Crítica | Paddington (2014)

Sally Hawkings, Paddington y Jim Broadbent en Paddington

Me apena tanto no haber conocido a Paddington, el oso pequeño y carismático creado por Michael Bond, antes de ver su primera aparición en la pantalla grande. De verdad me encantaría ser un fanático de este personaje infantil, para agradecer todavía más la respetuosa forma en que él ha tomado vida. Paddington es una película familiar apuntada a todas las edades, que no solo es graciosa, entretenida e ingeniosa. Sino que tiene un genuino esfuerzo detrás.

Comenzando con pura animación digital, nos topamos con Paddington en una selva de Perú, en la que un investigador descubre a la extraña raza de osos a la que pertenece nuestro protagonista. Un tipo de animal algo particular, contando con la capacidad de hablar y razonar. Un par de cualidades ideales para crear una trama familiar como la que se despliega de este concepto.

Luego de un terrible accidente en su hogar, Paddington parte hacia Londres en busca de una nueva vida. Habiendo escuchado historias de la ciudad inglesa por parte de aquel investigador, la húmeda ciudad no es exactamente lo que imaginaba, y su destino lo lleva a la soledad en una fría estación de tren. Por suerte para él, una familia de paso, los Brown, lo acogen en su casa. Siendo Paddington un oso parlante y curioso, el descontrol reinara en el pasajero hogar que le proporcionan los Brown, y ese tumulto llamara la atención de unos cuantos. Especialmente de Millicent (Nicole Kidman), una taxidermista que no descansara hasta ver al pequeño oso disecado.

Desde ahí, lo que consigue que Paddington marche como debe, se divide entre su claro esfuerzo y su conciencia sobre lo que no suele funcionar en el cine infantil moderno. En primer lugar, la película tiene esencia. En cierta forma, incluso parece dirigida por un Wes Anderson trabajando exclusivamente para un estudio. Ese estudio limitaría sus decisiones artísticas, pero por supuesto, el resultado no sería malo. Quien nos da esa sensación con sus recursos detrás de la cámara es Paul King, quien entiende que, incluso con un oso que habla en el centro de su historia, algo como Paddington sigue siendo cine.

El notable espíritu del film se crea a partir de los recursos distribuidos por sus 95 minutos. Son simples diseños o métodos alternativos de contar su historia, pero entre todos, de a poco se crea un lenguaje y un humor bastante cálido. Uno capaz de amortiguar dos o tres momentos exclusivamente infantiles. La armonía se vuelve ideal conforme nos adaptamos a los diferentes elementos enseñados, que salen de la nada con total tranquilidad y encuentran su espacio en este mundo. Ya sea el dibujo de un árbol que se mueve constantemente en la casa de los Brown o el uso de una casa de muñecas para acelerar la presentación de los protagonistas humanos, Paddington nunca parece quedarse corta de innovación. Sin ir más lejos, la cinta incluso le da un origen a su banda sonora, al ver a un grupo de músicos tocando las canciones y las tonadas que oímos en los montajes. Sí, es una idea que ya hemos visto antes, y aparentemente el film de Alejandro González Iñárritu de este año, Birdman, la utiliza a la perfección. Pero bueno, dentro de un film familiar con ganas de experimentar, encaja idealmente.

Que Paddington sea un personaje completamente digital, debió influir en las actuaciones reales que proporciona el film. Todo el elenco parece estar especialmente animado, y ellos nos asisten con nuestra reacción frente a un oso hablando y caminando por las calles de Londres (un hecho irreal que la película al menos toca pasajeramente). Tanto Sally Hawkins como Hugh Bonneville se divierten como los señores Brown y su carisma es elemental para crear un argumento entretenido. Sin embargo, la labor de los villanos es la más disfrutable, con un corto papel para Peter Capaldi como vecino de los Brown y una excelente, y siniestra, actuación por parte de Nicole Kidman. Sirviendo de antagonista clara, la taxidermista a la que da vida esta última, es genial, con fines absolutamente nefastos y momentos de auténtica comedia.

Con intenciones perfectamente claras y, lo que es más importante, efectivas, Paddington es una película perfecta para una familia al completo, al estar llena de humor accesible y funcional para cualquier edad. Evitando convertir al personaje principal en algún tipo de icono infantil contemporáneo, tal como lo hicieron películas como Garfield o Alvin y las Ardillas, el oso Paddington es un personaje sincero en un mundo maravillosamente diseñado. Un mundo capaz de entretener, hacernos reír, y darnos una gran aventura.

8/10

 

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2 comentarios en “Crítica | Paddington (2014)

  1. Muy buena critica! Me gusto y me rei bastante, muy de acuerdo contigo. La hubiera disfrutado mucho mas si la hubiera visto subtitulada, no solo por los acentos originales ingleses, sino porque estaba la sala llena de niños aburridos jugando. Pero bueno, me gusto y espero que no se le venga a la cabeza una secuela..

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