CRÍTICA | MR. KAPLAN (2014)

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Catalogada como pico reciente en el estatus del cine uruguayo, Mal Día Para Pescar le abrió las puertas grandes a Alvaro Brechner, dado que su trabajo representó un esperanzador desentono en la filmografía nacional. Sin embargo, el mismo era el primer paso para este cineasta, quien en 2014, no ha abierto puertas, directamente las ha inaugurado. Mr. Kaplan, su segundo largometraje, es la definitiva película uruguaya. Tratándose de un trabajo que escapa a los percances que han tenido nuestros artistas en el pasado.

La narración fluye en el Montevideo de 1997, y como obviamente señala el título, se centra en el Sr. Kaplan (Héctor Noguera). Impulsado por la vejez, a los 75 años, Jacobo Kaplan experimenta un tormento: nota que su presencia en la Tierra no ha sido más que inútil. A su avanzada edad comienza la búsqueda de una gran hazaña. Este es el único pensamiento que distrae a su espabilada cabeza de querer morir pronto. Así la posibilidad de realizar un acto memorable comienza a crecer.

La sospecha de que un nazi fugitivo reside en una playa no tan lejana despierta la curiosidad del señor Kaplan, convirtiéndose en una idea que se le presenta insistentemente. Habiendo sufrido los horrores de la Segunda Guerra Mundial, como judío nacido en Polonia, su investigación resultará bastante inspirada, siendo tan significativa para él, así como para su cómplice, Wilson Contreras (Néstor Guzzini), un ex policía buscando una redención.

Disfrazada con toques algo deprimentes, el film sufre la tristeza de lidiar con la vejez de su protagonista, desatando esta curiosa aventura, perteneciente a alguien con escasas hazañas para recordar. La mirada sobre la vejez no podría ser más honesta, debiendo enfrentarse a la sensibilidad y tono de Brechner. No se trata de que la comedia no sea efectiva o, simplemente, graciosa, se trata de que ésta no tiene otra opción más que resultar oscura, y la naturaleza del lugar en el que ha sido vertida tiene la culpa de ello.

El que no sea específicamente una comedia despierta mi interés en Brechner como cineasta, impulsando un tono personal, ya visto en su opera prima. Uno acaba por reírse, pero la incomodidad para el espectador está en saber cuándo es el momento indicado. El guión proporcionado, por tan pintoresco que resulte, habla completamente en serio, dado que al mismo Jacobo Kaplan no le queda tiempo para bromear.
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Sentado en el lado más dramático de este relato, entiendo que es el más satisfactorio al terminar con el mismo. La dirección de su drama no es víctima de clásicos conflictos mencionados una y otra vez alrededor de las producciones uruguayas. Lo deprimente, lo intrascendente, la razón, la vida, tienen respuesta en este caso, al tratarse de una cinta visualmente cuidada y reluciente, así como atenta a su siguiente paso. La historia del envejecido Kaplan es de detalles. Más allá de su “cacería nazi”, su aspecto más angustiante no es provocado por el lugar físico o la sensibilidad con la que se lo afronta. Es solo una narración que debe tomar esta escala, y lo hace con un final que incluso ante mi visión cínica, es feliz.

Tan culpable como Brechner, Héctor Noguera remata el acierto como Kaplan, controlando cada una de sus palabras, tan frustradas como temerarias. Esas actitudes son consecuencia de la edad del personaje, y el mismo nunca pierde el pasado que lo dejo así, llevándolo consigo en su postura. Sus líneas funcionaran, pero creer que sus notables lentes hablan cada vez que sus labios están cerrados, eso merece más elogios. Además de Noguera, dándole un genuino honesto a la cinta, el ya consagrado actor uruguayo, Néstor Guzzini (3, Gigante), camina con lo que Kaplan no tiene. Señalado a la ligera como un secundario cómico, Guzzini es dueño de cierta comedia, pero su sensibilidad es esencial para la película, viendo mejor su cara a medida que ambos protagonistas pasan más tiempo juntos. Quizá diga Mr. Kaplan en el título, pero está claro que esta historia le pertenece a las dos personalidades en el medio.

Manteniéndose viva durante 95 minutos, aún existen momentos que no resultan descartables, pero si se interponen con el ritmo buscado. En respuesta a ellos, la cinta aun baraja otro montón de secuencias magistrales, entre las que debo resaltar un viaje en ómnibus y una particular visita a un bar de striptease. Esto armoniza la presentación, que de por si es sobria y regia. La misma está al tanto de que es uruguaya, pero se asegura de no explotar dicho carácter.

Con movimientos no tan predecibles y personajes desarrollados, Mr. Kaplan tiene personalidad internacional, una que no olvida de donde viene y de por qué está caracterizado nuestro cine. Alvaro Brechner demuestra una vez más que es capaz de poner en pantalla su visión y estilo como director, guionista y productor. Por lo cual, solo con esa capacidad, él se gana el derecho de ser el cineasta más interesante trabajando en nuestro país. No hay dudas, es un buen momento para ver cine uruguayo.

7

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