Crítica | Interestelar (2014)

Hay una infinidad de elementos contenidos en Interestelar, el noveno largometraje de Christopher Nolan y la superproducción más ambiciosa del 2014. El más acorde para empezar a descifrar sus rincones, es su fuerte sentimiento del ser humano como un constante pionero, como alguien dispuesto a superar sus barreras. Nolan y la misma película lo son. Pioneros. Quienes avanzan más allá de lo establecido o lo común. Y por más que se tope con conflictos, el inmortal precio de la ambición en el cine, Nolan ha creado un film fascinante, que cumple con las expectativas y que continúa consolidándolo como uno de los cineastas más importantes de las dos últimas décadas.

Sin demasiadas explicaciones, el film nos suelta en un planeta Tierra en donde la comida escasea, en consecuencia de ciertos síntomas dañinos que presenta nuestro hogar. Destruyendo todo lo demás, el suelo solo nos permite plantar maíz; y siendo lo único capaz de alimentarnos, eso convierte a Cooper (Matthew McConaughey), un hábil piloto e ingeniero, en un agricultor más. Varado en un planeta a punto de morir, en donde su único objetivo es cuidar de sus hijos, sus instintos y un par de eventos sobrenaturales no lo dejan dormir, y acaban conduciéndolo a su destino.

Las expectativas de vida en la Tierra son nulas, y en vez de aceptar que sus hijos formaran parte de la última generación de humanos, Cooper afronta la misión más importante de nuestra historia: encontrar un nuevo hogar. Miles de variantes, una nueva galaxia, y solo un pequeño grupo de exploradores para afrontarlas. Pero aun así, es la única posibilidad para la raza humana, por lo que Cooper deberá despedirse de su familia, en particular de su hija Murphy, y partir hacia lo desconocido. Tras la pista de un planeta que pueda sostener la vida.

La única chance de salvación para la raza humana. Esas son palabras enromes, casi tan grandes como lo que pretende realizar este film excesivamente ambicioso y calculador. Esta aventura espacial podrá sonar turbulenta, y lo es, pero Interstellar es representada por su sentimentalismo, que abunda y funciona, sus ideas, y la ciencia cubriéndolo todo. Decir que Nolan pretende superarse con cada proyecto no es ninguna falacia, y aun con 170 minutos a su disposición, esa necesidad por llegar más lejos no se define por escala. Su apuesta mayor es personal, y en vez de agregarle sensibilidad a una épica espacial, el cineasta rodea una relación de padre e hija con esta narrativa tan fascinante.

El contar con casi tres horas de duración, me permite referirme tanto al buen trato que recibe la relación principal entre McConaughey y las actrices que interpretan a su hija (dejemos que el film explique eso ultimo), como la excelencia científica. La película puede cargar con las incongruencias que desee y los inventos que necesite pasado cierto punto. Ésta hizo sus deberes, y con un experto en agujeros negros y agujeros de gusano a bordo, la ciencia y el realismo siguen muy por encima de la media, especialmente para una superproducciones de más 150 millones de dólares.

Como hábil comparación, esto no es Gravedad, y a cambio de ver al espectador al borde de la butaca, Interestelar nos ofrece relaciones y seductora lógica. Sin embargo, ésta no es ninguna pieza constantemente intelectual, esto es ciencia ficción, y la suma de todos esos factores explican su duración. La película pretende ser demasiadas cosas a base de su promesa, pero por muy poco no consigue saciarlas todas. Siempre tanteados de antemano, los elementos fantasiosos ascienden de realidades estudiadas o planteos científicos. La acción es inevitable barajando los conflictos provenientes de una nueva galaxia. Y por último, la relación principal de la cinta, nunca es olvidada, siendo el inicio, la mitad y la conclusión de esta historia. Una armonía compleja, excesiva y problemática en las manos de cualquiera, pero Nolan y su co-guionista Jonathan Nolan, hacen un trabajo envidiable con ella.

Mi impresión de que prefiera alimentar nuestros cerebros antes de vernos sobre una montaña rusa, es algo injusta. En más de una ocasión, Interestelar mantiene a su público envuelto en su viaje. Señalando dos secuencias opuestas, es difícil no dejar caer una lágrima cuando McConaughey protagoniza un cuadro en particular, y al mismo tiempo, es prácticamente imposible no estrujar el apoyabrazos frente la mejor escena de acción en la cinta. La misma, no pierde nuestra atención.

Mencionar el último film de Alfonso Cuarón es una referencia obvia, siendo reciente y ubicándose en el espacio. Aunque, Nolan tuvo otras referencias en mente. No hay que pensar dos veces para ver elementos de 2001: Odisea del Espacio, así como está claro que la nombrada influencia del director con Elegidos para la Gloria era cierta, ya que sus duraciones son bastante similares. Aun así, el film es una maquinaria novedosa, creada a la antigua y con ciertos parecidos, sí, pero lista para pisar terrenos desconocidos.

Impulsando un aura de cine espacial antiguo, se agradece la intimidad y el aislamiento con la que el director de fotografía Hoyte van Hoytema (Ella, El Topo) filma el viaje interestelar. O intima, o completamente solitaria en el vasto infinito. La travesía nunca abandona esta decisión, y si bien cuesta acostumbrarse a ella, si ayuda a mantener esa atención científica, evitando convertir cada giro de la nave en una escena de acción. La belleza expuesta en pantalla es absoluta, pero hay momentos para admirarla y otros para convertirla en un entretenimiento. Es una suerte que el objetivo sea favorecer a la primer opción.

Conocido por hacer que el espectador trabaje, Nolan encuentra su ejercicio más cruel a la hora de dejarnos resolver. El Origen explicaba constantemente, ya que contaba con alguien dentro de la misma historia que lo necesitaba. Pero Interestelar no tiene a nadie como Ellen Page haciendo preguntas y dejando que el espectador recobre su aliento. En esta oportunidad, el guion trabaja con protagonistas expertos, cuya misión los puso ahí porque conocen la ciencia. Mientras recibimos instrucciones, no hay ningún “Podrías repetir eso ultimo” seguido por una explicación más básica. ¿Perdiste alguna línea esencial? Lo siento mucho. Sigue siendo un básico en el cine de este director, crear superproducciones con cerebro que hagan trabajar al nuestro, y esa distinción sigue vivía.

El efecto del mencionado sentimentalismo es obra de un reparto de primera fila. Donde debería mencionar aportes ideales por parte de Anne Hathaway, Michael Caine y un actor más que permanecerá anónimo, creo que los mismos se dan por hechos. Quienes superan aún más las presiones, son Matthew McConaughey, rematando un cambio radical de carrera, y Jessica Chastain, quien se hace con el segundo papel esencial de la cinta. Aunque no comparten ninguna escena, la historia les da a ambos la química que necesitan. El valor sentimental de todo el relato cae en sus hombros, por lo que son sus mejores momentos los que empujan el límite emocional en su concreción. Tal y como lo hizo en Dallas Buyers Club, McConaughey aplasta el uno a uno que tiene con la cámara, y crea, junto a Chastain, la mejor escena del film. Una secuencia de emoción, que poco tiene que ver con los efectos especiales o la ciencia ficción. Es propia de un excelente drama.

Como algo más enterrado en el film, esa realidad volcada en el argumento, más allá de la lógica de espacio y tiempo, sirve para aumentar el drama, que acaba aterrizando en algo similar a una película de catástrofe. Si bien es solo en algunos detalles, nuestro mundo y nuestra raza están en peligro, por lo que Interestelar consigue resultar algo tétrica y penosa. Hemos visto catástrofes hasta el cansancio en el cine, pero el dolor y la tristeza están mucho mejor apuntadas cuando no hay nada de qué correr. No existe escapatoria, lo que nos dirige a considerar puntos como el egoísmo humano a la hora de salvar a la especie, probablemente una de las discusiones más interesantes que ofrece la película.

Los humanos nos superamos. Ponemos metas, las alcanzamos, y avanzamos una vez más desde ahí. Los trabajos de Christopher Nolan y su equipo de pioneros funcionan de esa forma, siempre tratando de empujar las limitaciones de su cine y los géneros que los rodean. Entonces, incluso siendo el autor de películas como El Origen y Memento, Nolan ha escalado todavía más peldaños en cuanto a aspiraciones. La ambición es gigantesca, y la misma se convierte en el punto fuerte y el débil para el director; pero de todas formas, su épica de ciencia ficción sigue siendo deslumbrante. Consiguiendo que sus pequeños conflictos no se comparen con la magnitud de sus inteligentes aciertos. 9/10

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