Crítica | Boyhood (2014)

Vi “Boyhood: Momentos de una Vida” durante el 13º Festival de Cine de Montevideo.

Yo sé lo difícil que fue realizar Boyhood, siguiendo sus pasos desde el momento en que fue anunciada. Pero, en esta hazaña ideada por Richard Linklater (Antes de la Medianoche), que sigue la existencia de un niño de camino a su madurez, el arduo trabajo no es notorio, incluso con tres horas de duración. Sus minutos fluyen con belleza, y al igual que la vida misma, desaparecen con facilidad, retratando las mismas sonrisas y disgustos con naturalidad. El film desafía las narrativas corrientes, y en vez de cine, nos da un extenso fragmento de realidad. Uno que consigue hacernos reflexionar sobre nuestra propia vida.

12 años. Linklater nos ofrece 12 años en la vida de Mason (Ellar Coltrane), un niño de seis, de padres divorciados. Viviendo con su madre soltera (Patricia Arquette), Mason y su hermana Samantha (Lorelei Linklater) se enfrenan a una infancia compleja. Pero el joven aún tiene toda la vida por delante, y durante 165 minutos, tanto su historia como la de sus seres queridos, sufren todo tipo de cambio. Vueltas de la vida que la película ofrece, sin dejar ningún tema por tocar.

El truco bajo la manga de Boyhood, si bien tiene muchos, es que esa docena de años pase por encima de su elenco, el cual cambia físicamente acorde con el paso del tiempo. No hace falta mencionar la realidad que el experimento le brinda al relato, pero esa pureza le pertenece a algo más que el extraño y poderoso esfuerzo de reunirse cada año para filmar una corta secuencia. Exactamente, una película que tomo 12 años de filmaciones para volverse una realidad amerita un libreto más que competente, y en dicho caso, lo presentado es magnífico.

No creo que me interese el momento exacto en el que Linklater termino de escribir los diálogos y caminos en este trozo de vida. Lo que si despierta mi curiosidad, es como él consigue retratar tanta verdad en esas tres horas, viéndolas fluir con soltura. Hay algo de mí, hay algo de un amigo, hay algo de cualquiera en Boyhood. Madre, padre, hermana, hermano, niña, niño. La juventud y la madurez han sido parte de nuestras vidas, y de alguna forma u otra, llegaremos a involucrarnos en el crecimiento de alguien más. No se me ocurre un concepto más familiar. Es uno de los muchos procesos vitales del ser humano, y el film lo recrea a la perfección, consiguiendo que riamos y lloremos, asociando lo que vemos en pantalla con nuestras propias experiencias.

Manteniéndose armónica con los momentos en que fue filmada, la película cuenta con ciertos productos de esos tiempos. Lo que se miraba en la televisión, el fenómeno juvenil de turno, las campañas políticas; todos elementos realistas, consecuencias de mantener la autenticidad. Pero cuidado, esto no consigue que la cinta apunte a una generación específica o limite las edades del público. Aún existen elementos obvios implicados en el crecimiento de Mason, y a medida que el personaje llega a una adolescencia avanzada, los comportamientos y elementos son cada vez más familiares.

Puede que Boyhood aun suene como un trabajo que solo funciona actualmente, anclado a momentos históricos o productos influenciados por su época, pero aun no consigo profundizar aquello que más nos vincula: las relaciones sentimentales. Hay tal verdad en la familia de Mason y en los vínculos que va haciendo, que reconoceremos con facilidad ciertas facetas propias, poniéndonos en el lugar del protagonista o alguno de los otros personajes igual de desarrollados. Es ahí cuando el título, que se relaciona con Mason, falla en alguna forma. Su hermana, su padre, y particularmente su madre, cargan con la misma realidad narrativa. Todos lucen su vejez, y junto a ella va el crecimiento personal, el cual no solo se aferra al protagonista.

Es imposible olvidar el compromiso de todos los involucrados. Sea detrás o delante de la cámara, no es sencillo prestar un fragmento de cada año para acabar un proyecto de más de una década. Cada intérprete ha estado en esto por 12 años, pero no solo su edad ha cambiado, sino que la experiencia de cada actor es obvia. Señalando al protagonista, Ellar Coltrane, que comienza actuando con 6 años y termina con 18, su evolución es clara, y afortunadamente positiva. La elección del pequeño podría haber puesto a la cinta en un aprieto. ¿Sera un buen actor dentro de una década? ¿Podrá mantener el interés cuando su historia tome forma? Todas preguntas validas, que tienen respuestas positivas.

Estoy asombrado con Coltrane, pero mis mayores elogios aún se los queda Patricia Arquette como la madre de Mason. Arquette se pasa el film sufriendo las partes más dramáticas y duras de la historia, lidiando con sus malas decisiones y con la carga de ser una madre soltera. Los años pesan en su vida, y su última escena es una de las más memorables, sirviendo como consecuencia de los dramas que ha vivido. La otra cara de la moneda a nivel de paternidad es Ethan Hawke, quien realiza unas cuantas apariciones en la vida de Mason y su hermana. Hawke, interpreta a un padre sin la custodia de sus hijos e interesado en una vida bohemia. Esa actitud le sienta perfectamente al actor, que siempre se ha mostrado comprometido con Linklater, y que ahora termina de establecer dicha confianza.

El término “coming of age” debería serle familiar a unos cuantos, siendo aquel relacionado con relatos de jóvenes (y no tan jóvenes) encontrando su camino. Retratan un episodio de maduración, y Boyhood probablemente defina este término, siendo el cine más absoluto acerca de crecer, de forma literal y figurativa. El efecto que tiene no solo es de melancolía, provocada por una visita al pasado. El film es esperanzador en como mira a la vida. Como cada día y cada instante, son en verdad invaluables.

Quien escribe todo esto, se ve influenciado por la generación que le ha tocado y su edad actual, la cual es perfecta para experimentar el film. Pero un evento cinematográfico como este, un desafío a todo lo que el cine es capaz de hacer, no pretende estar apuntado a un solo público. Hago referencia a un producto sin precedente, que solo puede comparar su narrativa con una existencia de verdad. Boyhood podrá enseñarnos la adolescencia y el crecimiento del ficticio Mason, pero en realidad describe mi vida, la tuya y la de todos. Puede presumir en paz de ser única, gracias a un enfoque excepcional. Sin embargo, yo estaré reflexionando acerca de lo que ha decidido relatar y no su método. Richard Linklater ha puesto en pantalla el momento fundamental de la condición humana.

10/10

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