CRÍTICA | UN VIAJE DE DIEZ METROS (2014)

un-viaje-de-diez-metros-critica

Lasse Hallstrom (Chocolate) y Steven Knight (Promesas del Este, Locke) lo intentaron. De alguna manera, con 120 minutos a su disposición, probaron darle algo de dramatismo a Un Viaje de Diez Metros, un relato que solo requiere ser carismático y sonriente. Afortunadamente, dicho intento es abandonado con facilidad. Admitiendo lo que es, y lo que cualquier espectador esperaría que fuera, el film abraza su inofensiva naturaleza y el argumento funciona a la perfección.

Explotada en todas sus promociones, una precisa secuencia de The Hundred-Foot Journey, plantea el cambiar una receta con 200 años de edad. La respuesta a dicha cuestión es bastante simple: 200 años es más que suficiente. Claramente, dichas alteraciones no se refieren a intercambiar los ingredientes, solo se trata de adornar, y quizá innovar, el plato en cuestión. Ese mismo destino le espera a esta película de cocina, amor, y la fusión de esos conceptos.

Yo no pretendo detener su ambición, dado que mi intención siempre es apoyar ese tipo de intento. Siempre preferiría ver un set de personajes tridimensionales, capaces de afectar al espectador con sus fracasos y sus logros. Pero, ¿para que reparar lo que no está roto? Lo cierto es que dada su promesa, y la forma en que empieza a develarse, la receta de esta cinta es aquella con tantos años encima, preparada para hacernos sonreír con el primer bocado. Tenga diferencias o no, aun funciona.

Uniendo choques culinarios con los culturales, la cinta sigue la travesía de la familia Kadam, a medida que dejan su hogar natal en India y se instalan en un pequeño pueblo al sur de Francia. Siendo una familia de cocineros, los Kadam no solo se asientan en el pequeño pueblo, sino que se aferran a un abandonado restaurante hogareño. Frente a ellos, la competencia no es del todo similar a la clase de cocina India que prepararan en su restaurante. A solo algunos metros entonces, Le Saule Pleureur, un establecimiento culinario, dueño de prestigio y de su propia estrella Michelin, no ve desafío alguno.

La riña entre ambos restaurantes comenzara a elevarse, habiendo comensales listos para probar sabores diferentes. Pero en dicha lucha, el aprendizaje y la convivencia se vuelve el factor número uno. Si bien toda la familia Kadam entra en el cuadro, es el cocinero más joven en ella, Hassan (Manish Dayal), quien lidera el relato. Aprendiendo de los rivales, Hassan recibe unas cuantas lecciones culinarias, pero no todo se trata de comida, a media que son las relaciones en el pequeño pueblo las que mandan su nueva vida. Obviamente, el protagonista tiene su propio interés romántico, que casualmente trabaja para el restaurante competidor. Pero lo esencial sigue yaciendo en Hassan y su evolución como chef, siendo un personaje con un arco bastante completo.

Viéndolo crecer, Hassan se vuelve alguien más que admirable, y las lecciones que le ofrece su “enemiga”, por llamarla de alguna forma, son bastante disfrutables de ver. Cuando me refiero a esa “enemiga”, hago referencia a Madame Mallory, interpretada por la siempre soberbia Helen Mirren. Mallory es la encargada del elegante restaurante enfrente del de los Kadam, y como es de esperarse, su actitud resulta hostil. Ese enfrentamiento proporciona los momentos más entretenidos del relato, asistiendo así al pseudo-género en frente de la historia.

Podría describir cada momento, y asegurarme de que cualquiera adivine el siguiente paso, pero en el centro, Un Viaje de Diez Metros sigue siendo lo que es: Cine feel-good, con un toque culinario de por medio. Sabiendo lo que es, la cinta es incapaz de decepcionar, y por más que no te tendrá hambriento a base de imágenes sabrosas (que las tiene), si admira el arte en distintos tipo de cocina, algo que nunca pierde su inspiración.

Si nos referimos a una receta perfecta, la película intenta escapar a sus renglones, si bien siempre encuentra el camino de vuelta. En consecuencia, no existe una razón para llevarle la contra a un producto como este. Agrega la justa cantidad de cultura, sonrisa, y belleza en sus locaciones. Y por más que un trabajo así pertenezca al calor de nuestros hogares, aun se gana una positiva tarde en una sala de cine.

6

Anuncios

Un comentario en “CRÍTICA | UN VIAJE DE DIEZ METROS (2014)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s