CRÍTICA | LUCY (2014)

Déjenme decir algo de Lucy, el nuevo delirio de ciencia ficción escrito y dirigido por el francés Luc Besson. Es completamente hueco y tonto de principio a fin, anclado en un mar de ideas con potencial, que simplemente se desvanecen a luz de un primer disparo. Sin embargo, admitiré que no es sencillo notar que tipo de tontería estamos presenciando, debido a que Besson no llego hasta acá para hacernos pensar, él simplemente se limita a convertir sus ideas en rieles para una reluciente montaña rusa.

Con eso en mente, este vertiginoso trayecto tiene como único destino aquel repleto de incoherencia. Afortunadamente, no es el destino el que importa, es el valor que tiene para emprender el viaje, pisar el acelerador y no parar hasta estrellarse. Es así que lo notamos: Lucy sabe cómo estrellarse con estilo.

Abriéndose con todo tipo de imágenes metafóricas y simbólicas, la valentía del film hace presencia desde los primeros minutos. En ellos, hay tiempo suficiente para, lucir imágenes de gacelas, chitas y monos, y también introducir a Lucy (Scarlett Johansson), una joven metida en un aprieto tras ser engañada por un colega. Esto acaba por dejar a la protagonista en una habitación de hotel con un maletín repleto con drogas de diseño, y unos cuantos mafiosos listos para transportar dicha mercancía. Con esos elementos, no es ninguna sorpresa que Lucy continúe experimentando sus peores pesadillas, al convertirse en una mula que transportara extrañas sustancias dentro de su cuerpo.

Una vez en la otra punta del mundo, Lucy recibe un efecto sin igual por parte de las drogas en su organismo. Esa reacción, consigue desbloquear su capacidad cerebral, permitiéndole desarrollar talentos sobrehumanos. El hombre solo tiene acceso a un 10% de su cerebro. Lucy, puede acceder al 100%, pero, ¿Qué ocurría cuando acceda a él?

En un año que ya nos ofreció Transcendence, Lucy podría resultar la otra cara de esa moneda, al ver a Besson vertiendo persecuciones y disparos sobre algunos conceptos similares. Aunque, esto nunca significa que el film este destinado a los espectadores incapaces de entrar en el juego de Transcendence. Una vez más, no se trata de quien es más inteligente o tiene más paciencia. Sorprendentemente, Lucy también es una cinta que requiere una disposición madura por parte del espectador, algo que le permita notar, que debe apagar su cerebro y olvidar la lógica. Un paso fundamental antes de ver el film.

El punto fuerte aun es la facilidad que la película le ofrece a su público, una que le permita percatarse de donde se ha metido, sin hueco para pensar dos veces. Sin la posibilidad de plantearse lo que sucedió un par de escenas más atrás, y con menos de 90 minutos en su reloj, Lucy vive en el momento, y eso le garantiza nuestra atención constante.

Tan efectiva como su ritmo, Scarlett Johansson también es clave. Mientras Sin Límites, otra cinta de argumento similar, conto con su propio estilo, el protagonismo de Bradley Cooper le dio a aquel relato su verdadero tiro al blanco. En lo que concierne a Johansson, la actriz se ve en una situación similar, dado que el papel de Lucy requiere una gran cantidad de concentración, ya sea por los requisitos físicos, o el esfuerzo que conlleva perder los comportamientos humanos. La película vuelve a hacer injustificable la falta de heroínas en nuestro cine moderno, dado que la actriz se ve tanto cómoda como convincente en el rol.

Si bien sus ideas nunca quedan exactamente claras en pantalla (probablemente tampoco en papel), hay algo de coraje en el estudio que aprobó Lucy en un principio. No cabe duda de que distintas decisiones en la cinta van de cuestionables a incoherentes, pero la mayor va detrás del clímax que la cinta se dispone a crear. Si, tendrá una excelente persecución de autos, un explosivo tiroteo, y a Morgan Freeman soltando todo tipo de explicación, pero el final de este corto relato siguen siendo algo para asombrarse, apreciando que ni Besson ni el estudio, se echan atrás en cuanto a sus intenciones. Tal y como lo dije, el director francés tiene un par de ideas descabelladas desparramadas por el film, y mientras acelera a través de ellas, lo que le espera al final es bastante acorde con el resto.

La esencia de su conclusión trata de ser todo, menos convencional, por lo que resulta admirable. Si se pretende lanzarnos en medio de un sinfín de incoherencias a la mayor velocidad posible, no veo porque no guardar la mejor rareza para sus minutos finales. Digamos que Lucy cumple con esa forma de pensar, dejándonos abandonar la sala con una inyección de adrenalina y un gigantesco signo de pregunta sobre nuestras frentes.

6/10

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