente nada y que nunca llegan a importarnos.

El confuso guion de Santiago González dibuja a sus protagonistas como personas con obvios problemas, pero de alguna manera piensa que es apropiado, y que cuenta como giro, el guardar sus pasados para el final de cada segmento. Es cierto, se han logrado dar revelaciones impactantes en el pasado, pero para que una verdad guardada tenga interés o impacto, es necesario saber algo de los involucrados en dicha verdad. Por más que nos sugiera sus giros de antemano, esperando que armemos su rompecabezas, la película falla al creer que su simple juego merece ser resuelto por alguien. Siendo ese alguien un espectador no exigido, sino burlado.
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Cuando el supuesto drama, y por lo tanto narración, queda fuera de juego, lo único que resta es preguntar, ¿Dios Local consigue dar miedo? Y no, no lo hace. Si bien asumí de primera que Gustavo Hernández era un buen director, al ver la humilde La Casa Muda, él no parece haber aprendido nada de su primer trabajo, dado que comete exactamente los mismos errores. Por no decir que recrea la misma cinta, solo que con mejor presupuesto y mucho menos efecto.

Dejemos algo claro, Dios Local luce una fotografía y locaciones envidiables, y todo eso se potencia aún más cuando recordamos que se trata de una producción nacional; pero nada de eso consigue que el contenido no sea mediocre. Se puede tener un túnel tenebroso filmado a la perfección, pero cuando Hernández vuelve a poner a sus protagonistas corriendo sin rumbo, sin acontecimientos y sin mucha luz, el efecto no es tétrico, es agobiante. La monotonía del film se vuelve inaguantable cuando todo lo que tiene para mostrar son interminables escenas en las que no ocurre nada. ¿Un perro ladrando, un hombre con los ojos vendados y un par de siluetas? Francamente, darnos eso es insultante, cuando la promesa es de una trama acerca de una suerte de siniestro dios/diablo. No pido imágenes del inframundo ni nada de eso, pero me es imposible mantener el interés entre escenas oscuras de pasillos y bosques que no llegan a ningún lugar. Escenas que por supuesto son interrumpidas por insulsos ruidos fuertes.

Si bien el elemento del miedo falla estrepitosamente, Dios Local de verdad cree que también cuenta con una narración inteligente y enredada. Ese es su error imperdonable. No hay mucho que explicar, cortar una historia en pedazos y dársela al espectador mezclado, no es hacerlo pensar. Eso es confundirlo.

La película es confusa al punto en que uno la resuelve y se enoja todavía más, al permanecer en la butaca sin nada medianamente jugoso para discutir. Como si los personajes no fueran bastante débiles de por sí, la edición (y también el libreto) no los ayuda, al solo agregar los fragmentos relevantes de su drama. Éstos son interpuestos en la mitad del relato. De un momento a otro, pasamos del segmento Vacío a Ícaro. El segmento empieza y en él aparecen momentos del pasado que intentan desarrollar a los personajes. Así que, durante 60 minutos no aprendimos nada del protagonista de Ícaro, pero como ahora le toca a él sufrir el terror, la cinta nos da 2 minutos que le den coherencia a lo que sigue. Perfecto, coherencia, eso no es malo. Ahora, más le vale al film sacarse la idea de que alguien va a estar interesado en lo que le pase su protagonista, ya que su personalidad no existe, lo que existe son hechos en su pasado. Hechos que aparentemente son giros para el guion. Y puede que lo sean, solo que no sé exactamente que pretenden girar.

Una vez que el sufrimiento concluye, la historia no dio frutos, los sustos no fueron efectivos y el resultado en general se recuerda como monótono y confuso. Admitiré que son bastantes reacciones para una simple cinta de terror, pero claramente ninguna es buena, y la segura discusión no será amena cuando lo malo supera a todo el esfuerzo técnico que se nota, pero que esta eclipsado.

Un genial instante lanza autos desde el cielo y los hace chocar contra el suelo. El espectador queda deslumbrado y vuelve a prestar atención. Luego el personaje que reacciona al evento sobrenatural recibe una llamada a su celular, a la que responde con angustia “Veni, estoy en el bosque” y corta la llamada. Obviamente, la atención desaparece, y con ella nos queda otro ejemplo perfecto para ilustrar la frustrante experiencia que es Dios Local, una película de terror desenfocada (literal y figurativamente hablando) que drena la paciencia de quien la ve, y no ofrece nada a cambio de ella.

2/10

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Un comentario en “Crítica | Dios Local (2015)

  1. Fuiste muy generoso, deberían darte un premio por buena persona jajaj por que la verdad fue espantosa. Solo Kaplan y REUS se ganaron un 4 por lo menos

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