Crítica | La Teoría del Todo (2014)

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Cuando alguien se refiere a Stephen Hawking como “el hombre más inteligente del mundo”, sus descubrimientos y capacidades rápidamente emergen para discutir si esa última frase es cierta o no. Por tan capaz que sea su cerebro, ese no es el fragmento más cautivador en la vida de este astrofísico, y La Teoría del Todo, el biopic dirigido por James Mash (Shadow Dancer), lo sabe.

Haciendo el esfuerzo por barajar la mayor cantidad de eventos clave, datos, teorías y logros, el film específicamente se propone darnos a Hawking (Eddie Redmayne), el hombre, y no a Hawking, el hombre más inteligente del mundo. ¿De qué forma? Pues presentando a la verdadera protagonista de esta historia, Jane Wilde (Felicity Jones), el amor en la vida de este pionero. Conociéndose y enamorándose en épocas de Universidad, la cinta analiza la relación entre Wilde y Hawking con las complicaciones del matrimonio y la enfermedad con la que Stephen es diagnosticado en sus años más prometedores, todos parte de una vida más que extraordinaria.

Es mucho que digerir y mucho con lo que trabajar, pero titulada The Theory of Everything, la película va por mucho más de lo que su promesa y su material promocional sugieren. El problema es que también se ve expuesta a conflictos narrativos como consecuencia. En consecuencia, nos quedamos con un producto altamente recomendable, pero al que debemos definir como un juego de actuaciones. Haciendo obvia referencia a las interpretaciones magistrales por parte de los dos protagonistas, Eddie Redmayne y Felicity Jones.

Redmayne encuentra un papel de quiebre en su carrera, con la oportunidad de ser Stephen Hawking. Es un rol exclusivamente físico durante la mayor parte del film, y a la vista está que el actor inglés arrasa con esa labor de apariencias. Lo que no se ve con esa facilidad, es su desempeño durante los años previos a la terrible enfermedad, esa que todos notan en su persona actualmente. Redmayne solo tiene unos 40 minutos para trabajar con un personaje lucido, y por ello se muestra tan sobresaliente. Él consigue humanizar al personaje, y nos muestra con entusiasmo la vida que Hawking pudo haber tenido y que de alguna manera acabo teniendo.

Del otro lado en ese romance central, Felicity Jones es tan esencial como Redmayne. Incluso más, si valoramos las genuinas intenciones de la cinta. El personaje de Jane Wilde es inmensamente más interesante que Hawking, quien poco a poco empieza a compartir más la cámara con Wilde. Desde el momento crucial en que ella acepta pasar el resto de su vida con él (aún lejos del matrimonio y el inicio de una familia), una persona de palabra, dispuesta a todo, es revelada. Ver esa endereza y esa lealtad a su sacrifico es angustioso, pero Jones trabaja con eso de manera que su amor por Hawking siempre permanezca por encima de todas sus obligaciones al frente de un una familia particular.

Como cualquiera habrá deducido, este es un cine de actuaciones superiores al manejo de la historia. Ese relato en sí mismo, no desentona, pero consigue decepcionar ocasionalmente, admirando un perfecto compromiso por parte de sus dos protagonistas. Las interpretaciones no se evalúan solas, y la mano de James Mash como director es notoria, especialmente por el control de sus escenas, las que muchas veces resultan excelentes. Un elogio que también debería ir al notorio desempeño de Benoît Delhomme como director de fotografía.

Una vez que los créditos del film empezaron a sumergirse entre imágenes del espacio y sus infinitos secretos, la ambigua búsqueda de Hawking por encontrar una teoría para “todo” despertó en mi cabeza. Por más que la hipótesis del astrofísico se refiriera al origen del universo, su ambición y los sacrificios de Wilde fueron algo excepcional por sí mismo. La búsqueda de una vida cotidiana para una persona como Stephen Hawking parecía imposible pero fue capaz de superar esas chances. Es exactamente eso lo que le permitió deducir todo lo que sabemos hoy. No se trata de voluntad, para saber cómo comenzó todo, era necesario saber lo que es vivir. La Teoría del Todo es ese factor en la vida de Stephen Hawking.

7/10

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