Crítica | Drácula: La Historia Jamás Contada (2014)

Se me ocurren dos verdades relevantes en Dracula: Untold. La primera, es que su historia sigue tratándose del icónico inmortal del título. Es decir, trata sobre un muerto viviente con infinitos poderes. La siguiente verdad, es que el film en cuestión esta tan muerto como su protagonista, viéndolo deambular sin alma o interés, impulsado solo por el deseo de crear una franquicia. Una que comienza de forma tediosa.

Es hora de contar la historia “jamás contada” de Drácula, o debería decir Vlad. Saben a lo que me refiero, un popurrí de fragmentos del personaje, ordenados para crear Drácula: Inicia, o como han decidido disimular dicho título, Drácula: La Historia Jamás Contada. ¿En qué consiste exactamente este concepto? Bueno, luego de un típico montaje de “Había una vez…”, se nos plantea la historia de Vlad (Luke Evans), príncipe de Transilvania, quien lleva una vida honorable protegiendo a su pueblo, en vez de continuar con su anterior y despiadada existencia como soldado.

Por más que Vlad pretenda proteger en vez de asesinar, esa paz no es viable para los turcos, quienes exigen 1000 niños provenientes de Transilvania como tributo. Entre esos jóvenes, no faltará el propio hijo de Vlad, por lo que el sacrifico se vuelve imposible para un padre atormentado. Es entonces que el príncipe de pasado turbio busca la ayuda de un poder sobrenatural, uno capaz de vencer a los implacables turcos. En la penumbra, Vlad se transforma en un vampiro: una criatura de la noche de poder ilimitado y debilidades cuestionables.

Pongamos las cartas en la mesa, este film es un intento de crear secuelas, por lo que es necesario plantear los orígenes del protagonista. Sin embargo, como cientos de casos en el cine moderno, parece que el primer paso nunca importa, y este comienzo acelera su narración, recordándonos que podríamos ver más de este terrible material en un futuro. Un plan perfecto sin duda, ya que esforzarse un poco y exprimir las posibilidades en el asunto es aparentemente mucho más complejo.

Podemos decir que Drácula: La Historia Jamás Contada es un muerto con vida, ya que ni siquiera parece tener sangre. Para estar representando al monstruo más sediento, el líquido rojo no tiene las apariciones necesarias. No solo no vemos sangre, sino que tampoco es fácil ver la violencia que Vlad va causando, a medida que destruye ejércitos enteros por sí mismo. No sé a quién culpar por todo esto. ¿Sera culpa del estudio Universal, que opto por un film sin agallas ni viseras, o debería mirar al debutante director, Gary Shore, quien carece de talento para filmar una escena de acción? El solo giro de su premisa yace en poner a Drácula dentro de otro género. Pero, es imposible que el mismo ofrezca algo, a medida que quita elementos esenciales y no nos compensa con nada.

Durante sus batallas, que tampoco son tantas, la cámara se mueve por doquier. Con ese tipo de tumulto, la acción es imposible de apreciar y las esperanzas caen al suelo. Si lo único que nos queda es experimentar un par de enfrentamientos, la película firma su certificado de defunción en el primer asalto, mientras Luke Evans grita sin control y los cuadros vuelan como murciélagos desorientados.

Por más que la cámara no lo demuestre constantemente, Evans intenta hacer un buen trabajo físico y la cinta lo abandona. Aunque, siendo protagonista, él al menos se queda con un papel que podría trascender. Algo bien diferente a lo que tiene el desperdiciado Dominic Cooper. No es que Cooper brinde actuaciones descomunales, pero el intérprete ingles tiene talento, y dicho eso, su papel como el villano de turno, Mehmed, es un completo fracaso. Lo único que recordare de él será el constante delineador en sus ojos, y hasta donde yo sé, eso no suele ser un sinónimo de maldad competente.

Combinando las actuaciones mencionadas con las escenas de acción, el climax obviamente enfrenta a Vlad y a Mehmed. El resultado: absurdo. No sería justo describir la mecánica de su secuencia final, pero ella si puede definirse como tonta desde un punto tanto visual como conceptual. Si meditamos acerca de la lógica enseñada hasta ese momento, las cosas incluso empeoran. Pero eso al menos pone a esta secuencia al nivel del inevitable epilogo.

Uno tendría más suerte de ver a un Drácula real si partiera por un bosque en busca de él. Eso, o siempre puede revisitar Bram Stoker’s Dracula. Elijan lo que elijan (recomiendo la segunda opción), cualquiera de los dos casos tratan de esquivar la mediocridad de este relato con chances de algo más. El mismo, desciende en la oscuridad acompañado solo de un guion sonámbulo, y en respuesta a su desinterés, nos promete más de lo mismo. “Fallamos, pero tranquilo, ahora viene lo bueno.” Seguro que si…

2/10

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