Crítica | Cincuenta Sombras de Grey (2015)

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Pueden poner todos los cuerpos desnudos que quieran en pantalla, así como lucir cuantas prácticas sexuales sean posibles, creyendo que han saltado una especie de barrera. Pero no hay vuelta atrás, Cincuenta Sombras de Grey es cine con una mentalidad y una astucia que escapan a cualquier tipo de madurez. Madurez necesaria para tratar dichos temas. Estará apuntada a un público adulto (al menos desde afuera), pero este espectáculo de sexo y meloso drama es francamente lamentable.

Por si todavía no se enteraron, Fifty Shades of Grey es una adaptación de la célebre trilogía de novelas eróticas escrita por E.L. James. La misma ganó su fama con la historia de amor de Christian Grey (Jamie Dornan) y Anastasia Steele (Dakota Johnson). Hombre rico conoce estudiante joven y tímida, se enamoran, relación imposible, etc. Pero falta el giro. Espérenlo, espérenlo… Al señor Grey le gusta practicar el sadomasoquismo…

Me refiero a la “particularidad” de la historia como un giro, aunque simplemente es la base de todo lo demás. El problema es que a partir de ahí, no quedan giros, no quedan conflictos, no quedan secretos (que la película quiera revelar), no queda nada. ¿A que nos enfrenta este vago ejercicio de supuesta controversia? A discusiones aburridas y escenas de sexo todavía más intrascendentes.

Personalmente, sí estaba al tanto de este fenómeno mundial. Pero sin haber leído ni una página, me enfrente a la trama con total desconcierto de lo que terminaría viendo. Centrándome en el hecho de que los temas principales son propios de un relato para adultos, creí que la madurez estaría presente en la relación entre Grey y Steele. Lo cierto, es que las constantes dificultades entre ambos protagonistas, nunca reciben una reacción medianamente creíble o sensata. Como niños, no como adultos, los personajes se enfrentan una y otra vez contra la misma pared. Ella, con sus inseguridades y curiosidad, él, con la inaguantable necesidad de que ella firme un contrato y que se convierta en su “sumisa”. Imaginen eso durante unos completos 90 minutos, con un repetido descanso para darnos una de sus múltiples y aburridas secuencias íntimas.

Mencionado el tema, es necesario quitar las tan comentadas escenas de sexo del camino. De verdad no necesitan atención, pero siendo tantas y tomándolas como lo único que parece ser reconocido en esta historia, no puedo obviarlas. Contando como un 10% de la película, se le puede dar una pizca de crédito a Universal Pictures por al menos atreverse a llenar la pantalla con secuencias algo gráficas. ¿Controversiales o medianamente relevantes? Seguro les encantaría, así mantendrían la atención luego de la primera semana en cartel, pero no lo son.
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Sin ningún interés en sus personajes, la única esperanza del espectador, antes de ceder a un cerrar de ojos, es encontrarse con la depravación a la que el Señor Grey hace referencia una y otra vez. “Te voy a castigar” o “Hay consecuencias” dice en unas cuantas escenas. Cuando ese momento tan preparado llega, cuando la co-protagonista le pide “Lo peor de lo que sea capaz”, el resultado es absolutamente decepcionante para quien ha estado mirando los mismos 15 minutos en un loop. Todo esto nos introduce a su clímax (no pretende ser un chiste), en el que la cinta mantiene su mediocridad y termina por insultarnos completamente a solo segundos de llegar a sus créditos.

Lo siento mucho, pero con un guion como el de Cincuenta Sombras de Grey, las interpretaciones y la química de los protagonistas debe ser esencial. Con eso en mente, no sé cuál de esos factores consigue defenderse mejor, pero ambos pierden la pelea. Podría debatir la química entre Dakota Johnson y Jamie Dornan, pero ni sus personajes ni sus interpretaciones despiertan la especie de electricidad que debería haber entre ambos para que se unan y se separen constantemente. Johnson al menos se esfuerza, pero su personaje es despreciable al punto en que ni sus repentinas agallas son capaces de salvarla.

Dornan, bueno, él sí que no aprende. Ni él ni Christian Grey. La interpretación pasa de molesta a inaguantable una vez los inesperados minutos finales acechan. No es el frio contenido dentro de Grey. Su personificación es de una sola nota, repitiendo las mismas frases con el mismo tono, sin demostrar algún tipo de emoción diferente. Puedo entender el misterio del protagonista, su implacable forma de seducir y todo lo demás. Ahora, eso no justifica que Dornan se duerma en el personaje. Podría mostrar el filo de sus modales, enseñar accidentalmente sus emociones, pero cada vez que pierde el control, el personaje y el actor se parecen más a un robot que a un ser humano. Eso al menos explicaría ese pasado tan terrible que Grey no quiere contar, y que desesperadamente guarda consigo para las inevitables secuelas.

La idea de estar traspasando algún tipo de barrera con esta historia es simplemente ridícula. Tengo el presentimiento de que adaptando esta novela, Universal cree estar entregando LA película controvertida, una que el público no tendrá opción más que ver para evitar quedarse afuera de las conversaciones. Pero que el público apuntado para disfrutar de este cine no pueda siquiera entrar a una sala a verlo, no es de ninguna manera una controversia. Llegando más lejos aún, y podre sonar retorcido, en una época en que el Best Seller del momento es una historia de amor con un giro sadomasoquista, las tan mencionadas escenas dentro del “cuarto rojo” de Christian Grey no podrían ser más aburridas y mediocres. Teniendo además la feliz idea de llenarlas con canciones, en vez de darle al siempre confiable Danny Elfman una oportunidad de jugar con la banda sonora.

No estoy desconcertado por el tipo de historia que hoy consigue convertirse en éxito mundial. Estoy sorprendido por la baja calidad de narración que se exige del mismo. No sabría por dónde empezar, pero son miles las formas de convertir esto en algo más atractivo e interesante. Desde pensar dos veces en su tono, el cual empieza siendo pseudo-cómico y termina calificando como dramáticamente estúpido, hasta el simple desarrollo de sus personajes, quienes solo parecen una fantasía creada en 5 minutos. Esas fantasías no pueden tener demasiados conflictos, así es que, cuando Christian Grey admite dolorosamente que tiene “50 Sombras de Locura”, uno de verdad lo ve como un problema genuino, antes de soltar una obvia carcajada… ¿50 sombras? Bueno, será mejor que empiecen a hacerlo con la luz prendida y me dejen en paz.

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